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LA IMPORTANCIA DE LA INVERSIÓN DIRECTA ESPAÑOLA EN LATINOAMÉRICA...

Autor: Erik Rovina Mardones, subdirector General Adjunto de política comercial con Iberoamérica y América del Norte

Latinoamérica es una prioridad para España en todos los órdenes, en el político, en el cultural (por motivos obvios) y, por supuesto, en el económico, dado su papel como importante socio comercial y como principal receptor de la inversión directa española.

Ciertamente es necesario resaltar que es mucho mayor la importancia de Latinoamérica como destino de nuestra inversión que como destino de nuestro comercio. Esta aseveración viene del hecho de que mientras que las exportaciones españolas a Latinoamérica suponen cerca del 6% del total de nuestras exportaciones a todo el mundo, la inversión directa española en Latinoamérica es más de una tercera parte del total de la inversión directa española en todo el mundo, un 36% concretamente.

El stock de inversión española en Latinoamérica alcanzó en 2011, última fecha disponible, los 131.853 millones de euros, lo que implica 694.000 puestos de trabajo creados allí por empresas españolas y que seamos el inversor de referencia en la región junto con los EEUU. Somos el principal inversor en países como Perú y Argentina (hasta la expropiación de YPF), el segundo inversor en Brasil, Chile, México y Costa Rica y el tercer país en Colombia, Guatemala, República Dominicana y Bolivia.

Estas cifras de inversión han venido tanto de flujos de inversión enviados directamente desde España como de la reinversión de beneficios de las empresas españolas allí implantadas, que en vez de repatriar beneficios, han preferido seguir apostando por ese mercado y seguir creciendo allí.

Dada la diversidad de tamaños de las economías y de políticas económicas en Latinoamérica, la presencia española en Latinoamérica no es la misma en todos los países. Destacan por encima de los demás Brasil y México, con un stock de inversión directa de 65.266 y 23.701 millones de euros respectivamente, siendo además Brasil el principal destino de la inversión directa española en el mundo. Estas cifras son razonables teniendo en cuenta el tamaño de las economías y su dinamismo en los últimos años. Le siguen economías más pequeñas pero incluso más dinámicas como Chile, Colombia y Perú así como aquellas economías que han sido muy relevantes para España en el pasado y que han ido perdiendo peso, como son Argentina y Venezuela. Por último estarían el resto, que son todas ellas economías mucho más pequeñas: las centroamericanas, del Caribe, Uruguay, Paraguay, etc.

Por todo lo anterior, y en líneas generales, podemos decir sin temor a equivocarnos, que sin la presencia inversora de empresas españolas en Latinoamérica, tanto de las grandes como de las miles de empresas de menor tamaño, las economías latinoamericanas no serían lo que son actualmente.

Y siguiendo el mismo razonamiento, podemos decir que la propia economía española no sería la misma sin la presencia inversora de España en Latinoamérica. La profunda crisis que padecemos habría sido mucho peor sin esa presencia inversora, que ha permitido diversificar fuentes de ingresos y minimizar los riesgos asociados a un único país. Muchas de las empresas allí instaladas obtienen ya una parte muy sustancial de sus ingresos y beneficios totales de esa zona.

Analizando los motivos de la inversión española en Latinoamérica, éstos son varios:

– En primer lugar, uno general que no tienen que ver con Latinoamérica. Los sectores donde España es ser líder mundial, tales como servicios financieros, de generación de energía, de telecomunicaciones, de construcción de infraestructuras, etc. son sectores cuya actividad no puede ser exportada y que por lo tanto, requiere de implantación física en el país.

– En segundo lugar, son países que llevaron a cabo políticas de privatización de empresas públicas y que liberalizaron sectores tradicionalmente dominados por empresas públicas y por ahí entraron los primeros flujos de inversión española en la región.

– En tercer lugar, la cercanía cultural, que hacía más sencillo para las empresas españolas que empezaban a internacionalizarse, optar por Latinoamérica frente a otras regiones. Este enfoque ya está superado, es decir, el idioma o afinidad cultural no es lo que determina una inversión, así por ejemplo, las inversiones españolas en EEUU alcanzan los 47.998 millones de euros y en Reino Unido los 50.854 millones de euros, siendo estos dos países sólo superados por Brasil como destino de nuestra inversión.

