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CIAR. CENTRO IBEROAMERICANO DE ARBITRAJE. UNA REALIDAD DE ÉXITO QUE NACE DESDE LA GENEROSIDAD...

Autor: Javier Iscar de Hoyos, fundador y secretario general de la Asociación Europea de Arbitraje

Si nos preguntasen sobre la conveniencia de contar en un futuro próximo con un nuevo centro de arbitraje internacional, muy posiblemente la mayoría de nosotros daría una respuesta negativa, en la creencia de que hay una excesiva proliferación de cortes internacionales y que, por tanto, la creación o constitución de nuevas instituciones sólo puede provocar el efecto contrario al esperado, esto es, el hastío y la desazón.

“El arbitraje debe huir de las endogamias, de los protagonismos y de los personalismos, ingredientes que contaminan el cóctel del éxito del arbitraje”

Y creo que esa fue la primera reflexión que, sin conocer a fondo el proyecto, hice cuando me comentaron hace ya dos años el proyecto de constituir el Centro Iberoamericano de Arbitraje, si bien el nombre y el marcado carácter iberoamericano me hizo, enseguida, tener la opinión contraria y no sólo apoyar sino también aplaudir lo que, a todas luces, se convertirá en el Centro de Arbitraje de referencia para las empresas, abogados y profesionales de los países iberoamericanos, esto es, América Central, América de Sur, España y Portugal.

Por fin, será este año 2014 o, a lo sumo, a primero de 2015 cuando salga a la luz y se presente CIAR, Centro Iberoamericano de Arbitraje, una realidad, como digo en el título de este artículo, que será de éxito porque nace desde la generosidad de la abogacía y de la empresa iberoamericana, elemento sin el cual sería imposible predecir con tanta naturalidad un futuro cierto para el devenir del arbitraje en Iberoamérica.

La generosidad está marcada por el propio carácter iberoamericano del Centro. No será un centro español para respaldar las inversiones españolas en américa. Ni será un centro brasileño, ni mexicano, ni argentino, ni chileno, ni costarricense, ni peruano, ni de las decenas de Estados iberoamericanos que conforman esta unidad cultural iberoamericana a la que pertenecemos y de la que nos enorgullecemos o deberíamos enorgullecernos todos.

El arbitraje debe huir de las endogamias, de los protagonismos y de los personalismos, ingredientes que contaminan el cóctel del éxito del arbitraje, herramienta  que existe desde siempre y que nace, incluso, antes de la propia jurisdicción estatal, y así seguirá extendiéndose y convirtiéndose en un elemento natural en las relaciones comerciales internacionales.

En todo proyecto de éxito suele haber un Project leader, un impulsor que pone la energía y el aliento necesario para que todos acabemos remando en la misma dirección. En el nacimiento de CIAR, acrónimo que será una realidad natural para empresas y abogados iberoamericanos en los próximos meses, ha sido encomiable la labor, entusiasmo y tesón mostrados por dos instituciones. 

Por un lado, la UIBA, Unión Iberoamericana de Colegios y Agrupaciones de Abogados que lleva décadas siendo iberoamericana y en la que se encuentran y se apoyan los colegios y agrupaciones de abogados de Iberoamérica, lo que ha llevado a toda la abogacía iberoamericana, sin excepción a sentir como propio este proyecto de todos en la convicción de que el arbitraje abre enormes puertas e inimaginables oportunidades para los abogados iberoamericanos.

UIBA que, desde su nacimiento tiene su sede en el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid pero que desde esa sede española ha sabido transmitir, con el apoyo sin fisuras del propio colegio, su carácter meramente iberoamericano.

Por otro, la SEGIB, Secretaría General Iberoamericana, que merecería capítulo aparte porque ha sabido conjugar todos los factores que han hecho posible llegar al lugar en el que nos encontramos hoy. Primero, porque ha sabido entender que estamos ante un proyecto de la sociedad civil que, evidentemente, necesita el apoyo de las administraciones públicas. Tan es así que en XXII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno celebrada los días 16 y 17 de noviembre de 2012 bajo el lema “Una relación renovada en el Bicentenario de la Constitución de Cádiz” cuarenta instituciones del sector privado han suscrito un convenio marco para promover la creación de un Centro Iberoamericano de Arbitraje. Segundo por el esfuerzo inagotable y desinteresado que ha permitido a todos los integrantes aunar esfuerzos y sumarse con tanta ilusión como convencimiento a la constitución del Centro.

Por otro lado, hemos de destacar la amplia presencia y apoyo en el proyecto del mundo de la empresa, a la postre protagonistas de los arbitrajes, puesto que son las empresas las que harán, incluyendo la cláusula CIAR en los contratos, que el Centro funcione. 

Las Cámaras de Comercio  saben lo que ofrecerá CIAR: Calidad de los árbitros, gracias a un centro de garantías, de designación  y de capacitación de árbitros que elimina las dudas sobre la designación del árbitro idóneo. Arbitraje tecnológico, lo que permitirá acceder a todo tipo de relaciones comerciales ofreciendo rapidez y economía. Seguridad jurídica a todas las empresas iberoamericanas que inviertan en otro país iberoamericano, elemento imprescindible para cualquier inversión, tanto en arbitraje comercial como en arbitraje de inversiones.

CIAR pretende seguir adelante. Con la creación de CIAR, se impulsarán los mecanismos de coordinación entre los países iberoamericanos en materia de arbitraje que, más allá de sentar las bases para la conformación de una cultura arbitral común, permitirá compartir experiencias, propiciar la unificación de las reglas y legislaciones existentes y promoverá cambios en los tratados internacionales de los que son partes, así como adoptará posiciones y estrategias comunes en la celebración de nuevos acuerdos con terceros.

A través de esta iniciativa se abren las puertas a juristas iberoamericanos en el ámbito del arbitraje comercial, en general. Su escasa presencia en él hasta el momento se ha debido a las reducidas posibilidades de acceder tanto a la función de árbitros como a la de abogados de parte, generándose ahora un nuevo y extenso ámbito de profesionalidad.

Ahora toca la difícil tarea de difusión. Las empresas y abogados deben conocer la existencia de CIAR. Me inclino a decir que más empresas se atreverán a invertir en otro país iberoamericano bajo la seguridad jurídica y garantías que ofrece CIAR.