Facebook Twitter LinkedIn Google Plus

COACHING JURÍDICO: PARALINGÜÍSTICA (I)...

Autores: Javier Lillo, autor de “El Cuerpo Habla: interpretación de gestos y posturas” (Edit. Crealite 2.012) y de “Los 360º de la comunicación” (Edit. Rasche 2.014) y Juan José de Lanuza, Psicólogo Forense, autor de “Interrogatorio: Tecnología de la comunicación en el ámbito jurídico” (Edit. Difusión Jurídica)

Sabemos que el Coaching Jurídico está dirigido a la mejora de las capacidades comunicativas del profesional, pero ¿qué es la paralingüística? Este palabro, de complicada pronunciación y difícil escritura, se refiere a toda la información sonora que acompaña al comunicado verbal.

“Para conseguir el efecto deseado en el público que analiza el alegato, este debe estar imbuido por la propia convicción de que, lo que se dice, es auténtico”

Decimos que el buen comunicador será el que transmita el mensaje hablado eficazmente a uno o varios receptores, exactamente en los mismos términos en los que desea hacerlo, con la misma intención y obteniendo los resultados que previamente ha analizado y espera conseguir. Todo esto ocurre en milésimas de segundo en las que se recibe, tramita y da salida a una entrada que contiene millones de bits informativos. Aunque, como es lógico, estamos capacitados para, de una manera inconsciente, limitar y seleccionar aquella información relevante de la que no lo es, todo el conjunto sensorial afecta al proceso: una sirena de la policía, el sonido de un frenazo, la risa de un niño, el viento en la cara, el olor que desprende una churrería,… Y más adelante, en otro artículo, veremos como todos estos factores incidirán directamente en la memoria (M.C.P. y M.L.P.) y en la capacidad de recordar hechos y acontecimientos, como testigos de un juicio. Pero sin desviarnos del tema que tratamos en esta ocasión, decimos que esa ingente cantidad de información es tramitada casi sin darnos cuenta, y hoy vamos a prestarle la debida atención a una de sus partes: el contenido sonoro de la información verbal.

El emisor integra en el mensaje parte de su personalidad y de su estado emocional que, a su vez, será interpretado por los receptores a través del canal auditivo y, llegar al emisor con una buena voz, es tanto o más importante que causar una buena impresión visual. Observamos cómo, aquellas voces potentes y cautivadoras, focalizan toda la atención entre un grupo de personas que debaten y se alzan por encima de estas con facilidad pasmosa. Si añadimos el componente de la correcta dicción y elocución junto a una buena oratoria, las sensaciones positivas se disparan. 

“Estamos capacitados para, de una manera inconsciente, limitar y seleccionar aquella información relevante de la que no lo es, todo el conjunto sensorial afecta al proceso”

Antes de profundizar en las técnicas y tácticas paralingüísticas, podemos enumerar cuatro factores a tener en cuenta dentro de la sala (Interrogatorio: Tecnología de la comunicación en el ámbito jurídico, Edit. Difusión Jurídica).

1º- La voz es representante de la personalidad.  De igual manera que se puede inferir que una persona está constipada por su tono de voz nasal o ronco, se pueden interpretar atributos tales como la seguridad, la modalidad en la que opera la forma de tramitar la información (veremos más adelante cómo hay personas que son visuales, auditivas o quinestésicas), la honestidad, la agresividad, la ironía, etc.  Cuando no existe otro tipo de información con la que cotejar datos (como pudiera ocurrir con las transmisiones radiofónicas o con las personas ciegas), la voz cautiva el 100 por 100 de todo el acto comunicacional.

2º- Se puede modificar el habla. A pesar de que existen timbres de voz personales, influye el añadido de los diversos factores que dan carácter y aportan significado adicional al mensaje inicialmente neutro. 

