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LA INTERNALIZACIÓN DE LAS EMPRESAS ESPAÑOLAS...


La internalización de las empresas españolas: Una necesidad y un reto






Javier Mata

Socio director de la oficina de Madrid del Despacho Jurídico Olleros Abogados. Profesor de Derecho Concursal en el Instituto de Empresa y en la Universidad Carlos III, Profesor de Corporaciones y Grupos en el Instituto Superior de Derecho y Economía, Árbitro de la Corte de Arbitraje de la Cámara de Comercio de Madrid. Olleros Abogados cuenta con una importante experiencia en asesoramiento legal en procesos de internacionalización en Iberoamérica.


Un proceso de internacionalización equilibrado, permite recuperar los márgenes de rentabilidad y, sobre todo, diversificar la exposición a un único mercado. Este es el mensaje de las Administraciones Públicas, de los operadores económicos y de los especialistas y, a partir de él, el Gobierno de la Nación y los Gobiernos Autonómicos, han lanzado toda una serie de programas y proyectos de apoyo a los procesos de internacionalización de las medianas y pequeñas empresas.

Desde las distintas Administraciones se han creado nuevos mecanismos o se han perfeccionado o ampliado los ya existentes, para apoyar cualquier proceso de expansión internacional de los empresarios y empresas españolas como remedio eficaz para dar la vuelta, en positivo, a sus cuentas de resultados.

Programas de asesoramiento, instrumentos de promoción, extensa información online, participación en ferias internacionales, misiones comerciales y misiones inversas, jornadas técnicas y comerciales… incluso programas de co-financiación y cooperación público-privada como respaldo a los procesos de internacionalización.

Si ya es difícil la toma de decisión para iniciar un proceso de expansión internacional, más compleja es su ejecución. Salvo las grandes empresas, el resto del tejido empresarial español, no ha sido tradicionalmente potente en procesos de expansión exterior. Es sorprendente que, incluso en mercados culturalmente tan cercanos como el Iberoamericano, las cifras estadísticas de presencia de empresas españolas medianas y pequeñas, sean exiguas.

A pesar del apoyo de la Administración y de las Organizaciones Empresariales a la expansión internacional, e incluyo la mayor flexibilidad de la banca para la financiación de los procesos de internacionalización, la dificultad última se produce “sobre el terreno”.

El empresario que se internacionaliza desconoce, en muchos casos, la idiosincrasia del país de destino, otras veces le son ajenas sus referencias culturales y, sobre todo, le tiene un gran temor, fundado, a los operadores del país de destino.
La empresa que decide salir al exterior, desconoce el régimen jurídico y fiscal del país de destino, desconoce también los operadores jurídicos locales y las características y funcionamiento de las distintas Administraciones Públicas de su nuevo destino empresarial.

Existen instrumentos de ayuda, propiciados por la Administración española y las Asociaciones de Empresarios, desde guías hasta promotores y asesores contratados por la Administración y una disponibilidad absoluta por parte de las Oficinas Comerciales, del ICEX, Organismos Autonómicos equivalentes y Cámaras de Comercio.

Sin embargo, y a pesar de todo ese apoyo, el empresario que decide dar un paso tan esencial, ha de sostenerse en operadores locales para la creación de su negocio exterior y para el diario discurrir de la aventura empresarial.

A título enunciativo, necesita auxilio en el país de destino, en la búsqueda de socios financieros o no financieros para el arranque de su empresa; para el desarrollo de la estrategia empresarial, sus aspectos mercantiles, societarios y contractuales; en el análisis de las fórmulas de implantación y colaboración empresarial; en los procesos de compras y/o alquileres de bienes muebles o inmuebles; en la contratación o expatriación de trabajadores; en algo tan importante como la preparación y revisión de contratos mercantiles con proveedores, clientes, distribuidores, etc…; y en la gestión de patentes internacionales.


 

Especialmente sensible es la materia fiscal, pues existen importantes implicaciones en materia de tributación derivadas de la expansión internacional, de tal forma que es vital para el éxito de ese proceso exterior el análisis de la normativa tributaria del país de destino, para ponerla en directa relación y coordinación con la española, aplicando técnicas correctas de planificación fiscal internacional, mediante el estudio de los convenios de doble imposición y protección recíproca de inversiones; de la normativa de control de cambios y la referente a blanqueo de capitales y, siempre, una adaptación a los sistemas contables y financieros locales para una contabilidad correcta y eficaz.

Es sustancial no errar en la elección de la forma jurídica más apropiada para crear la estructura internacional, en la elección de la fórmula asociativa adecuada con él, más que posible, socio local, la propia forma jurídica de implantación en el país de destino y en la coordinación entre la estructura exterior y la española a través de los diferentes sistemas jurídicas de grupo internacional.
No es baladí la prevención procesal ante posibles conflictos judiciales que, en muchos casos y países, hace aconsejable huir de las jurisdicciones locales mediante el acogimiento a los sistemas de mediación y arbitraje internacional. Por lo anterior, son necesarios los programas de Apoyo Jurídico Internacional.

Este apoyo tiene varias fases y se desarrolla durante todo el proceso de internacionalización, desde su propia concepción y planificación. Cuando el empresario decide internacionalizarse, en primer lugar debe planificar el proceso, realizando (además de la económico-empresarial) una prospección jurídico-tributaria del país de destino cuyas especialidades debe incluir en su plan de negocio, contemplando las peculiaridades mercantiles, contractuales, laborales, tributarias, contables, financieras y regulatorias, entre otras. Esas peculiaridades darán forma jurídica al proceso de expansión.

La segunda fase se desarrolla en el país de destino. Es importante que el asesor español acompañe a su cliente en el proceso internacional desde la misma planificación y, muy especialmente, en las primeras fases de creación y desarrollo del proyecto ya en el exterior, en eficaz colaboración para la selección de asesores jurídicos, fiscales, contables y financieros, en la elección definitiva de la estructura jurídico-fiscal exterior, así como en su constitución y arranque y, sobre todo, en la coordinación con los asesores extranjeros para el diseño e implantación de la estructura internacional.

Por último, el seguimiento y coordinación del proyecto durante toda la duración del proceso de internacionalización, permite el control del asesoramiento que se presta en el país de destino, el mantenimiento óptimo de la estructura internacional y su evolución dinámica. Se realiza a través de una serie de protocolos de comunicación, coordinación y decisión de carácter internacional que permiten una, más que razonable, seguridad del proceso y un alto valor añadido.

La dificultad de un proceso de expansión internacional, no es tanto la toma de decisión sino su aplicación. El asesoramiento a la empresa que se internacionaliza, que se lleva a cabo por parte de sus consejeros españoles de confianza, le permite adquirir esa misma confianza en los profesionales del país de destino y al empresario concentrarse en las estrategias y decisiones relativas al negocio, multiplica la seguridad jurídica y aumenta las posibilidades de viabilidad del proyecto exterior.