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ENTREVISTA A ANTONIO GARCÍA NORIEGA...

Antonio García Noriega, Doctor en Derecho Constitucional

Los Derechos Fundamentales de las personas son algo absolutamente primordial para el desarrollo de una sociedad, pero muchas veces el día a día y las situaciones económicas y sociales que se viven hacen que no nos demos cuenta del gran número de ellos que se vulneran todos los días, incluso en países que tienen una gran desarrollo democrático y judicial. 

Foro Jurídico Iberoamericano.- Las Constituciones velan por los derechos de sus ciudadanos, pero a pesar de esto todavía son vulnerados Derechos Fundamentales, ¿por qué cree que esto sigue ocurriendo?

Antonio García Noriega.- Es una constante histórica. El Poder político, por naturaleza, tiende a extenderse, a dominar. Precisamente, las Constituciones son herramientas para que el ciudadano se defienda de esos intentos de prevalencia del Poder sobre él y las cartas de derechos que contienen las Constituciones son líneas rojas que marcan, sobre todo, el límite de lo que no es disponible de ninguna forma para los Poderes públicos (y para los demás ciudadanos, pero ahí entraríamos en otro tema).

FORJIB.- La situación económica que tiene un país lleva relación con respecto a esta vulneración?

A.G.N.- Aunque en teoría se vulneran los derechos en cualquier situación económica, lo cierto es que la economía influye en tres factores principalmente. El primero, que el nivel económico de un Estado determina su capacidad para dar a sus ciudadanos una educación cívica que los prepare frente a los abusos del Poder: es difícil que un país sin medios se pueda permitir formar ciudadanos políticamente activos y críticos. El segundo, que las situaciones de penuria impiden a las clases más desfavorecidas (que en una crisis pueden incluir a una amplia parte de la clase media) el poder pagarse las defensas que necesitarían para defender sus derechos: quien no tiene para pagar al panadero no se mete en pleitos para hacer valer sus derechos constitucionales. El tercero, que una economía pobre limita también los medios asistenciales del propio Estado, tales como la justicia gratuita, una magnífica herramienta de defensa de los derechos fundamentales cuando está bien organizada.

“Hay una jerarquía de la sensibilidad y los valores más sustanciales, como la vida, la libertad personal o la protección de la infancia, resaltan más y hacen parecer que no hay otras vulneraciones”

FORJIB.- Usted ha tenido una estrecha relación con Ecuador, ¿la defensa de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales es igual en todo el mundo?

A.G.N.- No. No hay dos iguales. Depende de muchos factores. Hay Estados en los que la opinión pública está concienciada en la materia y otros en los que no. Hay países con Constituciones técnicamente muy buenas pero que no se cumplen, porque faltan mecanismos eficaces para su defensa en la legislación ordinaria o los funcionarios y los jueces son corruptos. También es importante si un Estado tiene o no una tradición histórica autoritaria. Y la idiosincrasia nacional. Ahí está el caso de las Repúblicas de la antigua URSS: todas partieron de un mismo régimen presente durante casi un siglo pero cada una evolucionó de un modo distinto y sus sistemas de protección de los derechos humanos son muy diferentes en teoría y en eficacia práctica. Nada que ver Letonia o Lituania con Kazajastán o Bielorrusia en materia de tutela de los derechos humanos.

FORJIB.- ¿Se cumple realmente lo establecido en las Constituciones de los diferentes países?

A.G.N.- Ninguna sociedad, ningún Estado, es perfectamente respetuoso con su Constitución, pero se cuenta con ello. Es como el Código penal: siempre habrá delitos que lo vulneren. A lo que se aspira es a que el nivel de cumplimiento sea cada vez mayor y a que el catálogo de derechos fundamentales sea cada vez más amplio.

FORJIB.- Usted que tiene experiencia tanto en España como en América Latina, ¿qué diferencias en cuanto a vulneraciones de Derechos existen?

A.G.N.- Son muchas. Y ni siquiera podemos hablar propiamente de América Latina como una unidad politológica. Hay países muy autoritarios, carne de dictadura, en los que incluso sus períodos democráticos son convulsos porque no hay una tradición de respeto a los derechos humanos y la sociedad civil está resignada al caos jurídico: es el caso de Guatemala, Honduras o Nicaragua, por ejemplo. Otros son democracias envidiables, como Chile o Costa Rica. Y las particularidades son muy distintas: en Colombia, el mayor agresor de los derechos humanos es la guerrilla; en Venezuela, el Gobierno; en Argentina, la oligarquía económica asociada al Poder político; en Méjico, la delincuencia común y la organizada. Si ni siquiera los agentes vulneradores son los mismos, las tipologías de cómo se violan los derechos son casi infinitas, claro. Y también depende del momento: un mismo Estado puede ser hoy muy respetuoso con las libertades públicas y hace treinta años tiraba a sus ciudadanos disidentes desde los aviones o los asesinaba en las cunetas.

