Facebook Twitter LinkedIn Google Plus

DERECHO AL OLVIDO: ENTREVISTA A JAVIER APARICIO...

Es un juicio contra la sociedad de la información

Autor: Javier Aparicio, abogado que dirigió el caso de Google en España y socio de Cuatrecasas

Agencia Española de Protección de Datos contra Google, Javier Aparicio analiza con nosotros las implicación que tiene este caso y profundiza sobre todo lo que supone el Derecho al Olvido. 

“Un buscador es un espejo y este refleja la realidad, no solo una pequeña parte de lo que querríamos que fuera esa realidad. Pretender deformar el espejo para que algo no aparezca reflejado es terrible”

Foro Jurídico Iberomaericano.- ¿Qué es lo que la Agencia de Protección de Datos plantea en la denuncia contra Google?

Javier Aparicio.- La Agencia quiere que Google Indexe a la carta, es decir, que aquellas cosas que no nos gustan o las actuaciones erróneas que hayamos podido hacer desaparezcan de la lista de resultados y, en definitiva, de la red.

Lo que se le está pidiendo es que cambie su modelo de negocio. Pero, este juicio va más allá de Google, puesto que lo que se está planteando es el establecimiento de un sistema de filtro en el acceso a la información. Es un juicio contra la sociedad de la información, es más sencillo ir contra una sola empresa, como puede ser Google, que ir contra el autor de cada contenido, y esta es la clave de por qué se ha concentrado la pelea en el buscador y no se ha ido hacia los editores de los contenidos.

“Debemos buscar un equilibrio y no hacer nada que pueda perjudicar al desarrollo de la sociedad libre”

FORJIB.- ¿Cuáles son los argumentos que plantea la Agencia?

J.A.- La agencia utiliza muchos argumentos muy dispersos, pero no plantea una línea argumental única y evolutiva. No ha hecho un bloque de argumentos que permita ver un problema único, parece que toda su argumentación está más dirigida hacia un resultado que hacia la elaboración de una doctrina. 

FORJIB.- ¿Es correcta la solicitud de la Agencia Española de Protección de Datos?

J.A.- Desde el punto de vista abstracto, de la función del buscador, el sistema de esconder los contenidos que no gustan mediante su desaparición de la lista de resultados del buscador no es aceptable. El punto clave aquí es la persona que edita esa información, no podemos responsabilizar a la empresa que gestiona o facilita el acceso a los contenidos en lugar de meternos con los autores, eso es matar al mensajero.

La Agencia plantea algunos argumentos erróneos, pero el más grave es el de ordenar la retirada de la información, esa competencia es un tema que corresponde solo a los tribunales. Los problemas que se suscitan son tan graves que la Audiencia Nacional ha presentado una serie de dudas muy interesantes, y que son llamativas, habrá que ver que dice el Tribunal de Justicia.

FORJIB.- ¿Es tecnológicamente posible lo que plantea la agencia?

J.A.- No se si es posible, pero, desde luego, es muy difícil, porque una palabra puede ser, por ejemplo, el nombre de un río o de una persona y si retiramos toda la información que tenga relación con esa palabra estamos eliminando contenido útil que no tiene nada que ver con el objeto de la controversia, y esto no tiene sentido.

Tecnológicamente quizá quepa la posibilidad de que alguien invente algo que permita elegir a la carta la información que indexan los buscadores, pero esto dará lugar a que los buscadores dejen de decir lo que hay en Internet, para mí más que sea tecnológicamente posible o imposible, el problema que se plantea es que realizarlo establecería como sistema la mentira. 

FORJIB.- ¿Cuál es el principal problema que para usted se plantea con este juicio?

J.A.- Debemos partir de la idea de que hoy somos lo que somos gracias a una lucha muy larga y dura para conseguir determinados derechos y libertades, y una de las claves esenciales para que la sociedad pueda ser estable y que el individuo pueda desarrollarse es la libertad de expresión. Si establecemos algún mecanismo que limite o que intente aislar la libertad de expresión y de información, la democracia se viene abajo.

Para mí, tocar eso es inadmisible, daría lugar a que nos convirtiéramos en una sociedad dominada por intereses, que son los que, en definitiva, dominarían los filtros. Cuando el acceso a la información publicada es neutro, resulta necesario realizar un juicio crítico de la información, esto exige al individuo valorar, comparar y reaccionar en consecuencia, y eso precisamente es clave para la participación ciudadana en los asuntos públicos.

FORJIB.- ¿Por qué cree que se ha generado esta controversia con el Derecho al olvido?