Nos gusta poner en práctica aquello que defendemos y la mejor forma de entender este punto es con un ejemplo que le sugerimos a continuación, muy útil para darse cuenta de la importancia de los componentes paralingüísticos. Más aún, si le fuera posible recogerlo en una grabadora de audio y comprobar los resultados posteriormente, optimizará los resultados. Esto que parece banal, no lo es tanto si atendemos a que cuando nos vemos y/o escuchamos a través de grabadoras o videos, nos criticamos duramente y sin compasión, pero ahora tenemos que buscar ese punto de crítica constructiva que se requiere en el entrenamiento jurídico; un ejercicio dentro del ejercicio. Tenemos que ser capaces de desechar la autocrítica destructiva y quedarnos con la que nos permitirá mejorar. Tómese y dedique unos minutos en el siguiente ejercicio: 

Diga en voz alta esta frase: 

Mi defendido no estuvo ese día en el citado bar.

Repítala con tono grave. Suba y baje el tono, el volumen. Añada convencimiento. Alargue la sílabas y añada pequeñas pausas. Acelere y decelere el ritmo. Repita varias veces la frase modificando estos parámetros y, cuando la escuche, comprobará la variedad de registros y atributos que puede añadir a una simple frase.

Generalmente, una voz pausada, entrecortada, fina y temblorosa, transmite incertidumbre, inseguridad y desconocimiento sobre el tema del que se habla. Las voces firmes, contundentes y de velocidad ágil, transmiten seguridad y preparación sobre la materia de la que se trata. Las interrupciones tipo “em, ejem, ah, eh…” añaden vacilación, fluctuación, duda. Las sensaciones que se transmiten son precisamente esas. El auto convencimiento, a la hora de verbalizar afirmaciones, es tan importante como lo que se dice. 

En este mismo ejercicio vamos a añadir énfasis (marcado con negrita) en las distintas palabras de la frase. Para ello, al enunciar la frase, acentuamos esa palabra resaltándola sobre el resto (subiremos la intensidad, ligeramente el volumen, bajaremos la velocidad e intensificamos aspectos como la dicción pausada y clara).

Mi defendido no estuvo ese día en el citado bar

Lo que entendemos ahora es que es mi defendido el que no estuvo ese día en el citado bar. Resalto el sujeto de la frase para añadir una significativa ausencia. Puede que ese día estuviera en el bar su mujer, su hermano o su amigo, pero “mi defendido” no es el que estuvo. 

Mi defendido no estuvo ese día en el citado bar

Ahora enfatizo el hecho de que específicamente “ese día” (cualquier otro sí), no estuvo en el bar.   

Mi defendido no estuvo ese día en el citado bar

Pero posiblemente estuviera enfrente del mismo. Se puede apreciar el significado añadido que aporta el énfasis, algo muy a tener en cuenta a la hora de querer remarcar algo específico en un enunciado. 

Ciertamente esta técnica tiene un componente subliminal en el sentido de que bombea al subconsciente un significado distinto o añadido al aséptico de la frase inicial, sin más componentes que la concatenación de palabras. Con este ejemplo que exponemos a continuación se puede apreciar mejor esto último. 

Partimos de una frase aséptica:

El abogado aportó una prueba contundente y veraz que no posibilitó revocación alguna ante la atenta vigilancia de la parte contraria.

En este punto, dotamos a la frase de dos énfasis estratégicos (resaltados en negrita):

El abogado aportó una prueba contundente y veraz que no posibilitó revocación alguna ante la atenta vigilancia de la parte contraria.

Esto se denomina técnica de intercalado. Enfatizamos varias palabras y la sensación que le queda al receptor del mensaje es que el abogado es veraz. El atributo “veraz” subyace como cualidad en el sujeto. Y realmente funciona. Es el momento de recordar la importancia que tienen los tres componentes iniciales en la comunicación hablada: el mensaje verbal aporta un 15% en el total de la comunicación, la información kinésica (o quinésica) el 40% y la información paralingüística el 45% restante. Estos porcentajes pueden verse modificados, y en el caso que nos ocupa realmente así será si, como pretendemos con estas técnicas, nuestra intención es dotar al significado final del mensaje de unos matices específicos. Como reminiscencias, de manera inconsciente y subliminal, las palabras “abogado” y “veraz” quedan ligadas por similitud en el componente 

paralingüístico.

3º- Dentro de la sala, la fuerza, la intensidad y el tono no son análogos al volumen. Es decir, utilizar un tono contundente, limpio y claro es muy distinto a gritar un enunciado. 

