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UNA CORTE DE ARBITRAJE DINÁMICA Y EFECTIVA PARA TODA LA COMUNIDAD IBEROAMERICANA...

Autor: Antonio Albanés Paniagua

El hecho de que en los últimos tiempos haya nacido (y desaparecido) un gran número de cortes de arbitraje no es desconocido para el abogado “de a pie”, quién a menudo se encuentra alejado de la realidad arbitral por el desconocimiento de su funcionamiento y ventajas, lo que a su vez provoca el rechazo de sus clientes, -los ciudadanos y las empresas-, a este método de resolución de conflictos; quizá la excesiva especialización de esas cortes ha provocado su extinción, o quizá su excesivo número ha colapsado en cierta manera el mercado, que no puede absorber tamaña oferta de servicios.

“En la fundación del CIAR están interviniendo de manera altruista profesionales de reconocida solvencia relacionados con la materia, lo que evitará desde luego la aparición de problemas que ya han enfrentado”

Sin embargo, el Centro Iberoamericano de Arbitraje (CIAR) nace fruto de un acuerdo a niveles difícilmente vistos con anterioridad, pues ha existido y existe una voluntad política, económica y social, demostrada por el Acuerdo Marco firmado en Brasilia en octubre de 2.012 a través de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y de los Jefes de Estado iberoamericanos, -que la apoyan-, y por sus firmantes (las Cámaras de Comercio e Industria más representativas de Iberoamérica de un lado, y de otro sus Colegios y Agrupaciones de Abogados), lo que de entrada le dota de una vocación de generalidad que hoy día no es predicable de muchas de las cortes de arbitraje, ya sea por su especialidad o bien por su carácter interno frente al internacional, de los que el Centro está totalmente impregnado por definición, pues ayudará a resolver controversias de sendos ámbitos territoriales en cualquier materia, contando con especialistas de primer nivel en todos y cada uno de los países integrantes.

“El Centro Iberoamericano de Arbitraje (CIAR) nace fruto de un acuerdo a niveles difícilmente vistos con anterioridad, pues ha existido y existe una voluntad política, económica y social”

La distinción viene también por su vocación de dinamismo, razón por la cual el CIAR contará con una potente plataforma virtual para encontrar la mayor efectividad en la resolución de las controversias que le son sometidas, ofreciendo en todo caso la llamada tramitación “on-line”, cuyas notas de accesibilidad, rapidez y calidad serán su mejor carta de presentación y así, los empresarios iberoamericanos que vean surgir desavenencias en sus relaciones comerciales, ya sea entre sí o con terceros, podrán rápidamente solicitar los servicios del Centro, quién se comunicará con ellos para proponer el sometimiento de la cuestión a arbitraje, en su caso designar árbitro bien a instancia de las partes, bien por el Centro, y tramitarlo con las debidas garantías no solo legales, sino de calidad, pues no hay que olvidar que en la fundación del CIAR están interviniendo de manera altruista profesionales de reconocida solvencia relacionados con la materia, lo que evitará desde luego la aparición de problemas que ya han enfrentado. 

Al margen de dichas cualidades, este “arbitraje tecnológico” tiene unas innegables ventajas de carácter económico, pues aligerará los costes que tradicionalmente acarrea el arbitraje presencial y que suelen alejan al justiciable de elegir esa opción, ya que por lo general busca el reconocimiento de un derecho patrimonial que en no pocas ocasiones estrangula su actividad por el paso del tiempo, al no poder obtener la tutela de una ventaja de contenido económico en su debido momento, lo que cercena su capacidad para hacer frente a gastos elevados derivados del procedimiento arbitral presencial. 

El Centro Iberoamericano de Arbitraje cuenta además entre sus objetos sociales la formación de los árbitros, de tal forma que se cumpla el deseo de dinamismo al tener en sus listas profesionales con conocimientos actualizados y, además, pueda renovarlas sin perder la calidad ofrecida a los justiciables.

Resta pues la ardua tarea de promover la difusión de la cultura del arbitraje, -otro de los principales objetos sociales del Centro Iberoamericano de Arbitraje-, para lo cual contará con un gran equipo cuyos integrantes procederán de distintos ámbitos (político, comercial, jurídico) a fin de poder informar a los agentes sociales de las bondades del procedimiento arbitral, cuyo gran exponente pretende ser el CIAR.

Con la creación y puesta en marcha se cumple un antiguo deseo de la Unión Iberoamericana de Colegios y Agrupaciones de Abogados (UIBA), que ya hace más de 25 años manifestó su intención de apoyar este ilusionante proyecto y que gracias al sólido respaldo de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y de las Cámaras de Comercio e Industria y Colegios y Agrupaciones de Abogados está viendo la luz.

Nos encontramos ante un proyecto nuevo pero muy maduro, moderno pero lleno de experiencia, que va a contribuir a la administración de Justicia pues la justicia que no llega a tiempo deja de llamarse de tal forma, que va a responder a las necesidades actuales de la actividad económica iberoamericana y que ha sido bendecido por todos los representantes de los sectores involucrados, tanto en el orden político, como en el jurídico y en el económico.