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ENTREVISTA A ANTONIO GARCÍA NORIEGA...

“La Justicia no carece de medios, sino que no sabe administrar los que tiene, que son suficientes si se aplican a una organización eficaz”

Antonio García Noriega, doctor en Derecho Constitucional

 

Foro Jurídico Iberoamericano.- ¿Está “enferma” la justicia?

Antonio García Noriega.- Creo que es una opinión muy extendida, que comparto, la de que la Justicia española sufre deficiencias que, en lugar de resolverse, se hacen progresivamente más graves, más extendidas, más difíciles de resolver y que afectan a instituciones básicas para la calidad democrática. En ese sentido, la Justicia sí está enferma. Incluso muy enferma, podríamos decir. 

“Hemos traspasado la línea que separa un Estado de más o menos calidad democrática de uno que, simplemente, no es ya Estado de Derecho porque carece de las instituciones efectivas propias de éste”

FORJIB.- ¿Cuáles son las causas de esta situación?

A.G.N.-  Son muchas pero creo que las principales son la contaminación política  de los órganos superiores de la estructura judicial, la falta de sensibilidad de algunos jueces, fiscales e incluso abogados respecto de la importancia de instituciones básicas como la presunción de inocencia, la dejadez de unos y otros respecto de no dejar pasar los pequeños tics autoritarios en las actuaciones que en conjunto minan el sistema, la renuncia progresiva al sistema de garantías, que tiende a debilitarse con el tiempo en lugar de reforzarse… En fin, son muchas causas concurrentes. 

FORJIB.-¿Qué remedio sería necesario para curar a la justicia?

A.G.N.- En alguna ocasión he dicho que no hay varita mágica para esto. Lo primero sería que los profesionales jurídicos cobrásemos conciencia no de la existencia del problema, que de eso ya la tenemos, sino de su gravedad. Con ello, unirnos los distintos estamentos –jueces, fiscales, abogados, secretarios, procuradores- para imponer a los políticos e imponernos nosotros mismos, en la medida de lo posible, la rectificación de las deficiencias que hemos generado entre unos y otros. Y, sobre todo, hacer llegar a los ciudadanos la conciencia de la mala situación y de su importancia para el Estado de Derecho, de modo que el problema de la Justicia entre en la agenda política como un asunto prioritario. 

FORJIB.-¿Cómo ha llegado la Justicia a esta situación?

A.G.N.- Porque a los políticos no les interesa una Justicia independiente, a la opinión pública le ha dado igual lo que sucediera en ese ámbito, los jueces no han tenido reflejos ni previsión de la gravedad de la situación que terminarían propiciando sus pequeños errores individuales, los fiscales son la voz de sus amos políticos y algunos sacan buen provecho de ello, el corporativismo y las represalias actúan como una mordaza contra los jueces honestos –que son la mayoría- y críticos, la dirección de los abogados viene estando, desde hace años, en manos de tácticos, no de estrategas con visión de futuro, y casi nadie hace autocrítica, con lo que los problemas se abordan sólo con visión cortoplacista y escasamente imaginativa. Parece que las cabezas corporativas de unos y otros estamentos no quieren, o no saben, ponerse a pensar qué se debe de hacer que sea efectivo (no poses de protesta con toga o sin ella, que no deja de ser un pataleo más propio de chiquillos que de profesionales con ideas claras y capacidad de respuesta), con una estrategia nítida, coordinada entre los distintos estamentos implicados y a largo plazo. 

FORJIB.-¿Realmente los problemas que se achacan a la Justicia (escasos medios, alta litigiosidad, sueldos bajos, separación de poderes…) son la raíz de esta situación o hay algo más?

A.G.N.- De entrada, los que cita usted, y que son los que se transmiten a la opinión pública, son un puro mito, salvo el último. La Justicia no carece de medios, sino que no sabe administrar los que tiene, que son suficientes si se aplican a una organización eficaz. La cifra de litigiosidad está inflada escandalosamente y los sueldos son perfectamente dignos. Estos factores se vienen invocando como un mantra dándolos por buenos acríticamente, pero no son ciertos en absoluto. Lo que se pasa es que echar la culpa a cosas tan genéricas desvía la atención y, a la vez, evita el tener que entrar en contriciones por los propios errores de cada estamento jurídico. En cuanto a cuáles son esos errores, desbordaríamos el espacio de esta entrevista. Si me lo permite, me remito al libro recien publicado “La justicia enferma”.

“Es duro asumir que tu país no funciona, pero es absurdo cerrar los ojos a la evidencia, y aún hay muchos profesionales que lo hacen”

FORJIB.-¿Somos realmente consciente de la situación actual de la Justicia?

A.G.N.- Le diría que sí, porque así se deduce de las declaraciones formales de los profesionales del Derecho,  si no fuera porque continuamente me encuentro con juristas que se niegan a admitir la evidencia de la enfermedad de la Justicia y se han autoconvencido de que estamos mejor que nunca sin más que algún problemilla menor que apenas supone una discreta merma en la calidad democrática. Claro que es duro asumir que tu país no funciona, pero es absurdo cerrar los ojos a la evidencia, y aún hay muchos profesionales que lo hacen. 

FORJIB.-¿Deberíamos tener más en consideración este problema?

A.G.N.- Sobre todo, como digo, para incluirlo en la agenda política. 

FORJIB.-¿Qué reformas hacen falta actualmente en la Justicia? 

A.G.N.- Los juristas discrepamos más en la propuesta de curación que en el diagnóstico. En líneas generales, creo que, más que reformar generando instituciones nuevas, se trataría más bien de volver atrás en el camino de degeneración que se ha trazado desde la Constitución. Habría que hacer tabla rasa de muchas perversiones doctrinales y normativas y de la mala praxis que se ha ido creando y regresar al espíritu constitucional del que nos hemos apartado poco a poco. Por citar algunas, lo primero sería despolitizar el Consejo del Poder Judicial y avanzar en el autogobierno judicial; después, revisar la doctrina sobre presunción de inocencia, inmunidad judicial, indemnización de errores judiciales, prevalencia de hecho de la palabra del agente y automatismo de la detención en supuestos de violencia de género, y hacer más caso al Tribunal de Estrasburgo, cuyas pautas y recriminaciones venimos despreciando olímpicamente; reconfigurar la gratuidad de la Justicia y el sentido y forma de aplicación de las tasas; suprimir la dependencia política del Ministerio Fiscal derivando la defensa del Estado a la Abogacía del Estado; suprimir la mordaza expresiva que pesa sobre los jueces en grado notoriamente abusivo; aplicar criterios de eficiencia burocrática modernos a la oficina judicial… En fin, apunto unos pocos pero la lista es muy larga. 

FORJIB.-¿La sociedad actual cree en la Justicia?

A.G.N.- Ha dejado de creer. Al comienzo de la Transición, era una de las instituciones que más respeto merecían a los ciudadanos. Actualmente, y ahí están las estadísticas oficiales que lo manifiestan, es una de las peor valoradas por éstos. 

FORJIB.-¿Vivimos en un verdadero Estado de Derecho?

A.G.N.- No. En materia de Justicia, no. Rotundamente. Sé que esta valoración tan radical no es compartida a bote pronto por muchos juristas, pero cada vez hay más de éstos que asumen que hemos traspasado la línea que separa un Estado de más o menos calidad democrática de uno que, simplemente, no es ya Estado de Derecho porque carece de las instituciones efectivas propias de éste. Y digo efectivas porque igual da que las haya sobre el papel: si no funcionan en la praxis es como si no existieran, y eso es exactamente lo que sucede con muchas de las que configuran en teoría la Justicia española.