“En la sociedad liberal-democrática se considera que una persona sólo se desarrolla plenamente si puede gozar de los derechos fundamentales. En otras palabras, sin derechos constitucionales nuestra vida estaría limitada, mutilada”

FORJIB.- ¿Desde las Instituciones o Asociaciones de abogados internacionales se tiene un compromiso y una lucha por la preservación de los DESC?

A.G.N.- Al ciudadano de la calle le puede parecer que las organizaciones internacionales se pierden en palabrería, pero no es cierto en general. Hay un compromiso mayor en ellas que en los propios Gobiernos, lo cual es lógico: los gobernantes son los primeros interesados en vulnerar los derechos de sus ciudadanos. En las asociaciones y organizaciones internacionales suele haber grupos concretos (Comités de Derechos Humanos, Observatorios electorales, Anticorrupción, por ejemplo) muy activos que hacen un trabajo en el día a día callado, poco conocido públicamente, pero muy útil porque mantiene la presión sobre los malos Gobiernos. La verdad es que, sin ellas, algunos gobernantes harían muchas más barbaridades de las que hacen. Otra cosa es que haya organizaciones internacionales más o menos eficaces: no todas son iguales.

FORJIB.- Actualmente, ¿cuáles diría usted que son los Derechos Económicos, Sociales y Culturales más vulnerados?

A.G.N.- Todos. Lamentablemente, todos y cada uno de ellos. Pero algunos son de tal importancia que eclipsan a los demás. Por ejemplo, si estamos viendo a diario que a la gente la matan sus propios gobernantes, o que hay niños explotados en todos los sentidos, parece hasta frívolo quejarnos de que en el mismo país no haya libertad de prensa o de que se pinchen los teléfonos. Hay una jerarquía de la sensibilidad y los valores más sustanciales, como la vida, la libertad personal o la protección de la infancia, resaltan más y hacen parecer que no hay otras vulneraciones. Pero no nos engañemos: donde hay violaciones muy graves de derechos básicos no es que no las haya también leves o de derechos más o menos subordinados, sino que no se toman en cuenta. 

“Al ciudadano de la calle le puede parecer que las organizaciones internacionales se pierden en palabrería, pero no es cierto en general. Hay un compromiso mayor en ellas que en los propios Gobiernos”

FORJIB.- ¿Los ciudadanos son realmente conscientes de que se les están vulnerando derechos?

A.G.N.- Sí, pero no siempre tienen una idea clara de la diferencia que hay entre derechos fundamentales, derechos meramente legales y simples intereses. Se abusa de la terminología y eso produce confusión.

FORJIB.- ¿Qué es lo que debería hacer el sistema judicial para que estos derechos no fueran vulnerados?

A.G.N.- Lo primero, ser honrados e independientes los magistrados. Un juez corrupto o influenciable es una desgracia para el sistema jurídico en el que ejerce. Pero ser honestos no basta: los jueces también han de ser sensibles con los valores constitucionales que se les confían y no siempre sucede. Por ejemplo, en España, a pesar de ser un Estado teóricamente avanzado en cuanto al diseño de la protección constitucional de los derechos, algunos de éstos, como la presunción de inocencia, han llegado a ser papel mojado porque los jueces no terminan de enterarse de que esa presunción es un derecho fundamental que hay que respetar con cuidado exquisito, que no es una simple técnica de enjuiciar. Es muy duro decir que la Justicia española está en niveles tercermundistas en esta materia concreta, pero es verdad. Y se ha llegado a ello por una simple falta de sensibilidad de los jueces.

FORJIB.- ¿Qué significa y qué importancia tienen los Derechos Fundamentales para un país?

A.G.N.- Son la base de la estructura política del Nuevo Régimen, la sociedad liberal democrática que nos legaron las revoluciones americana y, sobre todo, la francesa. El sistema de derechos fundamentales supone reconocer al ciudadano un ámbito protegido frente al Estado y frente a los demás ciudadanos, unas facultades que puede ejercer y en las que el Poder no puede interferir. Hemos llegado a considerar normal que la Policía no pueda allanar nuestra vivienda, o que no se intercepte nuestra correspondencia, o que podamos irnos a vivir adonde queramos, o que no se censuren las películas que vemos. Son pedimentos tan elementales que cuesta recordar que son una conquista reciente y que, de hecho, hay muchos Estados en los que no se reconocen. En la sociedad liberal-democrática se considera que una persona sólo se desarrolla plenamente si puede gozar de los derechos fundamentales. En otras palabras, sin derechos constitucionales nuestra vida estaría limitada, mutilada. 

“Al ciudadano de la calle le puede parecer que las organizaciones internacionales se pierden en palabrería, pero no es cierto en general. Hay un compromiso mayor en ellas que en los propios Gobiernos”