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COACHING JURÍDICO: LA PREPARACIÓN DE TESTIGOS (II)...

Autores: Javier Lillo, autor de “El Cuerpo Habla: interpretación de gestos y posturas” (Edit. Crealite 2.012) y de “Los 360º de la comunicación” (Edit. Rasche 2.014) y Juan José de Lanuza, Psicólogo Forense, autor de “Interrogatorio: Tecnología de la comunicación en el ámbito jurídico” (Edit. Difusión Jurídica).

En artículos anteriores hemos introducido algunas claves acerca de la preparación de testigos, las ideas más importantes que podían destacarse referían acerca de la inexperiencia de la mayoría de los actores y la fuerza del condicionamiento que para éstos implica enfrentarse a toda la parafernalia judicial la cual, además, se encuentra envuelta y concebida dentro de un entorno dedicado a suscitar miedo, idea tan antigua como el origen de la propia Justicia que hizo del respeto al miedo su carta de presentación. 

Esta idea no puede quedar en mera anécdota, porque el miedo es el principio por el que funciona cualquier sistema de Justicia, más aún, el miedo es el origen y cimiento de religiones y sistemas de gobierno, convivencia y relación. El miedo es el arma más poderosa de manipulación de un ser humano, es una de las cuatro emociones básicas con la que nos encontramos genéticamente programados y,  la primera y única emoción que siente un testigo cuando entra a una sala de Justicia. Se puede disfrazar el miedo en forma de tensión, indignación o incluso de rechazo. Cada persona lo vive y oculta de una manera diferente, pero en el fondo, cualquier exposición a una sala de Justicia va a ser vivida desde ese desconcierto. 

La ira, el miedo, la alegría y la tristeza componen el paquete básico y elemental de emociones  del ser humano. De su mezcla, grado de expresión y procesos de desarrollo cognitivo  resultan el resto de emociones con los que se operan: la venganza, el resentimiento, la melancolía, la envidia ó la satisfacción, por nombrar tan sólo algunas, son emociones secundarias a las básicas, evolutivas en el modo historia. 

La principal dificultad que encontramos al momento de reconocer y distinguir una determinada probabilidad de verdad en un relato a través del comportamiento no verbal, radica en la facilidad con la que las emociones pueden ser manipuladas, si bien, cada emoción admite un grado distinto de manipulación y éste, a su vez, puede variar en cuanto a la capacidad de ser manejado por el entrevistador o el entrevistado. 

El hábil manejo del interrogatorio puede incitar a respuestas coherentes con cualquiera de las emociones básicas y sus derivaciones naturales. El miedo, o cualquier disposición psíquica parecida, limita nuestra consciencia y deja al descubierto cientos de señales inconscientes que van a ser percibidas en sala. El tartamudeo, la excesiva gestualización y la duda fingida, son señales que dejan entrever cierto halo de incongruencia, y por defecto, restan credibilidad al testimonio de nuestro testigo. Volvemos hacer hincapié en la importancia de la información que debemos de prestar a nuestro testigo, siendo mucho más importante la preparación en todos los aspectos externos, que el propio testimonio, el cual, tan sólo debe pretender que, en su construcción, sea ordenado y certero, siempre de acuerdo al interés de la propia causa. Esta es otra máxima, no existe testigo malo o poco importante, cualquiera puede cobrar un papel protagonista, pero es trabajo del abogado saber cómo y de que forma utilizar la información que nos pueda aportar.

Si hablamos de preparación de testigos, entender a la persona y la emoción que subyace en ésta cuando es protagonista involuntario de un interrogatorio judicial resulta del todo fundamental para nuestro trabajo. El carácter emocional de la persona nos hace vulnerables, igual que en otros contextos, la motivación, o mejor dicho, una predisposición emocional positiva, puede facilitarnos el cumplimiento de importantes objetivos o metas, la predisposición negativa, como es el miedo, nos predispone a una situación emocional de  fragilidad y falta de control. Es ahí donde empieza nuestro trabajo, en la recuperación de un control que, en su ausencia,  hace inútil cualquier tipo de preparación que anterior a ese acto del interrogatorio pudiéramos haber sometido a nuestro patrocinado.

El miedo es la emoción que mayor grado de manipulación permite, y esto es conocido por aquellos juristas más expertos, los cuales, ante cualquier síntoma de debilidad, son capaces de “destrozar” a un testigo, llegando al extremo de utilizar la información de éste testigo a favor de su causa. La forma en cómo reaccione nuestro testigo en sala, y el entrenamiento para evitar este tipo de condicionamientos es, exclusivamente, responsabilidad del profesional encargado de salvaguardar el interés de su defendido. A continuación vamos a referir las claves sobres la que debe de girar ese entrenamiento.

Experiencia: La mayoría de nuestros testigos desconocen el funcionamiento real de una vista. Es muy posible que jamás hubieran tenido que pisar un juzgado o Palacio de Justicia, por tanto, desde la misma entrada van a empezar a recibir cientos de señales que influirán negativamente en su estado emocional y en la capacidad de respuesta que puedan tener dentro de la sala. Por ello, es muy importante que empecemos a familiarizar a nuestros testigos con el entorno judicial. 

