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MEDIACIÓN, MEDIADORES, FORMACIÓN Y DEMÁS...

Autora: Ana Criado Inchauspé. Presidenta de la Asociación madrileña de Mediadores

Hace cosa de un mes, concretamente el 21 de enero de este año, con motivo del día de la mediación, publiqué un artículo bastante pesimista con el título “Los mediadores no existimos” (http://www.lawyerpress.com/news/2013_01/2101_13_001.html).

“Parece ser que ahora todo el mundo ha mediado siempre, y el rol del mediador ha quedado desdibujado, devorado literalmente por la mediación”

En él hacía referencia a la pérdida, por parte de los mediadores, de nuestro espacio en la mediación, habiéndose apropiado de ella otros agentes: abogados, jueces, notarios, etc., que nada tienen que ver con la actividad del mediador. Entiéndanme, no digo que los agentes mencionados no pertenezcan al mundo de la mediación, forman parte y con un protagonismo importante, lo que quería decir es que parece ser que ahora todo el mundo ha mediado siempre, y el rol del mediador ha quedado desdibujado, devorado literalmente por la mediación.

Los abogados defienden que ellos han mediado siempre. Esto no es así. Los abogados han negociado magníficamente, y muchos de ellos intentan primero evitar el litigio hablando con sus clientes primero, con sus compañeros después, para intentar llegar a un acuerdo. Pero eso no es mediar, eso es conciliar, porque el abogado tiene siempre en mente el interés de sus clientes, y hace bien porque para eso le pagan. Los abogados cuando tienen un caso en las manos no son ni neutrales, ni imparciales. Como muchos de ustedes ya sabrán, la neutralidad y la imparcialidad son unos de los grandes axiomas, junto con la voluntariedad y la confidencialidad, de la mediación. Los mediadores somos neutrales e imparciales, los abogados no. Por ello, no han mediado nunca, ha intercedido y/o negociado, pero siempre con una idea en la cabeza: que su cliente salga lo mejor parado.

Los jueces dicen también que median. No median concilian. Alguno de ellos muy bien. Pero nadie está delante de un juez voluntariamente, con lo que otro axioma importante: la voluntariedad, también se ve vulnerado. Que un juez haga propuestas intermedias a las partes, no significa que esté mediando, sino conciliando con el fin de continuar el proceso. Esto está muy bien, pero no están mediando.

¿Y quién es responsable de esta apropiación indebida? los propios mediadores, ya que nunca nos hemos visto como una actividad profesional independiente, sino como una prolongación de nuestra profesión de origen. Poca gente dice soy mediador, la gran mayoría dice que es abogado-mediador, psicólogo-mediador etc… Poca gente se olvida de su formación previa, cuando precisamente la multidisciplinaridad de la mediación es su riqueza. Cuando diluimos y mezclamos en nuestra actividad de mediadores, nuestra historia personal, nuestra formación y nuestra experiencia profesional. Cuando esa pócima está lista, es cuando somos capaces de realizar las mediaciones más bellas. Pero hay que hacer ese trabajo: que el mediador recoja nuestras experiencias y las integre en su actividad. Y no al revés, como la mayoría de los otros profesionales se creen, es decir cómo utilizar las técnicas de mediación en nuestra faceta de abogados, jueces y notarios.

Una vez expuesto este tema, creo que es de fundamental importancia entrar en la formación. Obviamente, no estaríamos aquí si en los cursos en los que nos hemos formado nos hubieran transmitido el orgullo de ejercer como mediadores. La formación es la esencia de nuestra profesión, y por ello debe ser de calidad. No quiero entrar en la batalla del número de horas necesarias para que un curso sea bueno. Obviamente no creo que con un curso de 50 horas se pueda ser mediador, y tampoco creo que haya que realizar un curso de 350 horas para ser mejor mediador.

La aproximación a la mediación en mi país ha cambiado y como tal creo que la formación debe adaptarse. El debate sobre el número de horas es lógico, hasta ahora los únicos que se han lucrado con la mediación, insito en mi país, han sido los centros de formación. Obviamente no se puede cobrar lo mismo por un curso de 200 horas que por otro de 50. Por ello están surgiendo multitud de ellos bajo la forma de presencial y semi-presencial, con un número de horas no-presenciales elevado, y otras presenciales casi inexistentes, o sin prácticas, o con un número de alumnos tal que hace imposible organizar las prácticas en condiciones. Lo que me parece importante es que se reserve un número de horas para la formación presencial: técnicas, supervisión de casos, simulaciones, etc , y realizarla en grupos reducidos. Asimismo es fundamental que los cursos sean impartidos por “mediadores en activo” y por profesionales relacionados con el mundo de la mediación, y no por catedráticos y profesores universitarios que nada saben de la mediación en la práctica.

Si bien la visión de estos profesionales puede resultar interesante, no será instructiva, ya que la mediación hay que vivirla, palparla y sobre todo amarla... Por lo tanto respecto a la formación soy más partidaria de hablar de calidad que de cantidad, si bien entiendo en que hay unos mínimos que hay que respetar.

Obviamente a mediar se aprende mediando, y esa serán la responsabilidad de las Instituciones de mediación, en virtud de la Ley 5/2012, de 6 de julio, de mediación en asuntos civiles y mercantiles (http://ammediadores.es/wp-content/uploads/2012/05/Ley-5-2002-de-6-de-julio-de-mediacion-en-asuntos-civiles-y-mercantiles.pdf). Las instituciones de mediación van a tener que potenciar la práctica de los mediadores y su formación continua, y aquí es donde creo sinceramente que está la piedra angular de la calidad. No se trata de tener instituciones con mayor o menor número de mediadores. Se trata de tener mediadores debidamente cualificados. Y eso sólo se va a conseguir con un trabajo responsable y continuado de dichas instituciones. Las instituciones asumen una gran responsabilidad con esta ley, responsabilidad que les traslada directamente el ministerio de justicia al no tener medios, y quizás ganas, de controlar la calidad de la mediación, pero es suya y tendrán que ejercitarla.

Ante este panorama de profesionales que se creen mediadores que no lo son, de formaciones abusivas o muy deficientes, y de instituciones que están iniciando su andadura en este mundo de la mediación, he de confesar que a pesar de mi aparente pesimismo, que es cierto, aún queda un rayo de esperanza. Los días 14 y 15 de febrero la Asociación Madrileña de Mediadores organizó un taller de mediación “NUEVOS RETOS DE LA MEDIACIÓN FAMILIAR” con: Aldo Morrone y Dominic d’Abate, Ph. D. Los dos días la sala con una capacidad de 180 personas se ha llenado. Créanme si les digo que ver la sala llena de mediadores, abogados, simpatizantes de la mediación y otros espontáneos llegados de todos los puntos de España, me llenó de satisfacción y orgullo. No todo está perdido. Hay gente que quiere aprender bien, seguir formándose con calidad. Hay medidores que no han tirado la toalla y quieren compartir otras experiencias. Hay abogados que están empezando a entender la mediación. Lo único que hay que hacer es propiciarlo, y eso nos corresponde sólo a nosotros: a los mediadores.