J.A.- La clave de la disputa, como se ha planteado, está en la dispersión, en la generalización de posibilidades y en la multiplicación de la fuente de información. Cada uno somos los únicos responsables de las opiniones que publicamos, pero el problema es que hoy en día son millones las personas que pueden publicar sus opiniones, y eso hace que los supuestos de posible responsabilidad se hayan extendido tanto que la justicia no es capaz de responder.

Un problema que todavía no se ha tratado, es el hecho del anonimato. La protección constitucional de la libertad de expresión y de información establece que solo a través de un juez se puede retirar la información publicada. De este modo se impide la censura. Sin embargo, si no aparece el firmante o cuando se oculta tras un seudónimo y no hay nadie que se responsabilice de lo publicado, el Tribunal Constitucional ha afirmado que la publicación no estará protegida por la libertad de expresión e información y se podría retirar inmediatamente. Aplicando esta doctrina se evitarían de forma expeditiva un porcentaje elevadísimo de publicaciones molestas, ya que el porcentaje de publicaciones anónimas en internet es muy elevado. Pero para ello tendría que haber un compromiso y un código deontológico de la industria que facilitara la retirada de forma sencilla estos contenidos anónimos, incluso a la sola solicitud del interesado, sin necesidad de intervención pública alguna.

FORJIB.- ¿Las redes sociales e Internet han evolucionado demasiado rápido?

J.A.- La evolución que ha tenido el mundo tecnológico ha sido rapidísima y eso da lugar a un movimiento pendular en el comportamiento de los individuos. Probablemente hoy veamos que el péndulo se inclina hacia un rechazo a la publicación de informaciones para luego volver a un punto de equilibrio que sea aceptable, el tema está en buscar el equilibrio y no hacer nada que pueda perjudicar al desarrollo de la sociedad libre, que para mi es lo peligroso. 

FORJIB.- ¿Debemos tratar de tener un mayor control en el desarrollo de las tecnologías?

J.A.- Lo que no tendría sentido es que, por ejemplo, porque el fuego quema, se prohibiera el fuego. Lo que hay que hacer es enseñar a la gente a utilizar el fuego con cuidado. Hoy en día hay que educar a la gente para que utilice la red en positivo. Buscar sistemas de filtro en el acceso a la información es censura, pero esto no quiere decir que cuando no se tiene la edad suficiente para acceder a determinados contenidos no se controle. A los niños se les corrige cuando dicen una palabrota y estrictamente eso no es coartar su libertad de expresión.

Intentar que sean los buscadores los que dificulten el acceso a la información que molesta a un individuo supone volver al antiguo régimen donde era muy poca la gente que podía difundir un contendido y además es esconder el problema debajo de la alfombra, ya que la información seguirá publicada en la red.

FORJIB.- Debido a nuestra historia, ¿tenemos un miedo mayor a que exista algún tipo de censura?

J.A.- La censura es objetivamente mala, la ejerza un dictador o alguien que puede ampararse en la democracia para ejercerla. Lo que es indudable es que la censura es lo contrario a la democracia.

El problema es que nos encontramos en el choque de dos derechos fundamentales y es preciso delimitar dónde se encuentra cada uno de ellos. Se debe determinar un equilibrio entre la libertad de expresión y el derecho a la protección de datos, pero teniendo en cuenta que, al hablar de libertades fundamentales, lo que se defiende es a la sociedad y no al individuo. Las noticias sobre los casos particulares resultan muy dolorosas, pero atender esas solicitudes a costa de la libertad de expresión y de información de toda una sociedad es inaceptable. Si sometemos a la sociedad a la censura para proteger a un individuo, al final la sociedad deja de funcionar.

FORJIB.- Para usted, ¿lo que realmente pretende el derecho al olvido es que se borre parte de la historia de cada uno de nosotros?

J.A.- Exactamente, y esto impide que la sociedad sea madura. Lo que se propone es cerrar la puerta de acceso a lo que está publicado en Internet y tener un censor que permita el acceso a las noticias que interesan, pero sólo las que le interesan a él o a quien le domine... lo que se está haciendo es dar el poder a un medio o a un grupo de intereses en lugar de al pueblo.

El derecho al olvido, tal y como se ha concebido en España no es aceptable. Un buscador es un espejo y este refleja la realidad, no solo una pequeña parte de lo que querríamos que fuera esa realidad. Pretender deformar el espejo para que algo no aparezca reflejado es terrible.

FORJIB.- ¿Qué es exactamente el Derecho al Olvido?