Vemos cómo el discurso plano y monótono recitado de memoria o leído, sin pausas y a velocidad visual, puede ser ineficaz desde el punto de vista de que, aspectos importantes del mismo, pudieran pasarse por alto ante una desatención circunstancial del receptor del mensaje.  El buen orador debe cerciorarse de que, al menos, la parte importante de su discurso llegue al receptor que le interesa. Para ello dispone de muy diversas técnicas aplicables a la oratoria.  En el siguiente número trataremos las técnicas específicas a utilizar en paralingüística. Sin embargo, brevemente, mencionamos ahora la modulación como la capacidad de modificar la voz, subiendo y bajando el ritmo, el tono, la intensidad y el volumen. El discurso se vuelve cautivador e hipnótico, capaz de inducir pensamientos, desenfoques y creencias irracionales, miedos, supersticiones, ilusiones, capaz de rememorar aromas, sensaciones diversas, positivas o negativas. Sumando todo, comprobaremos el cambio radical en significados e intenciones que no se limita solo al receptor. 

4º- Precisamente, modificar los aspectos paralingüísticos, no solamente influye en el receptor del mensaje, también lo hace en el emisor. Y es que, como siempre comentamos, toda conducta comunicativa modificada, modifica también el comportamiento y, por tanto, la personalidad del emisor. Somos lo que hacemos, lo que decimos, y lo que decimos, de alguna manera, acabamos creyéndolo. Si fuerzo mi habla hacia una más firme, mi comportamiento también se vuelve más firme. Si titubeo, me vuelvo más inseguro. Pero, algo muy positivo, es que también funciona al revés: si titubeo y fuerzo mi habla a ser más segura, mi comportamiento torna en ese sentido de igual manera. Sirva como ejemplo esta técnica que a continuación incluimos:

Todo el mundo, ante el reto de hablar en público, siente cierta inseguridad y nerviosismo. El abogado también percibe su propio nerviosismo. El miedo, el estrés, las dudas, la ansiedad y un sinfín de sensaciones negativas pueden ir apoderándose poco a poco del comunicador. Y es un cúmulo de sensaciones que funcionan como defensa y que, nuestro propio cerebro, inicia ante la perspectiva de enfrentarse un peligro. El miedo es imposible de erradicar pero, sin embargo, se puede controlar. Sabemos que somos emocionales por naturaleza, no podemos dejar a un lado las emociones, pero las podemos controlar  y reconvertir en algo positivo. El miedo y el estrés nos mantienen alerta y nos predisponen para la acción (atacar o salir huyendo). Si somos conscientes de que es una emoción con fondo positivo, ya hemos dado el primer paso. El siguiente consiste en enviar mensajes al subconsciente con frases que se pueden repetir de forma hablada o mental del tipo:

Voy a dar el mejor discurso del mundo.

Soy un muy buen orador.

Adelante, vamos, a por ellos.

Repetir estas simple frases, aunque parezca algo fútil, es un mensaje claro y directo que interiorizamos a distintos niveles, como si de un ancla o amuleto se tratara. Más adelante observaremos como la gente que está bajo una situación estresante se toca el anillo, juega con los botones, manipula distintos objetos,… La razón de dichos comportamientos es que al realizarlos buscamos dar salida a las emociones que oprimen nuestro estado anímico. Actúan como válvulas de escape del estrés, del miedo y del nerviosismo. Por ello, y como conclusión a lo dicho, repetir frases con mensaje positivo y motivador, ayuda a controlar las emociones y añade un componente energético hacia la conducta que, en este caso, es hablar ante varios receptores. Finalmente, la conducta que nos aportará la seguridad final que se necesita, es comenzar el discurso con convicción. El entusiasmo y la veracidad en el contenido pueden fingirse pero, no nos podemos mentir a nosotros mismos. 

Llegados a este punto, el aspecto que sintetiza y el más importante a tener en cuenta es que, para conseguir el efecto deseado en el público que analiza el alegato, este debe estar imbuido por la propia convicción de que, lo que se dice, es auténtico.