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INTERNACIONALIZACIÓN DE LOS DESPACHOS DE ABOGADOS...

Autor: Santiago Mediano

La globalización, y la progresiva eliminación de las barreras al comercio internacional, han traído consigo la necesidad de manejar instrumentos jurídicos que sean adecuados en entornos en los que una pluralidad de ordenamientos resulte aplicable. La sofisticación del comercio y las transacciones internacionales, la constante búsqueda y apertura de nuevos mercados, y la necesidad de competir con operadores de prácticamente todo el mundo, obligan a las empresas a dotarse de un asesoramiento legal cada vez más complejo. Para dar satisfacción a estas necesidades, los abogados no podemos sustraernos del proceso globalizador, o deberemos a aceptar quedar al margen de los tiempos que corren.

“Es cada vez más frecuente que las firmas jurídicas incorporen abogados de otros países, no solo cercanos, sino, en ocasiones, muy distantes” 

Por eso los despachos de abogados prescinden de su carácter local. Es cada vez más frecuente que las firmas jurídicas incorporen abogados de otros países, no solo cercanos, sino, en ocasiones, muy distantes. Algunos despachos van más allá, incorporándose a alianzas o asociaciones internacionales. Sin embargo, la apuesta más decidida, y también la más arriesgada, es la creación de una red internacional propia de oficinas. Así, los despachos de abogados siguen la senda de sus clientes, convirtiéndose en multinacionales ellos mismos. Es la mejor forma de responder a la internacionalización de las empresas.

En Santiago Mediano Abogados llevamos muchos años asesorando, tanto a empresas españolas como extranjeras, en sus procesos de internacionalización. Abogados y abogadas de diferentes países europeos, y del continente americano, asesoramos día a día a nuestros clientes, empleando para ello el conocimiento de una multiplicidad de ordenamientos jurídicos, así como del funcionamiento de las transacciones y el comercio internacionales.

SI comenzamos por asesorar a clientes que operan en toda la península ibérica, gracias a nuestras oficinas portuguesas, contamos ahora con juristas suizos, ingleses, qataríes y americanos. Además, podemos decir, con orgullo y satisfacción, que ponemos a disposición de quienes nos confían sus asuntos una dilatada red de corresponsales en prácticamente todo el mundo, red de excelencia acreditada a lo largo de más de una década de trabajo común. Es, sin duda, una apuesta fuerte y arriesgada. Estamos convencidos que es también una apuesta ganadora, pues así nos lo han demostrado nuestros clientes.

Sería equivocado pensar que esta necesidad de asesoramiento global sólo se refiere a grandes compañías. También las pymes, y muy especialmente, la empresa familiar, se hallan involucradas en negocios transnacionales. De hecho, la propia supervivencia de las empresas está detrás de la internacionalización en la distribución de sus productos y servicios. El comercio electrónico, la competencia, los flujos en la disponibilidad del crédito, la capacidad inversora, la penetración en mercados emergentes, la expansión o la sostenibilidad, son cuestiones que atañen a todos, y no sólo a las grandes corporaciones.

Incluso un mercado como el cultural, tan ligado a la lengua, está irreversiblemente llamado a la globalización. Hasta la gestión colectiva de los derechos de propiedad intelectual se internacionaliza. Este mercado, fragmentado en territorios durante más de cien años, se internacionaliza. Ésa es también la apuesta del Parlamento Europeo y el Consejo. Su propuesta de directiva sobre gestión colectiva de derechos de autor y licencias musicales multiterritoriales termina con la compartimentación del territorio europeo, previéndose la constitución de macro-entidades gestoras, que cubran con sus licencias el territorio de los 27 Estados de la Unión.

¿Cómo no sumarse a esta corriente desde los despachos de abogados? ¿Cómo no salir de la comodidad del entorno local para dar respuesta a las nuevas necesidades que surgen? No sólo es una oportunidad, sino que puede afirmarse que es una obligación, si debemos aportar valor a la sociedad en la que vivimos y de la que participamos.

Con ello, acompañando a nuestros clientes en sus procesos de internacionalización, asumimos los mismos riesgos que ellos, nos enfrentamos a los interrogantes que les asaltan, y experimentamos sus mismos problemas. Así, no nos limitamos a “ver los toros desde la barrera”, sino que saltamos al ruedo, y vivimos sus inquietudes, y, consecuentemente, les comprendemos mejor. Y les servimos mejor.

Nunca antes los muros entre las necesidades de las empresas y los abogados se diluyeron tanto. Nunca antes clientes y asesores se aproximaron tanto. Es una consecuencia de la globalización. Ésta, sí, claramente positiva para todos. Es una gran oportunidad. Aprovechémosla.