J.A.- No se puede decir exactamente lo que es, porque hoy en día todavía no está definido por una ley. Mientras no se defina, el derecho al olvido es lo que cada uno de nosotros pensamos que tiene que ser, para mí una buena definición se deduce de su nombre en inglés “right to be forgotten”: “que me dejen en paz”.
En todo caso, el concepto tiene muchos matices. No es el mismo el concepto de Derecho al Olvido que defiende la Agencia Española de Protección de Datos que el de la Vicepresidente de la Comisión Europea y Comisaria de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía, Viviane Reding. Son totalmente diferentes. La Agencia dice que es el derecho a no aparecer en los resultados de un buscador, y para la señora Reding es que las redes sociales deberían garantizar que cualquier información publicada se corrompiera y desapareciera al cabo de cierto tiempo. Yo tampoco estoy de acuerdo con Viviane Reding, pero su propuesta es un poco menos radical que lo que plantea la Agencia Española de Protección de Datos y resulta más cercana al nombre que le han dado al derecho al olvido.

FORJIB.- ¿Por qué somos siempre tan partidarios de borrar las cosas malas en vez de aprender de ello?

J.A.- Probablemente ese sea un aspecto en el que la sociedad y cada individuo tenga que evolucionar para aprender de los propios errores. Cuando las sociedades se basaban en pequeños pueblos o comunidades todo el mundo conocida la historia completa de cada vecino, pero, sobre todo con la Revolución Industrial, las grandes ciudades crecieron y el individuo empezó a vivir en el anonimato, Esto permitió a las personas desarrollarte plenamente como individuos, pero con Internet se ha empezado a perder de nuevo ese anonimato, al permitir a cada individuo publicar con acceso ilimitado su pequeña historia y experiencia.

La cuestión está en que debe garantizarse el desarrollo de la vida de cada individuo e, indudablemente, ese anonimato es vital para ello, pero no parece admisible que se proteja tal desarrollo a costa de la libertad de información, que es clave para la convivencia ciudadana. Como individuos, debemos saber qué información se maneja de nosotros, para poder reaccionar frente a quien haya publicado algo y para poder evitar que se haga uso de ella para determinados fines que no aceptamos, esta es una idea que me parece coherente, pero me resulta contradictorio que el sistema de defensa se base en que los buscadores oculten la información, que seguirá publicada y, en definitiva, inaccesible incluso para el interesado, que no podrá así ni siquiera exigir que la elimine a quien la mantiene publicada..

FORJIB.- ¿Por que no nos da miedo comprar en Internet y en cambio sí existe a la hora de volcar imágenes o determinados contenidos?

J.A.- El tema está en la accesibilidad, cuando compramos en Internet se supone que nos fiamos del comercio que nos está vendiendo, porque sabemos que está limitado por la ley, pero lo que publicamos en las redes sociales estará accesible a cualquier persona si no establecemos sistemas de control, que, además, podrán descargarse esa fotografía y hacer uso de ella. El alcance y la trascendencia de un acto a otro es totalmente distinta.

FORJIB.- ¿Cuál es para usted el origen del miedo que suscita Internet?

J.A.- El individuo tiene que aprender a utilizar las redes sociales, a lo mejor lo que le falta a la gente es educación en este sentido.
La gente considera que nadie va a prestar atención a lo que hace, pero hay mucha gente que está hurgando en Internet para acceder a información que le parece graciosa, y hay determinadas cosas que llaman la atención por su objeto, otras por su sujeto y otras por las circunstancias, y la realidad es que la información que tu publicas puede llamar la atención a alguien.

El miedo, en definitiva, se basa en que perdemos el control de lo que hemos publicado, pero la clave está en que ese control no lo hemos perdido cuando un desconocido duplica y controla ese contenido, sino cuando lo publicamos sin limitar la posibilidad de acceso.

FORJIB.- ¿El miedo que existe a la publicación de información es por el hecho de que un solo error puede condenarte el resto de tu vida?

J.A.- Ese es el criterio de la Comisaria Europea. Los adolescentes hacen locuras porque están en la edad de hacerlas, pero no tienen porque estar cargando toda la vida con ellas. De igual modo, hacer pública la equivocación de un profesional acarrea pérdida de clientes por la falta de confianza que genera esa publicación. Sin duda, esa persona tiene derecho a recuperar su prestigio mediante su trayectoria profesional con cosas bien hechas y la noticia publicada supone una dificultad grandísima para lograr rehacer su nombre.

