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CONSTRUYENDO LA MEDIACIÓN POLICIAL...

Autor: Rosa Ana Gallardo Campos, Inspectora de la Policía Local de Vila-real

El autor Lenard Marlow define la Mediación como “Proceso imperfecto donde personas imperfectas gestionan un problema imperfecto con la ayuda de otra persona imperfecta, para encontrar una solución imperfecta en un mundo imperfecto”, en esta definición, todo es tan imperfecto que parece estar en perfecta armonía; esta cita es la que mejor define lo qué es Mediación Policial: la Policía nos configuramos como esa persona imperfecta que por corresponsabilización da respuesta a la ciudadanía a la que se debe, que se implica en el marco institucional, con sus problemas, sus emociones y sus respuestas. Es por tanto, una Mediación imperfecta porque fluctúa y se enriquece de todas las técnicas de la Gestión Alternativa de Conflictos, y es, a la vez, estratégica porque supone que la Comunidad pueda conocer la Mediación.

Concebida también como antesala de la Justicia, tiene que ver con el Policía como solucionador de problemas… pero abarca más que esta visión, ya que hay que pensarla en el campo de los conflictos de los vecinos, de las culturas y de las sociedades y está relacionada con la atención a las relaciones interpersonales sin respuestas mágicas; parafraseando a Alejandro Nato, Porto Velho (Brasil) septiembre 2013, “la Administración Pública tiene la obligación moral de crear espacios, gestar canales, lugares de encauzamiento para atender los conflictos de forma institucional donde las personas puedan gestionar sus problemas, algo así como buscar pliegues, y eso se hace con cultura social”, en este marco, la Policía puede conformar esos pliegues porque estamos ante una práctica saludable, que funciona y que se configura como herramienta para el cambio cultural en la organización policial.

Así el planteamiento de la Mediación Policial viene dado como una nueva forma de ser y querer hacer la cosas, y se nutre del aprendizaje de las habilidades sociales, la comunicación verbal y no verbal, la asertividad y la inteligencia emocional, ya que un Programa de Mediación Policial debe estar dentro de un Proyecto de Convivencia y de Paz Social, conscientes de que desde nuestra profesión y su ejercicio práctico podemos facilitar y promover una auténtica Cultura del Acuerdo (a pesar de las actitudes adversariales y/o reticentes de algunas personas).

Cabe añadir que en lo que a la Policía se refiere y puesto que la Mediación en si es revolucionaria, y que eso no significa, necesariamente, rebelión, asumirla supone un auténtico desafío, un reto, porque se trata de cambiar registros ya que comporta cambios de actitudes que afectan a toda la Organización que se impregna con sus procedimientos, se enriquece de sus valores de solidaridad, implicación, compromiso…. Y de toda una cultura de la Paz, creando estilo y talante; no es arriesgado afirmar que en aquellas organizaciones en las que se implementa hace como “gota de aceite”: se sabe que en esa organización se funciona de una determinada manera.

Además, supone cambios también para la ciudadanía acostumbrada a recurrir a la Policía, “depositar” su problema y esperar a que se resuelva; con la Mediación Policial se les “devuelve” el asunto para que de forma autocompositiva sean sus propios actores los que lo gestionen con la colaboración de la Policía como primera Institución de la Justicia, que les ofrece, en palabras del Profesor Jordi Pérez Montiel, nuevos espacios de comunicación, creatividad y negociación que ni siquiera podían imaginar.

Por tanto, la propuesta es una nueva Policía más asistencial y psicológica, preparada para mediar y gestionar los conflictos que vive cada día, una Policía que actúa con autoridad y sin autoritarismo, preventiva y no solo reactiva, generadora de la confianza que es necesaria para la convivencia y que se adapta al Cambio de Época, y todo lo que tiene que ver con lo que representa nuestra sociedad actual: recortes sociales, desempleo, trabajo precario e inestable, multiculturalidad, plurinlingüismo y desestructuración familiar… demostrando así que la Institución es moderna, crece, está en permanente proceso de cambio, que es acorde a las necesidades de su comunidad, y que es sensible a la otra cara de la moneda, la convivencia.

En el marco extrajudicial y reconociendo que nos favorecería tener más cobertura legal para esta función, en realidad de lo que se trata es de aprender a manejarnos en la perspectiva ALEGAL, desde el sentimiento de lo que es justo más que LEGAL, y en el caso de la Policía que no sea ilegal, ¿quién decide lo que es justo? Obviamente los mismos actores del conflicto, nuestra función aquí supone aceptar lo que las personas implicadas deciden con neutralidad, orientando sobre la legalidad de sus decisiones.

Lo cierto es que quienes llevamos tiempo trabajando en la Policía sabemos que con hacer cumplir las leyes no basta, hay que hacer algo más, así que la Policía también ha de superar la concepción anticuada y cuadriculada de que su función solo es hacer cumplir la ley, conscientes de que la sanción de las leyes, la actitud represiva y penalista no es suficiente.

Es necesario, pues, trabajar con creatividad, para hacer mediación policial sin vulnerar la ley; y pude que también sea necesario algo de audacia.

Aún así, un repaso por la diferente legislación, nos hacen ver que ésta propugna como primer eslabón de trabajo a la palabra, -la herramienta básica de la Mediación- porque con las palabras construimos la realidad; obviamente palabras dentro de una conversación eficaz, que supone saber preguntar, plantear dudas, consideración, respeto, razonamiento, diplomacia, paciencia, capacidad de escucha activa –la reina de las habilidades sociales- empatía… pero lo que verdaderamente legitima la Mediación Policial es la percepción que la ciudadanía tiene de que lo que hace es importante en la medida en que lo hace junto a la Policía, CON la Policía, como referente social que tiene como principal misión garantizar la percepción de seguridad (que es la que se vive como realidad).

En definitiva, es una apuesta fuerte, no es más de lo mismo; nos encaminamos a tiempos difíciles y críticos, los conflictos de este siglo van a ser cada vez más complejos, así que tendremos que aprender a transformarlos en experiencias positivas que nos aporten valores positivos a nuestra vida; por tanto, como profesionales y garantes de la convivencia, de la seguridad y de su percepción, tenemos la obligación de formarnos en técnicas de resolución de conflictos, llamadas alternativas, pero sería preferible pensarlas como principales e inteligentes; la Policía, ha de abrir la visión hacia miradas más complejas que ayuden a resolver los conflictos desde perspectivas colaborativas y no competitivas, con los propios compañeros, con los Operadores Locales, con la Ciudadanía, con los Policías de otras ciudades, de otros países… apreciar al OTRO como el recurso necesario para lograr las soluciones a los conflictos y mejorar la vida social, la sociedad en general y la personal y colectiva de los Policías. El Reto: hacer apetecible el Cambio a la Policía como Institución y a los Policías de forma individual.