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LAS DIEZ CLAVES PARA TRABAJAR EN EQUIPO EFICAZMENTE...

Autor: Julio García Ramírez, director del máster en perfecionamiento de habilidades de la abogacía de ISDE

Una vez un Almirante le preguntó a otro; “¿Es posible lograr que las tropas sean capaces de una coordinación instantánea?- Sí, contestó sin dudar un instante, por que aunque dichos hombres se odiaran, si se encontraran juntos a bordo de un barco azotado por los vientos y con un evidente peligro colaborarían lo mismo con la mano derecha que con la izquierda”.

Hoy en día, vivimos una auténtica batalla por nuestra supervivencia que hace que el trabajo en equipo sea vital para la mayoría de nosotros, tanto a nivel profesional como, por qué no decirlo, personal. Saber aunar fuerzas nos permite acumular recursos dentro de nuestras “fortalezas”, que es en lo que nos hemos convertido, porque la gente en vez de establecer puentes con las demás personas, invierte en subir cada vez más su propia fortaleza, sin darse cuenta de que siempre existe un punto débil que la puede derrumbar o que permite, que entre todo aquello que nos hace vulnerables.

Uno es demasiado pequeño para cumplir sus sueños

A lo largo de la historia no hay nadie que haya pasado a la misma por hacer algo relevante haciéndolo solo, detrás de cada logro, hay siempre como mínimo una persona competente que ha ayudado a su consecución, de hecho hay un proverbio chino que dice que: “detrás de un hombre talentoso, siempre existe otro hombre talentoso”. Esta afirmación que todos compartimos, se nos olvida y parece que las personas que han triunfado en la vida son una especie de “rambos” que, solos, han luchado contra un ejército y han sido capaces de vencerlo sin un rasguño.

Cuando un deportista ha ganado una medalla de oro en unas olimpiadas, se nos olvida que su entrenador personal lleva años sacrificándose por él, que su familia lleva años sacrificándose por él, que sus amigos llevan años sin poder disfrutar de él y apoyándole en los peores momentos; sin ese “equipo” en el que todos reman en la misma dirección, que es el éxito del atleta, nada se hubiera conseguido, no tengas la menor duda.

Todos necesitamos a los demás para cumplir nuestros proyectos, y las organizaciones deberían de ser especialistas en formar equipos de trabajo para potenciar los talentos individuales y para que la sinergia de buscar una meta común provoque la consecución, tanto en tiempo como en calidad, de los objetivos marcados.

Una meta compartida debe de ser el norte de cualquier equipo

A nadie:

• Se le puede exigir que sienta la ilusión por un proyecto que no comparte.

• Se le puede obligar a que este motivado por un proyecto que no vive como suyo también.

• Se le puede sancionar por equivocarse de camino cuando no esta señalizado correctamente.

• Se le puede invitar a participar cuando sabemos que piensa lo contrario del resto del equipo.

Una meta compartida, es textualmente lo que transmiten dichas palabras, y compartir no es imponer, sino seducir al equipo con una meta que provoque que todos los miembros del equipo den lo mejor de sí en pos de un trabajo que todos sientan como especial y que recordarán como algo memorable en sus vidas.

Pero lo que significa una meta es algo más que un sitio especial al que se llega, porque es precisamente el camino que conduce a la meta lo que debe de motivar al equipo para que, a medida que uno se acerca a ella, sienta como crece como profesional y como persona, por ello cada meta debe de significar en cada miembro del equipo una sensación de crecimiento que les haga dar lo mejor de sí...hasta la siguiente, por lo que todos deberíamos de estar en constante crecimiento.

No pongas a Casillas de delantero centro, déjale donde está que lo hace muy bien

Todos los miembros de un equipo deben de ser seleccionados previamente en base a sus capacidades potenciales y a que puedan desarrollar su trabajo en sus áreas de fortaleza dejando que sus áreas de debilidad las suplan otros miembros del equipo que lo hagan mejor.

A la mayoría de los seleccionadores del mundo les encantaría contar con un portero como Casillas pero ninguno le pondría a jugar de lateral derecho... pues eso es lo que hacen algunos lideres de equipos que ponen a trabajar a alguno de los integrantes, no en lo que verdaderamente son plenamente capaces, sino en lo que manifiestamente son incapaces. ¿Exagero? En absoluto.