Pero estos dos casos son totalmente distintos, ya que el segundo, que es real, tiene su origen en una situación injusta, en el caso del profesional, el medio de comunicación, sin duda, no debió publicar el nombre del doctor, porque ese dato no era relevante y porque la trascendencia de la publicación en el medio era excesiva.

Probablemente llegue un momento en el que los propios ciudadanos dejen de prestar atención a ese tipo de información y todo se vaya normalizando. Un gran ejemplo de esta normalización ocurrió en la primera campaña de Obama, cuando apareció una fotografía suya fumando cannabis y no obstante consiguió ser presidente de los EE.UU porque convenció a la gente de que era un hecho del pasado y ya no tenía importancia. Eso es lo que tenemos que conseguir nosotros como sociedad madura, normalizar el hecho de que todos hemos cometido locuras, aunque no se hayan hecho públicas.

FORJIB.- ¿Existe realmente un conflicto entre la privacidad de las personas y el almacenamiento de datos en un buscador?

J.A.- La privacidad de las personas es un derecho individual, dentro de la red son quienes publican contenidos los que utilizan los datos personales y quienes autorizan al buscador a que los indexe. Son los editores quienes plantean ese conflicto. 

A su vez, hay que distinguir dos ámbitos, uno es el de los particulares que opinan y otro es el de los medios de comunicación que realizan una actividad socialmente muy relevante y de forma profesional. El punto de inflexión está en que los periódicos nunca publican anónimamente y que lo hacen de forma profesional. Sin embargo, es frecuente que un particular que cuenta algo que le ha sucedido suele hacerlo con ánimo de lapidar a quien se lo ha hecho. Si esa publicación se hace de una forma anónima no puede ampararse en una libertad fundamental.

Ese es el verdadero conflicto, el que existe entre el derecho a la privacidad y la libertad de expresión y sus posibles abusos, los buscadores realizan una actividad de mera transmisión o reflejo de lo publicado.

FORJIB.- ¿La sociedad es consciente de la cantidad de datos que existen en Internet?

J.A.- Nadie es consciente de lo que puede ser físicamente la red, se dice que si cada página web fuera un folio, y pusiéramos uno encima de otro ocuparía el espacio que existe entre la Tierra y la Luna. Lo interesante respecto de la red es su vocación de que no haya nada fuera de ella y la labor de los buscadores es gestionar ese todo. Este concepto empezamos a tenerlo, sobre todo los niños que han nacido con Internet, pero para gente como yo que no somos digitales probablemente nos cuesta más concebirlo.

FORJIB.- ¿Con que seguridad se mueven los datos en Internet?

J.A.- La seguridad no es algo especialmente preocupante y quien tiene que preocuparse de ella lo hace. El problema respecto de la seguridad se plantea cuando se conocen sus fallos, hay que reconocer que la seguridad tiene sus límites y sus burladores, pero, sin ninguna duda, la seguridad existe y es suficiente, aunque nunca puede dejarse de evolucionar.

Lo que tiene que asegurarse en Internet se asegura, otra cosa son las páginas o los servicios en que son los propios usuarios los que tienen que decidir qué índice de seguridad quieren estableciendo los perfiles de acceso a los contenidos que publican. Esa es una cuestión individual, en donde las personas deben saber utilizar las herramientas.

FORJIB.- ¿Hemos vendido nuestra vida privada a la globalización?

J.A.- Son conceptos que van unidos pero que no tienen nada que ver. La sociedad de la información tal y como está concebida actualmente está muy ligada a la globalización que ha supuesto Internet, el problema es cuando los individuos publican información sobre personas concretas, incluso sobre ellos mismos, y es en ese concepto donde el Derecho al Olvido está derivando hacia algo que no es correcto.

Por otra parte, la privacidad como límite a que las empresas utilicen la información que obtienen de los contactos que mantenemos con ellas, está garantizada por la protección de datos, y requiere una labor constante y muy minuciosa de la Agencia.

FORJIB.- ¿Cree que es un poco antagónico el hecho de que la sociedad este pidiendo a la vez memoria histórica y derecho al olvido?

J.A.- El derecho al olvido en la era de la memoria histórica es, desde luego, todo un contraste. Yo creo que el concepto de la memoria histórica es algo que ha nacido precisamente por la enorme transparencia que se ha logrado mediante la sociedad de la información, Difícilmente seria asumible para la sociedad pensar que era posible rescatar la memoria histórica si no se viera como algo normal acceder a la información. Las palabras en si mismas son opuestas, pero debemos decantarnos por lo que ha querido la sociedad española, y ha sido la memoria histórica, es la única forma de ser maduros.