Facebook Twitter LinkedIn Google Plus

CLAVES EMOCIONALES ¿QUÉ ME APORTAN EN MI EJERCICIO PROFESIONAL?...

Autor: Isabel Aranda

Hace años que se ha comprobado que la inteligencia cognitiva no es la clave del éxito de un profesional. Por muy “inteligente” que sea en el manejo de la información, necesita saber relacionar consigo mismo y con los demás en clave de éxito, si es eso lo que quiere conseguir, claro, y a esto se llama “inteligencia emocional”. Por lo tanto el éxito radica más en el manejo de las relaciones con uno mismo y con los demás que en sólo el manejo más o menos competente de la información.

“Desde una nueva emoción de aceptación es capaz de realizar nuevas acciones proactivas que le resultaban totalmente impensables desde el miedo”

La inteligencia emocional consiste en la capacidad humana de conocer las propias emociones, gestionarlas, conocerlas en uno mismo motivarse a sí mismo y reconocerlas a la vez en los demás y establecer relaciones positivas con otras personas. Una persona con una inteligencia emocional evolucionada se ocupa de percibir con precisión, valorar y expresar sus emociones de acuerdo a lo que considera apropiado y útil para sus objetivos en cada momento. Al hacerlo, no sólo expresa su forma de entender la situación, sino que es capaz de generarse pensamientos adecuados para sus logros y como consecuencia de ello realizar acciones de éxito.

“Estamos acostumbrados a valorar como único y suficiente nuestro conocimiento profesional, nuestro saber técnico y pocas veces reflexionamos sobre nuestro conocimiento de nuestra propia capacidad personal para afrontar los retos que la profesión nos plantea”

Estamos acostumbrados a valorar como único y suficiente nuestro conocimiento profesional, nuestro saber técnico y pocas veces reflexionamos sobre nuestro conocimiento de nuestra propia capacidad personal para afrontar los retos que la profesión nos plantea. Según las investigaciones de los psicólogos, la inteligencia emocional es precisamente lo que marca la diferencia entre un profesional de éxito mantenido y uno de éxito esporádico.

“Conocerse”, una máxima ya dicha desde los tiempos de la antigua Grecia. Es el primer paso ineludible. Conocerse e identificar las propias emociones ante los retos profesionales nos puede hacer más competentes tanto en la cantidad como en la calidad de nuestro trabajo.

Preguntas clave ¿Qué estoy sintiendo ante este cliente, ante este caso, ante mis colaboradores, mis socios? En definitiva, ¿desde dónde abordo mis retos cotidianos? ¿Qué emoción me genera? ¿Cómo me siento ante esto?

Es una tarea permanente en nuestra vida, pero sin duda hay momentos más críticos o más significativos en los que resulta de especial importancia. Es en estos momentos donde recurrir a un profesional de desarrollo personal, como puede ser un coach, puede marcar la diferencia.

Veamos un ejemplo: Javier, abogado de empresa, especialista en contratos internacionales. Recurre a un coach por la recomendación de un colega. Unas cláusulas de un contrato le están quitando el sueño. Pueden tener graves consecuencias para la empresa si se atiende sólo a la redacción de un determinado párrafo. Él define la situación como de alto stress. Tiene dificultades para concentrarse, con pensamientos recurrentes en bucle, pensando una y otra vez que “se ha equivocado”, que “no ha estado lo suficientemente atento”, que “se le ha escapado”. No ve más que el peligro de que ese párrafo ocasione graves perjuicios a la empresa, e incluso a sí mismo. Ve peligrar su posición en la empresa e incluso su trayectoria profesional porque considera que ese error va a marcar el porvenir de su carrera.

“Un enorme paso diferencial en nuestro ejercicio profesional es sacar el máximo potencial de nuestra capacidad personal”

Si el trabajo del coach se limita al hacer, a qué puede hacer diferente en esta situación, es posible que poco o nada cambie. Porque hacer diferente ante el problema es, en realidad, lo que no puede hacer. Es el momento de trabajar “la persona que es” ante el problema.

Como buen abogado Javier utiliza un filtro negativo para realizar su trabajo. Se fija en lo que falta, en lo que está mal, en las posibles consecuencias, anticipa peligros. Es el filtro de negativismo que tan buenos resultados da en la abogacía, precisamente porque desde esa mirada es más fácil prevenir las consecuencias de esos peligros.