Todo equipo necesita un buen líder

Un líder hace que las cosas sucedan. Un líder en vez de incidir en formar parte del problema decide ser parte de la solución. Un líder en lugar de reaccionar, es práctico en función del objetivo a conseguir. Un líder es paciente en la búsqueda del resquicio para poder desarrollar todo el potencial del equipo. Un líder entiende, y media entre cualquier enfrentamiento entre personas porque sabe que no es un conflicto ente sus naturalezas, sino entre sus creencias, valores, formas de ver las cosas y patrones de referencia.

Un líder siempre da un paso atrás en pos de la victoria del equipo. Un líder sabe escuchar con interés sincero. Un líder observa antes de hablar porque nuestro cuerpo emite señales antes de emitir un solo sonido. Un líder sabe elegir a sus compañeros de viaje y saca lo mejor de ellos, incluso habilidades que ni siquiera ellos mismos saben que tienen.

Todo equipo necesita a un líder que no solo marque el rumbo, sino que coja el timón cuando la tempestad está a punto de hundir el barco.

En definitiva, ¿a qué equipo no le gustaría contar con un líder natural que cumpliera gran parte de los requisitos anteriormente especificados? Si tu organización no lo tiene, la obligación es buscarlo; si lo tiene, tu obligación es retenerlo.

Un músico que desafine de manera importante y permanente debe de estar fuera de la orquesta... inmediatamente

Todos tenemos días en los que emocionalmente no estamos en nuestro mejor momento. Durante dicho “secuestro emocional” nuestra capacidad de razonar esta muy limitada.

Un equipo lo entenderá; una vez, dos, tres, pero cuando su actitud impida avanzar de manera importante hacia los objetivos de equipo, hay que “sacrificarlo”, sin duda.

Un músico en una orquesta que desafine constantemente echa por tierra el trabajo de todos y de innumerables horas de ensayo. Un equipo no puede funcionar como un purasangre si cada uno va por su lado, porque entonces no se avanza nada, por el contrario, dichos purasangres deben de actuar juntos dirigiendo la diligencia hacia donde el líder decida, solo así el avance será más rápido y seguro.

En los manuales de batalla se especifica bien, que cuando un soldado vaya a hacer una trinchera la haga también para, como mínimo, otro compañero, porque va a necesitar de su ayuda en caso de peligro. La estructura de un equipo empieza por “cavar dicha trinchera” para que todos puedan apoyarse frente a cualquier amenaza…pero cuando no te puedes dormir porque no te fías de tu compañero de trinchera, existe un evidente problema.

La confianza de todos los miembros de un equipo debe de ser el nudo que aguante todas las presiones

Trabajar en equipo implica delegar trabajo y responsabilidad. Implica que parte de sus integrantes dejen de hacer algo porque tienen la confianza de que otro miembro lo hará, y la única forma de que la confianza fluya en un equipo consiste en generar credibilidad como consecuencia del cumplimiento sustancial del trabajo encomendado a cada miembro del mismo.

La confianza sin haber hecho méritos contantes para alimentarla es una palabra vacía dentro del vocabulario de un equipo. Cada miembro de un equipo tiene a priori una “cuenta bancaria” de confianza que se irá llenando o vaciando en función de las actuaciones diarias que se realicen, y son las actuaciones, y no las palabras, las que quitan o suman en dicha cuenta, por ello la confianza hay que “mostrarla” constantemente.

La confianza es imprescindible en un equipo, es el pegamento que une personalidades diferentes en pos de un objetivo común, y en este punto es importante destacar que hay personas que son desconfiadas por naturaleza, a los que yo les aconsejaría que siguieran el consejo del escritor Italiano Arturo Graf: “confiar en todos es insensato, pero no confiar en nadie es de neurótica torpeza”.

Un último consejo: no dudéis nunca en desconfiar de la actuación de las malas personas…no cambian nunca.

Fomenta el conflicto de ideas no así el de personas

A la mayoría de nosotros nos gusta defender nuestras ideas como si definiéramos nuestras más importantes posesiones. De la misma forma, si alguien no está de acuerdo con nosotros, e intenta imponernos las suyas no respetando las nuestras, tenderemos a adoptar una actitud no solo defensiva, sino que procederemos a “atacar” las suyas con el mismo o más ímpetu que con el que hemos sido “atacados”.

El espíritu de “o estás conmigo o contra mí” es incompatible con un buen trabajo en equipo. Entender que cada miembro de un equipo puede pensar de forma diferente es una de las mejores maneras de detectar la madurez de un grupo.

