Facebook Twitter LinkedIn Google Plus

¡ESCUCHAR! ¿CÓMO? I PARTE...

Autor: Florentino García González, abogado en ejercicio, coach de Estrategias del Negocio y Formador.

Escuchar no es fácil.  Requiere invertir recursos de difícil reposición  como son -por citar algunos- tu tiempo, una  intención justificada y,  tu dedicación.  Implica, además,  desatender otros asuntos que te pudieran resultar más interesantes, ¡tu sempiterna búsqueda de lo mejor!... Escuchar es un todo un arte y una imprescindible técnica que se puede desarrollar, pero ¿cómo hacerlo de la mejor manera posible? Examinemos en este artículo algunos de los aspectos que han de ser tenidos en cuenta y reflexionemos cobre cómo se pueden aplicar en el diario quehacer.

“Lo cierto es que es imprescindible que sepas porqué eliges -o rechazas- una actividad en detrimento de todas las demás posible”

PRIORIZAR.- ¿Por qué hacer el esfuerzo de escuchar a tu interlocutor?  Este es el aspecto fundamental que debes tener claro en todo momento.   ¿Qué te puede aportar esta conversación? Indistintamente de que te haga sentir bien, pueda  generar futuros negocios o se trate de un ineludible compromiso moral, has de identificar con la mayor sinceridad posible -¡recuerda que hablas contigo mismo!- las razones que lo justifiquen porque 

- si lo tienes claro tendrás la mejor motivación para llevarlo a cabo ¡ó una buena razón para no hacerlo! y  

- pondrás en marcha de manera automática e inconsciente un conjunto de habilidades de las que seguramente ignores su existencia -memoria, atención, imaginación, resolución, comprensión, etc.-  que facilitarán tu decisión.    

Lo cierto es que es imprescindible que sepas porqué eliges -o rechazas- una actividad en detrimento de todas las demás posibles por una tema de factores de especial importancia: 

- que tendemos a hacer lo que creemos pertinente, interesante, Lo que  no te resulta importante, seguramente no lo harás porque hallarás excelentes razones para postergar su ejecución.   Esta es una verdad que no debes ignorar ni pasar por alto porque puedes utilizarla en tu favor hallando la trascendencia de cualquier causa. 

¿Cómo motivarte para hacer esa llamada “desagradable”?  Halla algún beneficio en hacerla, ¿ejemplos? Te listaré varios:  a) cerrar el caso,  b) devolver el mensaje y “cumplir”, c) vaciar tu agenda de compromisos, d) sentirte mejor no “debiendo” esa llamada, e) liberarte de compromisos insatisfactorios.

Esta capacidad para decidir que cree de hacerse primero obliga a que reflexiones sobre las razones que sustenten esa decisión. Si no tienes claro su justificación o si está fuera de tu marco de referencial vital  -la pirámide de  Maslow * y su concepto de auto-realización-  puedes estar dilapidando oportunidades de negocio y, lo que es peor, drenando tu energia.   

- porque influye en tu estado anímico,  en tu motor vital. Si crees que el orden, disponer de tiempo suficiente, saber cómo actuar en cada caso  afectan la calidad de tu trabajo,  ¿cómo puedes descuidar tu estabilidad emocional?.  El stress, el aburrimiento, sentirse prisionero de las circunstancias no ayudan a que trabajes mejor,  ni a que disfrutes de lo que haces -de tu profesión- ni de lo que tienes -tu familia, amigos, tus hobbies-.   

 - es cierto que tu capacidad de trabajo, de amar -¡y de odiar!- son infinitas, es muy probable   que el tiempo no sea lineal y todo relativo, pero  !no puedes hacerlo todo bien al mismo tiempo! Pero esta “limitación” no es un problema en si, sino una excelente ayuda que te ayuda a gestionarte.

Es importante categorizar no solo lo que planificas hacer sino, también, tus actividades diarias cotejándolas con lo que realmente te interesa y consideras de valor.  

ESCUCHAR.- Como humanos somos capaces de captar varios tipos de mensajes simultaneamente. De hecho “buscamos” corroborar lo que oímos con matices de la voz y con la expresión gestual de nuestro interlocutor. En realidad gestionamos “lo que nos llega” en al menos tres distintos entornos:

- conceptual ya que la idea que se transmite oralmente se procesa con las reglas propias de la lógica lingüística del receptor. Asegúrate tanto de comprender como de que se entienda lo que quieras transmitir.   En caso de duda corrobora lo que no te quede claro -o te parezca extraño en el contexto-.

- contextual emocional instancia en la que se “detecta” la credibilidad del mensaje procesando distintos aspectos de la voz  como son el tono, la intensidad, velocidad, etc.

Habla para que se te entienda.  Es preferible que aportes pocos -pero importantes mensajes- que muchos y de poca calidad.

- coherencia corporal que  aprecia  la actitud gestual del emisor valorándose aspectos como, por ejemplo, el genuino interés por lo que se está haciendo, el estado anímico, etc.

Aunque  el proceso comunicativo pudiera parecer a primera vista complejo sin embargo ocurre de manera natural -lo que no significa que sea consciente-.

Se trata de un sistema de tal eficacia que  ante  la ausencia  -o la baja “calidad”- de cualquiera de los sustratos de comunicación (conceptual, oral o visual)  de manera automática potencia la connotación del que subsista.

Un buen mensaje transmitido por una persona nerviosa o que no crea lo que exprese se desnaturaliza.

Cuando escuches utiliza todo tu cuerpo, empléate a fondo pero hazlo de manera natural, sin forzar tu forma habitual de actuar.

Asiente para animar a que continúe la conversación y antes de interrumpir abruptamente indica tu intención de participar con algún gesto. 

Procura no discutir por temas  banales, ¿ganar una discusión? si, ¡evitándola!.  En caso de disentir intenta indagar -¡y comprender!- las razones de la contraparte, puede que aprendas algo o, cuando menos, te confirmes en lo que crees.

Se respetuoso en todo momento con cuanto te parezca diferente y pregunta con discreción evitando suspicacias innecesarias.