Pero este negativismo es sólo un filtro para mirar la información. ¿Qué le está pasando a Javier para que le afecte tanto el dichoso párrafo? El proceso de coaching se inicia desde la demanda de Javier. “Quiero quitarme este stress”. Esta es precisamente la forma de abordar un proceso de coaching, desde la demanda del cliente y no desde la suposición del coach de lo que tendría que trabajar.

Analizando ese stress, Javier recorre su forma de mirar el problema. Sí, desde el negativismo, viendo las consecuencias tan desastrosas que podría tener “su mal hacer profesional” al redactar ese párrafo. Pero una cosa es la mirada negativista y otra la fuente de su stress. Tras algunas preguntas claves, Javier identifica claramente lo que en realidad siente: un miedo paralizante que no le deja ni vivir.

El miedo es una forma de sentir la ansiedad que se produce cuando interpretamos las situaciones como amenazantes (tanto física como psicológicamente) y ante las que desconocemos qué hacer para solucionarlas.

Javier ve la amenaza física: grandes pérdidas para la empresa, perder su trabajo y también la amenaza psicológica: la pérdida de la valoración de sí mismo y de su reputación profesional. Y las ve con miedo. Ante ellas está paralizado, no se siente capaz de hacer nada y no sabe cómo actuar. 

Junto con su coach, toma consciencia de ese miedo. Al analizar cómo abordarlo y cómo gestionarlo, Javier empieza a ver nuevas posibilidades para interpretar los hechos. En realidad no había ningún dato objetivo que hiciera pensar en esas terribles consecuencias. Sólo su miedo le hacía verlas como reales.

Trabajar su emoción le lleva a tomar distancia. Comienza a relajarse, ya le ha puesto nombre, ya puede mirarla a la cara, entiende qué información le está aportando esta emoción y qué le permite hacer. Ya no le puede el miedo.

Desde una nueva emoción, desde la tranquilidad, Javier analiza de nuevo la situación. Elije deliberadamente una mirada positiva sobre la situación. Comienza a evaluar diferentes escenarios y posibilidades de acción con la soltura y profesionalidad que han hecho de él un gran abogado. Reconoce ahora que ha exagerado todo el problema en su cabeza. Ahora se siente capaz de preparar una argumentación adecuada por si acaso el famoso párrafo llega a causar problemas y anticipar medidas para paliar sus consecuencias. Desde una nueva emoción de aceptación es capaz de realizar nuevas acciones proactivas que le resultaban totalmente impensables desde el miedo.

Cuando Javier analiza la emoción que está en la base de su comportamiento adquiere un dominio nuevo sobre sí mismo, toma consciencia y perspectiva, comprende lo que le afecta y cómo gestionarlo. Además, el trabajo realizado con su coach no sólo le permite gestionar esta situación sino que ha aprendido cómo hacerlo en nuevas situaciones, su inteligencia emocional ha evolucionado y está preparado para afrontar con éxito nuevos retos de mayor alcance y complejidad.

“Un enorme paso diferencial en nuestro ejercicio profesional es sacar el máximo potencial de nuestra capacidad personal. Para un abogado que afronta situaciones de alto estrés y competitividad, conocer dónde se pone sus limitaciones personales es un valioso recurso con el que merece la pena contar, puede marcar la diferencia entre perder o ganar” .

 

 

EMOCIONES CAPACITANTES

Su gestión en el desarrollo de personas: coaching, liderazgo y educación

Autora: Isabel  Aranda                                                             Prólogo: Ovidio Peñalver

Es fruto de una exhaustiva revisión bibliográfica, del trabajo con focus group y una dilatada experiencia en el ejercicio del desarrollo de personas. Cada emoción es abordada de forma multidimensional, contemplando a la persona como un sistema en sí misma, y teniendo como foco principal a qué responde la emoción, y las posibilidades de acción que genera. Con ello se clarifi ca el papel de las emociones y se consigue un marco operativo sencillo para entenderlas y gestionarlas, que es especialmente útil en el coaching.
El modelo de Emociones capacitantes constituye una guía esencial no sólo para comprender y gestionar las emociones de forma funcional, sino para aprender a generar emociones adecuadas a los objetivos que nos planteamos.