Pero una cosa es fomentar el conflicto de ideas, y otra cosa es que cada miembro del equipo tenga una idea distinta de adónde se debe llegar, y eso si puede llegar a ser un problema. Si decidimos ir todos a Santiago de Compostela, vamos a Santiago de Compostela, y ya decidiremos si vamos en tren, avión, coche o en peregrinación a pie.

Un conflicto de ideas que ayude en pos de un objetivo compartido por todos los miembros de un equipo, no solo es bueno, es necesario para abrir nuevas posibilidades, valorar distintas opciones, y ver las cosas desde distintos puntos de vista, pero siempre que no derive en descalificar a la persona por pensar de forma diferente, está en su derecho…y el del resto del equipo en hacerle o no caso en función de la capacidad de persuasión de sus argumentos.

No hay dolor cuando se está ganando y la meta del equipo está cerca

Un equipo debe de sentirse ganador, debe de visualizar la consecución de los objetivos marcados y sentir los abrazos del final exitoso, el sabor del vino en la celebración, debe de sentir como está creciendo cada día a medida que se va acercando a la meta.

Cuando estamos animados el cansancio no aparece. Cuando estamos motivados, el tiempo pasa como el rayo. Cuando estamos confiados en que vamos, entre todos los miembros del equipo, a conseguir nuestros objetivos, se esquivan mejor todos los obstáculos que con seguridad van apareciendo en el camino.

Para un equipo que cree en lo que hace, la meta siempre está cerca y cada día se “saborean” las mieles del éxito, porque para que todos los miembros de un equipo desplieguen todo su talento, el entusiasmo debe de ser uno de los principales motores que impulse el proyecto común.

¿Y si no se consiguen los objetivos marcados? Dicho pensamiento no cabe en el equipo, siempre hay que tener plena confianza en conseguir los objetivos marcados ….aunque a veces no se sepa cómo, lo que amplía las posibilidades de estudiar alternativas diferentes desde diferentes perspectivas.

Habilita a tu equipo de las habilidades necesarias y le darás armas para vencer a cualquiera

En la naturaleza, la ley de la consecuencia suele ser muy fiable, y consiste en que si sembramos semillas excelentes y se dan las condiciones climáticas óptimas, la cosecha suele tener una calidad proporcional a dichos factores.

En las relaciones ocurre lo mismo, donde sembramos discordia, lo normal es recoger lo mismo, y por el contrario donde sembramos buena fe y confianza, los frutos recibidos serán mucho más agradables.

Pero lo paradójico es que con respecto a las aptitudes de un equipo, si los miembros no tienen las habilidades necesarias para la consecución de los objetivos ¿cómo se van a conseguir estos?

El líder debe de proporcionar al equipo las habilidades imprescindibles para desarrollar su trabajo con el máximo potencial posible, si vamos a negociar un acuerdo importante, todos, y digo todos, los miembros deberían de haber hecho un curso de negociación, si se va a trabajar durante mucho tiempo, todos, y digo todos, deberían de haber hecho un curso de inteligencia emocional comunicación y trabajo en equipo.

Si no habilitamos actitudes, si no sembramos talento, no pensemos recoger excelencia.

Si quieres saber si vas a tener éxito en un determinado proyecto, mira quién está a tu derecha e izquierda en el equipo que estás construyendo

Nuestra familia nos condiciona tanto por herencia genética como en la formación de valores y creencias, la calidad humana de nuestros amigos nos pone frente al espejo de quiénes somos, el éxito de nuestro conocidos potencia nuestras posibilidades de éxito en la vida, y si quieres saber si tu equipo va a llegar lejos, tendrás que estudiar mucho si tus compañeros de viaje tienen las aptitudes humanas y técnicas necesarias para los objetivos planteados.

A veces nos dejamos llevar por la amistad a la hora de formar un equipo y no por las actitudes necesarias, llevarse bien es imprescindible en un equipo, pero amistad sin capacidad, es una garantía de fracaso profesional.

Un equipo debe de ser una auténtica guardia pretoriana alrededor de sus líderes, y la guardia pretoriana siempre fue elegida entre los mejores soldados de la tropa. Elegir a un buen equipo aunque se tarde más tiempo, es potenciar geométricamente y no aritméticamente las posibilidades de éxito de cualquier proyecto común.

En definitiva, saber trabajar en equipo no es fácil, es más bien una de las habilidades más complicadas que tiene cualquier organización, pero merece la pena invertir en elegir y capacitar a buenos equipos, y tal y como dice un gran proverbio Africano: “Para ir rápido basta con ir uno solo, pero para llegar lejos, tenemos que ir todos juntos”.