En ocasiones bastará con que los días previos a la vista les acompañemos en una especie de “tour” por el juzgado, pero esto no siempre es posible. Otro modo de trabajar este punto es el de hacerles una “radiografía” lo  mas precisa que se pueda sobre qué se van a encontrar y cómo son las dependencias judiciales. Por ejemplo, “El palacio de Justicia se encuentra en la zona del Grau, ya se que ustedes lo conocen pero les explico, si van en coche particular van a encontrar dificultades para aparcar, de todas formas hay un parking público a 200 metros o pueden ir en transporte público, los autobuses que paran allí son el tres y el sieste. Cuando lleguen verán que el edificio se encuentra en una plaza, ustedes tienen que entrar por la puerta de la derecha, que es la de acceso a ciudadanos, una vez dentro tienen que pasar por un arco de seguridad y les pedirán que se identifiquen, no olviden llevar el DNI o el pasaporte, de lo contrario no les dejarán entrar. Pasado el arco de seguridad, se dirigen a los ascensores que se encuentran a la derecha del mostrador y suben hasta la segunda planta. La sala de vistas es la número 5 que se encuentra hacia la mitad del pasillo a la izquierda del ascensor”.

 Estas indicaciones tan sencillas evitan una importante sobrecarga de tensión. De la misma forma, hay que advertirles acerca de la posibilidad de que en los pasillos se encuentren con los protagonistas de “la otra parte”, situación que, por otro lado, resulta enormemente incómoda, y que en aquellos casos que sea posible, el abogado tendrá que tener la habilidad de evitar, habiendo previsto un lugar de encuentro distinto de la misma sala o haciendo de pantalla entre unos y otros. 

Dado que esta situación es muy posible que se de en la mayoría de las ocasiones, es conveniente que antes de la llegada de sus clientes, el abogado se encuentre en la sala de espera o pasillo del juzgado, de esta forma, se mitigará la tensión del encuentro. Igualmente es importante advertir acerca de las largas esperas (prever que nuestros testigos vayan provistos de agua o incluso chocolatinas que favorecen ese plus de energía y buen humor que vamos a necesitar) y el protocolo que normalmente se da en el orden de los testigos.

Dentro de la sala: Si es importante el momento de llegar al juzgado, la entrada a la sala y todo lo que acontece una vez que se cruza la tan temida puerta lo es aún más. Muchas veces olvidamos que para nuestros clientes ese es el momento de mayor tensión. Cuando entran a sala no saben donde se tienen que situar, a quién se tienen que dirigir o el papel de cada una de las figuras que allí dentro se encuentran. Hay situaciones en las que equivocan al Magistrado con el secretario judicial, o, más común, que el alegato final del Ministerio Fiscal sea interpretado como una sentencia.  Nuestro cliente tiene que entrar a la sala siendo capaz de anticipar cualquier posibilidad. Todo la información previa con la que cuente sumará en el haber de un estado de tranquilidad y serenidad previo al momento de la declaración, y que a la postre, resulta el más importante.

El contenido de la declaración: No son pocas las ocasiones en las que el letrado en su empeño de una actuación perfecta casi obliga a sus clientes a memorizar un guión. Esto, en la mayoría de las ocasiones, es fruto de la propia inseguridad del abogado, el cual, ante las muestras de duda de sus clientes, les limita en su capacidad de actuación por el miedo a que los propios argumentos puedan ser cuestionados.

 El testigo más eficaz es aquel que sabe lo que tiene que responder de acuerdo a que entiende cual es su papel y el motivo de su presencia en una sala de Justicia. Trabajar con un guión cerrado es, seguramente, uno de los mayores errores que se pueden cometer, Resta credibilidad a nuestro testigo y, además, es seguro que va a cometer decenas de errores en su declaración, aparte de un aumento de tensión y miedo debido a esos errores y a la falta de capacidad de improvisación ante las preguntas de la parte contraria o del propio Juez y Fiscal. 

Cada uno de nuestros testigos tiene que conocer su propia “película”, y ante su señoría dejarles que la narren de la forma más natural posible. Es decir, en la preparación de las declaraciones, a cada testigo se le informará de su cometido, sin guiones cerrados y con las mínimas limitaciones posibles, tan sólo podemos hacer hincapié en determinadas palabras “tabú” o prohibidas, y a partir de ahí darle toda la libertad para que su actuación sea lo más natural posible. De esa forma, no solo nos aseguraremos de que va a tener una suficiente capacidad de improvisación ante las preguntas “no controladas”, sino que además, evitaremos la posibilidad de generar mayor tensión ante los seguros errores que cometerá y, en su declaración, el nivel de credibilidad que alcanzará será muy alto.

Las tres claves que aquí hemos apuntado no destacan por necesitar un entrenamiento muy intenso ni tampoco son excesivamente difíciles de aplicar. Refieren acerca de variables informativas que el abogado debe de tener en cuenta y aplicar en su método de trabajo con el cliente. 

Si al principio del artículo escribíamos acerca del miedo y la forma en que esta emoción condiciona el comportamiento de la persona, con el cuidado de estos pasos tan sencillos es seguro que el nivel de tensión de nuestro cliente se rebaja en más de un 70%, y por tanto, su capacidad de actuación en sala habrá conseguido el objetivo de maximizar la credibilidad de su testimonio. Si además, preparamos a nuestro cliente en técnicas de oratoria y comunicación, herramientas que si que exigen una mayor dedicación, haremos de éstos auténticos profesionales de la declaración.

Son muchas las ocasiones en las que un impecable trabajo de despacho por parte del abogado se queda en nada por un deficiente actuación en sala de los testigos. Merece la pena dedicar una horas a la preparación de los mismos entrenándoles en el control de ese montón de variables ajenas a la propia declaración pero que influyen de forma trascendental en el éxito de nuestro trabajo.