Facebook Twitter LinkedIn Google Plus

EN LA ABDICACIÓN DEL REY DE ESPAÑA D. JUAN CARLOS I -TRANSICIONES A LA DEMOCRACIA, TRANSICIONES EN DEMOCRACIA...

Autor: Luis Martí Mingarro, Presidente de la Unión Iberoamericana de Colegios y Agrupaciones de Abogados (UIBA). Académico de la Real de Jurisprudencia y Legislación.

La UIBA ha celebrado en Montevideo entre los días 28 y 31 de mayo su XXIº Congreso. Casi 40 años desde que nuestra Organización se constituyó, en Madrid, en el otoño de 1976.

A la llegada a Madrid nos hemos encontrado con la noticia de la abdicación de SM el Rey Juan Carlos I. De pronto la continuidad institucional ha quedado puesta sobre la mesa de las preocupaciones españolas.

Felizmente, en el ámbito institucional se están encauzando adecuadamente las cosas para que el relevo en la más alta magistratura del Estado se produzca con toda fluidez y pleno ajuste a la Constitución y al derecho.

Quiero resaltar que el Rey que ahora pone fin a su mandato ha dedicado su atención y su mirada preferente a la tarea de la construcción iberoamericana. Esa sintonía ha sido natural, por historia, por el presente y por el futuro, habida cuenta de que el tiempo de D. Juan Carlos I ha sido el tiempo de la recuperación democrática de nuestros países.

Nunca ha olvidado el Rey que nuestra Constitución de 1978, en su artículo 56, al definir al Rey como Jefe del Estado enfatiza la función de su alta representación internacional “especialmente en las naciones de su comunidad histórica”. O sea, en el mundo iberoamericano.

Cuando en 1976 fue fundada la UIBA SM el Rey Juan Carlos I presidió el acto constitutivo de la misma recibiendo en el Palacio de Oriente a los delegados de la abogacía de los veintiún países firmantes de nuestro estatuto constitutivo. Nos presidía entonces D. Antonio Pedrol y él presentó ante el Rey los objetivos y propósitos de la UIBA, que debieron ser acogidos con interés porque desde entonces siempre ha atendido con toda deferencia nuestros trabajos y nos ha recibido y apoyado. En el XXX aniversario de UIBA -en 2006- publicamos un libro con la efigie del Rey presidiendo el relato de nuestra historia que entonces editamos y en el que aparece su figura ostentando la presidencia de honor de nuestras conmemoraciones.

Muchos de los que formáis parte de nuestra organización, y que desde hace tantos años participáis en nuestros trabajos, habéis sido recibidos en las audiencias que el Rey concedió a la UIBA.

Cuando nuestro Colegio de Abogados de Madrid, que yo a la sazón presidía como Decano, cumplió 400 años, el Rey recibió la medalla de oro del Colegio y en aquel solemne acto intervino también la abogacía iberoamericana tomando la palabra en nombre de UIBA nuestro Secretario General, D. Javier Quijano quien subrayó que “… El ejercicio de nuestra profesión, ha sido uno de los factores más señalados de estructuración y conformación política, social y cultural de lo que hoy son los países de la comunidad iberoamericana…”.

Traigo esto a colación porque es natural que en una situación como la presente busquemos en el acervo de los recuerdos, con ánimo de contribuir a que la historia de nuestros países se desarrolle ahora en paz, sin las convulsiones de otros tiempos, y ahora con ajuste a la Constitución y al derecho aplicable.

Tal como tengo dicho en muchas ocasiones los abogados españoles hemos recibido siempre de nuestros compañeros de América el pálpito amigo, el calor fraterno de sus Colegios de Abogados. Algunas de vuestras corporaciones nacieron como ramas del mismo tronco del Colegio de Abogados de Madrid,  que ahora es sede permanente de la UIBA. Una UIBA que nos une a todos en la tarea común de contribuir a que se haga realidad el imperio del derecho en las naciones de nuestra comunidad histórica, Iberoamérica, que es por sí misma gran esperanza de la humanidad.

En estos momento en los que cambia el titular de la Corona española y toma el relevo su hijo con el nombre de Felipe VI, tiene sentido recordar que el Rey que llega, en su proceso de formación alcanzó la licenciatura universitaria en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, lo que hizo posible que fuera investido como colegiado de honor de Madrid.

Los abogados somos una profesión agradecida y no olvidamos a quienes aprecian nuestro difícil oficio, que se ejerce en condiciones de tensión a veces no siempre bien valoradas. Como prueba de esa gratitud el mismo día en que se conoció la abdicación del Rey le dirigí una carta de reconocimiento, enalteciendo el valor histórico de su reinado en el que, bajo su conducción, se produjo la transición en paz y la democracia fue salvada ante el golpe de Estado del 23F. Su Majestad se ha dignado agradecer inmediatamente nuestro apoyo.

A través de estas líneas quiero subrayar el valor que tiene para nuestro país que, en este momento del transito entre dos reinados, se estén debatiendo pública y democráticamente sustanciales aspectos jurídicos constitucionales. Junto a algunas minorías -dignas de todo respeto- que cuestionan la continuidad de la monarquía parlamentaria, la inmensa mayoría del pueblo y sus representantes contempla en paz el debate sobre el cómo aplicar la Constitución al específico supuesto de hecho de la abdicación. Finalmente se han cumplido las previsiones constitucionales y una ley singular, dictada en el ámbito parlamentario, dotará de eficacia a un acto del legislativo que, como ha dicho nuestro compañero el ilustre jurista Fernández-Fontecha “tomará la responsabilidad de dotar de eficacia al acto de abdicación, que siendo personal del Rey le trasciende y requiere por ello la intervención de las Cortes Generales”. Todo ello porque -deo gratias- nuestro régimen constitucional es el de una monarquía parlamentaria.

¡Qué diferencia con las ansiedades, tensiones y temores de los años 70 y 80! cuando en los procesos de la transición a la democracia la abogacía de nuestros países tuvo que hacer extraordinarios esfuerzos y contribuyó con el sacrificio, hasta de la propia vida, para que se alumbrara el camino hacia la democracia. Lo cierto es que como ha escrito Enrique Basla (otro gran pilar de la UIBA) “el viento de la libertad fue imparable” en todos nuestros países.

Eso no quita para que ahora al subrayar la gran aportación del Rey Juan Carlos I a la transición española y a todas las que le siguieron en América no debamos recordar también con especialísima admiración -como lo ha hecho Basla en un muy reciente trabajo- a abogados como Patricio Aylwin (Chile), a Óscar Pacciello (Paraguay) y a Seabra Faundes (Brasil), los “Abogados de Atocha” y “Mar de Plata”, y tantos otros que fueron soldados desconocidos que la abogacía aportó a los procesos de transición hacia el Derecho. Hablando de la transcendente aportación del Colegio de Abogados de Madrid a estos procesos de transición alguna vez he subrayado la pasión común, la convicción profunda que a todos nosotros nos embargaba en ese viaje hacia la libertad. Y es que íbamos todos los iberoamericanos de la mano del poeta León Felipe en la “… galera -en cuyo puente va el Capitán Cervantes- y sigue y boga entre la tempestad sobre la ola, las velas al Destino, el viento listo ...”.