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DERECHOS HUMANOS Y EMPRESA: LA NUEVA REALIDAD DE LA GESTIÓN...

Autor: Nelson Núñez

Mucho se habla de la Responsabilidad Social de las Empresas. Desde el punto de vista de la necesidad de involucrarlas con los entornos en que se insertan, mitigando y compensando los impactos económicos, sociales o ambientales que generan y del aporte humanitario que las organizaciones pueden aportar a sus comunidades.

Sin embargo, esta visión de la RSE ha sido superada por la velocidad de los cambios sociales y, sobre todo, debido al empoderamiento de la sociedad civil, fortalecida por la noción y certidumbre que las comunidades poseen de las posibilidades que su acción organizada puede ejercer.

Las nuevas tecnologías y la capacidad de viralización de la información mediante aplicaciones cívicas, son en el último tiempo un medio por el cual la sociedad civil se ha empoderado para reclamar, movilizarse y aportar soluciones a problemas sociales. El uso de la tecnologías de información y comunicación como nunca antes, ha facilitado que las comunidades puedan informarse, expresarse y participar de causas de una manera sencilla, organizada y efectiva; haciéndolas altamente flexibles y con una creciente capacidad de respuesta.

Estas dinámicas son una realidad y no una posibilidad. En este sentido, la obsolescencia en el tratamiento de la RSE de modo tradicional, hace que solo quede esperar que la situación escale y se caiga en un espiral incontenible donde la materialización de las inversiones se haga un proceso simplemente interminable – con todo lo que ello acarrea – o que las empresas y organizaciones integren dentro de sus políticas permanentes y modelos de gestión el Desarrollo Sostenible y los Derechos Humanos como respuesta. La segunda es la mejor opción.

¿Pero qué se entiende por Gestión del Desarrollo Sostenible y Derechos Humanos y cómo poder aplicarlo en el día a día de una organización?

La Gestión de los DDHH se entiende como el camino hacia la construcción plena de la sostenibilidad del largo plazo, y esto incluye el pleno respeto por parte de las mismas a la Carta Universal de los DDHH. Esto se materializa a través de la integración de manera explícita metodologías que garanticen la administración responsable de los impactos en los DDHH de las comunidades.

De esta manera, primero se debe tener conciencia al interior de las empresas que no existe actividad de impacto cero, y por esto, la gestión de dichos impactos es solo el primer paso del modelo y que con esto solo se cumple con el mínimo de lo que puede esperarse y, en ningún caso, puede ser considerado como un aporte al desarrollo.

El verdadero Desarrollo Sostenible, como parte de la gestión de las empresas, debe ser entendido como un objetivo de largo plazo, donde la empresa u organización se involucre –y no solo mitigue- el impacto de su gestión, siendo la organización un actor ciudadano relevante, que colabora en la construcción de condiciones que favorezcan escenarios donde todos los stakeholders tengan opciones reales de participar en el diseño y construcción del modelo de desarrollo y, de esta manera, generar valor compartido en lo social, ambiental y económico.
Esta visión implica ir mucho más allá del empate entre impactos e inversión para la mitigación. Eso no es ser responsable ni genera valor agregado y sin duda, no garantiza la licencia social para operar.

Quizás para algunos esta visión excede las responsabilidades que poseen las empresas, pero la realidad demuestra que los límites se han movido y que la necesidad actual radica en incorporar los derechos humanos como factor central en los modelos de gestión para que, de esta manera, se genere Desarrollo Sostenible, no solo para las empresas sino para todos los grupos que participan de un determinado medio ambiente o territorio.

No es una excentricidad ni una locura, los DDHH y su relación con la empresa no son algo nuevo y esta visión es perfectamente posible de gestionar si se integra de manera transversal a las operaciones, en cada una de las áreas y no simplemente como una estrategia reputacional o aislada.

El camino se inicia con la comprensión y aplicación de la debida diligencia. Este concepto implica un proceso en que las organizaciones identifiquen, prevengan, mitiguen y transparenten todo posible daño que sus operaciones generen, no importando en qué punto de la cadena de valor se produzca. Esto hace imperativo un análisis profundo de las brechas existentes en la operación, que permite obtener una visión acabada de los puntos críticos donde puede que se generan riesgos o impactos que afectan y/o menoscaban los derechos humanos de las comunidades insertas en el territorios y relacionadas con la cadena de valor.

La Debida diligencia es un análisis fundamental, que debe ser utilizado como una herramienta continua de gestión cada vez que se abre una operación, cambien las condiciones en que la organización se desenvuelve, hayan cambios regulatorios, u otros cambios relevantes. Una vez realizada la debida diligencia, es posible gestionar los riegos y oportunidades e invertir en Desarrollo Sostenible significativo y no simplemente en imagen o reputación.

En esta línea, para fijar la hoja de ruta de gestión de los DDHH en la empresa, la ONU ha desarrollado los “Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos”, más conocidos como Principios Ruggie, en referencia a John Ruggie el representante especial del organismo internacional que dedicó seis años a la generación de esta pieza clave para la gestión sostenible.
Los principios describen la manera en que Estados y empresas deben poner en práctica la protección, el respeto y la remediación de las afectaciones concretas o potenciales que una determinada actividad genera en los DDHH en un territorio intervenido.

Estos principios han sido respaldados unánimemente por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y considerados, a partir de entonces, como referencia internacional por otros Organismos Internacionales, empresas, Gobiernos, organizaciones de trabajadores y ONG de DDHH, lo que ha supuesto, según muchos expertos, una revolución en materia de DDHH y de generación de valor sostenible.

Ahora, las empresas deben ponerse en marcha y asumir el rol ciudadano que poseen y participando de manera integral en los procesos de desarrollo, gestionando, previniendo e invirtiendo en Derechos Humanos, para aportar al Desarrollo Sostenible, porque parafraseando al mismo John Ruggie “no conozco a ninguna empresa que haya quebrado por invertir en derechos humanos; pero si algunas que sí, por no hacerlo”.