– En cuarto lugar, la estabilidad y crecimiento económico de la última década. La estabilidad ha venido dada por las lecciones aprendidas tras las crisis de la deuda de los años 80 que han hecho que hayan controlado desde entonces de forma muy estricta sus niveles de deuda, sus reservas y sus principales desequilibrios económicos. Lecciones todas ellas que también estamos aprendiendo nosotros y que esperemos que no se nos olviden en el futuro. Por su parte el crecimiento económico ha venido dado no sólo por el dinamismo asiático y su enorme demanda de materias primas de las que Latinoamérica es muy rica sino también por la propia demanda interna de los países latinoamericanos.

– En quinto y último lugar, un factor que no explica la inversión directa española en Latinoamérica pero que ayuda, y es el apoyo institucional español a la inversión directa española. Este apoyo institucional se traduce en tres aspectos:

• Apoyo a la estabilidad jurídica, a través de la firma de Acuerdos de Protección y Promoción Recíproca de Inversiones (APPRI): todos los países de la región, a excepción de Brasil, han firmado APPRI con España. Bolivia ha denunciado el APPRI pero este sigue siendo válido durante 10 años para las inversiones realizadas con anterioridad a la denuncia. Los APPRI permiten el recurso a tribunales de arbitraje internacionales frente a las decisiones de los gobiernos que las empresas puedan considerar ilegales y discriminatorias.

• Convenios para evitar la doble imposición: prácticamente todos los países de Latinoamérica tienen uno, con la excepción de Perú, Paraguay, Guatemala y República Dominicana, si bien éste último está en fase de tramitación parlamentaria allí y esperamos que pueda entrar en vigor lo antes posible.

• Financiación pública a proyectos de inversión: la Secretaría de Estado de Comercio (SEC) cuenta con tres fondos para el apoyo a proyectos de inversión: el FIEM, gestionado por la Dirección General de Comercio e Inversiones, de la propia SEC y, el FIEX y el FONPYME, gestionados por COFIDES. Este apoyo financiero, especialmente durante los últimos años y con las restricciones financieras de la economía española y de sus empresas, ha sido especialmente relevante.

Qué ocurrirá en el futuro con la inversión española en la región dependerá fundamentalmente de dos aspectos: por un lado del marco jurídico de los países, que sea estable, predecible y no discriminatorio y por otro lado, de la marcha económica de estos países.

Por el lado del marco jurídico, hay una cierta dicotomía entre países con políticas más ortodoxas, orientadas al libre mercado e “investor friendly” y otros cada vez más proteccionistas, que ponen el énfasis en el sector público y que además en algunos casos son beligerantes con el extranjero. Sin necesidad de señalar qué país está en qué grupo, simplemente quiero señalar algo obvio, y es que, sin negarle a ningún país la legitimidad de legislar y gobernar como considere oportuno, está claro que la inversión tenderá a ir allí donde sea respetada.

Por el lado de la marcha económica de los países, las perspectivas de crecimiento de las economías latinoamericanas son positivas y mejores que en años anteriores pero hay un alto grado de incertidumbre ya que en su mayoría dependen en cierto grado de las exportaciones de materias primas y éstas dependen de la marcha económica en el resto del mundo, especialmente Asia, Estados Unidos y la Unión Europea. En este sentido son fundamentales las reformas que muchos países están implementando para liberalizar numerosos sectores y dotar a sus economías de mayor competencia, favoreciendo su mercado interno. Por otro lado, la marcha económica también depende del punto anterior, lo que retroalimenta la importancia del marco jurídico: a mayor seguridad jurídica, mayor inversión, tanto extranjera como doméstica y por tanto, mayor crecimiento económico.

Por último, y también relevante, será el comportamiento de la economía española en los próximos años. Aunque parece que vemos la luz al final del túnel, aun queda mucho tiempo para salir realmente, que no estadísticamente, de la recesión. Así, la falta de dinamismo de la economía española, junto con las experiencias positivas de las empresas españolas que ya han invertido en Latinoamérica y el hecho de hacer de la necesidad virtud, llevarán a una nueva oleada de inversiones españolas en la región. Estas inversiones ya no serán protagonizadas en exclusiva por las grandes empresas, las que todos conocemos, sino por las medianas, algo que ya ha empezado a verse en numerosos países de la región.