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DERECHO DE EMPRESA O DERECHO DE LOS NEGOCIOS. UNA CUESTIÓN DE MÉTODO Y PERSPECTIVA...

Autor: Fernando Mier. Abogado y socio de IURISTAX 

Los abogados, muchos de nosotros aún estigmatizados por los planes de estudio de la carrera de Derecho, tenemos cierta tendencia a categorizar la realidad. 

“Podemos tratar de resolver los problemas cuando se presentan, pero deberíamos ser capaces de anticipar y evitar los riesgos y conflictos, o al menos minimizar sus efectos”

Hablamos de, y nos identificamos como mercantilistas, penalistas, fiscalistas o laboralistas. En la basta y cambiante realidad del derecho, acotar las áreas de conocimiento nos da seguridad y confort. La especialización facilita el ejercicio del derecho al abogado, limitando el ámbito del estudio de las normas, la doctrina y la evolución de la jurisprudencia.

No voy a criticar la especialización de los abogados. Nada hay de malo en ello… en principio. En una realidad jurídica enormemente compleja, diría que es una circunstancia inevitable. También es un recurso que permite optimizar la gestión de los equipos.

Con todo, es importante ser consciente de que estas categorías solo existen en nuestra mente. La realidad no se encuadra en ellas, y fácilmente las desborda.

A veces, cuando nos aproximamos a un caso o un problema planteado por un cliente, nuestra especialización puede traicionarnos. Tiende a focalizarnos en determinados aspectos de la cuestión, distorsionando el análisis o llevándonos a un error en la solución propuesta.

Creo que todos lo hemos experimentado alguna vez. En función de su especialidad, cada abogado adopta una determinada perspectiva y, a veces, solo ve una parte del problema. Esta circunstancia nos puede abocar a un diagnóstico incompleto, que es en definitiva un diagnóstico equivocado. En estas condiciones, es fácil/posible que la recomendación emitida no sea la mejor alternativa, o incluso comportar efectos secundarios no deseados o contraindicaciones.

Es un efecto natural, consecuencia de los atajos reflejos e inconscientes de nuestros procesos mentales (sesgos cognitivos). Aun y así, injustificable... y evitable. Se trata de adoptar, diría que interiorizar, un método de trabajo que amplié nuestra perspectiva.

Es aquí donde quisiera intentar centrarme, destacando la importancia y el sentido profundo y último de lo que venimos a conocer como “Derecho de Empresa” o “Derecho de los Negocios”.

No es una cuestión meramente lingüística, ni etimológica. Las palabras pueden tener un significado que trasciende su significado literal, definiendo conceptos muy complejos o incluso el “debe ser” de una determinada realidad.

El análisis de este sentido normativo de la oración “Derecho de Empresa” y lo que debería ser la práctica legal en el ámbito de la empresa y los negocios, es el que debería sernos útil para imponernos un método de trabajo que evite o corrija el riesgo de una perspectiva que tergiverse la realidad sometida a nuestro examen.

Referirse a “Derecho de Empresa” o “Derecho de los Negocios” es una definición más precisa de un ámbito muy concreto de la práctica en el sector legal. Se trata del conjunto de normas que, desde todas las áreas o categorías (contratos, societario, tributos, laboral, consumidores, competencia,...) ordena/debería ordenar la actividad de las empresas, de forma sistemática y coherente, todo ello alineado con el objetivo de facilitar la creación de riqueza y un reparto justo.

Los abogados que pretendemos desarrollar nuestra práctica profesional en ese ámbito, deberíamos entender que:

• La realidad de la empresa y su actividad es muy compleja, y su análisis exige una perspectiva global del Derecho, más allá del limitado ámbito de nuestra especialidad, sea esta la que sea.

Ser capaz de identificar las áreas o especialidades que pueden resultar implicadas en un asunto para construir y gestionar un equipo completo, eficaz, cohesionado, alineado con el objetivo de resolver el problema concreto y las expectativas del cliente es un reto y la responsabilidad del abogado director de ese asunto.

• Nuestra intervención exige tener un conocimiento suficiente del perfil de la empresa, su actividad y el sector en el que la desarrolla. Sin este conocimiento de su realidad es difícil entender realmente el problema y sus implicaciones, realizar un análisis DAFO y proponer una solución útil de acuerdo con los objetivos y prioridades del cliente.

Con nuestro sistema habitual de trabajo, habilidades y las estructuras tradicionales de firma es complicado. Conocer a nuestro cliente requiere tiempo, confianza, saber preguntar, saber escuchar, seguir la actualidad de su sector y cierta reflexión. Son muchas horas, y una inversión de tiempo para difícil de rentabilizar en el corto plazo o de conciliar con los objetivos de facturación.

Salvar esta situación exige una revisión profunda de los sistemas de facturación, objetivos profesionales y de promoción.

• La práctica del “Derecho de Empresa” está irremisiblemente condicionado por su actividad que exige respuestas en tiempo útil -en general muy cortos -, valoración y gestión del riesgo de cada una de las alternativas planteadas y resultados concretos, que aporten valor y resultados de negocio en forma de más beneficio, minimización de pérdidas o reducción de otros riesgos inmateriales.

Las respuestas teóricas - los dictámenes de antaño -, la capacidad de respuesta es una condición necesaria que el cliente tiene asumido (atributo de satisfacción) y exige antes de contratar cualquier servicio legal (atributo de compra).

La Empresa es algo distinto y más trascendente que su principal directivo y/o los Socios. Hemos de ser capaces – y nos conviene - implicarnos en la Compañía, su equipo y la actividad que desarrolla.

Podemos tratar de resolver los problemas cuando se presentan, pero deberíamos ser capaces de anticipar y evitar los riesgos y conflictos, o al menos minimizar sus efectos.

Cumplir con esa función exige un esfuerzo considerable, tiempo, ganas y un ejercicio de empatía. No basta con contar con la confianza del principal directivo o los socios. Ellos mismos muchas veces no son conscientes de determinados riesgos y situaciones que pueden comportar no pocos problemas a la Compañía. En coordinación con los máximos responsables de la Compañía, hemos de hacer entender a todo el equipo nuestro papel y responsabilidad, ganarnos su confianza, y saber establecer y mantener los canales de comunicación que permita fluir toda la información relevante. Eso requiere algo más que establecer procesos formales y estandar de corporate compliance. Hablamos de relaciones entre personas