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¿JUGANDO “A SER DIOS”?...

Autor: Yvette Velarde D`Amil, Doctora en Derecho, profesora de Derecho Civil CUNEF

El desarrollo de las técnicas de reproducción humana asistida (TRHA) desde mediados de los años 70 del siglo pasado, ha permitido el aumento de esperanza y de éxito en los tratamientos contra la esterilidad y la infertilidad humanas, a la vez que ha impulsado la creación de nuevos procedimientos para la prevención y cura de enfermedades de transmisión genética.

Este continuo avance de las disciplinas científicas relacionadas con este tema (ingeniería genética, biomedicina, entre otras), ha llevado aparejado la manipulación de material genético humano en la investigación y experimentación de técnicas cada vez más depuradas y sofisticadas.

Esa posibilidad de recurrir a los medios arbitrados artificialmente en laboratorios y con la asistencia y supervisión de personal sanitario, para conseguir el ansiado embarazo y la posterior procreación. Ha revolucionado enormemente la percepción, las formas o modos en que las personas solas o las parejas se enfrentan a los problemas de esterilidad/ infertilidad que puedan padecer.

Técnicas de reproducción humana asistida (TRHA)

Podemos definir las TRHA, como todos aquellos procedimientos médicos, creados con la finalidad de lograr la procreación por medios no naturales, mediante la manipulación de las células reproductivas femeninas y masculinas.

La reproducción asistida puede llevarse a cabo empleando distintos tipos de técnicas. La elección de la más adecuada, dependerá de las circunstancias y problemas personales de cada pareja o personas que se sometan a estos tratamientos.

Las TRHA se clasifican fundamentalmente en dos grandes tipos: la Inseminación Artificial (IA) y la Fecundación in Vitro (FIV).

1.- Inseminación Artificial (IA)

La IA consiste en la introducción en el útero de una mujer, de semen, bien sea de su cónyuge (IAC), o de un donante anónimo (IAD)
• con semen del cónyuge (IAC)
• con semen de donante (IAD)

2.- Fecundación in Vitro y transferencia embrionaria (FIVTE)

Cualquier técnica por medio de la cual se extrae quirúrgicamente, un ovocito a una mujer, que posteriormente se fecunda por un espermatozoide, en condiciones de laboratorio.

2.1.- Técnicas convencionales de FIVTE

2.2.- Técnicas no convencionales de FIVTE

• Transferencia intratubárica de gametos (GIFT),
• Transferencia intratubárica de cigotos (ZIFT),
• Transferencia intratubárica de embriones (TET)
• Inyección intracitoplásmica de espermatozoides (ICSI)
• Inyección intracitoplásmica de espermátidas redondas (ROSI) o alargadas (ELSI).

3.- Diagnóstico preconcepcional y preimplantatorio

Son técnicas concebidas para impedir que se transmitan a los descendientes un determinado defecto y/o enfermedad genética, tanto cuando ambos progenitores son portadores del mismo o sólo la mujer.

Sin embargo, en el desarrollo y utilización de las TRHA, al igual que en muchos otros campos, la ciencia ha avanzado más de prisa que la normativa reguladora de los resultados de estos experimentos, creando vacíos legales.

En nuestro ordenamiento jurídico, la norma vigente y que regula la materia, es la Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción humana asistida.

Uno de los aspectos que resalta como novedosos la Exposición de Motivos de la Ley 14/2006, es la nueva regulación que se da a las TRHA, “la nueva Ley sigue un criterio mucho más abierto al enumerar las técnicas que, según el estado de la ciencia y la práctica clínica, pueden realizarse hoy día.”

En efecto, en el Anexo A, de la mencionada Ley y bajo el epígrafe Técnicas de reproducción asistida, hace una enumeración de las TRHA permitidas en nuestro Derecho, a saber:

• Inseminación artificial.

• Fecundación in Vitro e inyección intracitoplásmica de espermatozoides con gametos propios o de donante y con transferencia de preembriones.

• Transferencia intratubárica de gametos.

Según lo dispuesto por la mencionada Ley, la utilización de las TRHA requiere que tanto los usuarios como las receptoras de dichas técnicas hagan aportaciones voluntarias de material biológico o genético a través de consentimiento informado, expreso y escrito.

Es necesario que en ese intercambio de material embrionario se establezcan los límites y controles que garanticen que en los experimentos que se lleven a cabo, se respete en todo momento la dignidad de la persona desde la perspectiva ética y jurídica.

En este sentido, la Exposición de Motivos, de la Ley 14/2006, dispone que “no parece haber duda de que la investigación científica y tecnológica debe continuar su expansión y progreso, y que no debe ser limitada si no es en base a criterios fundados y razonables que eviten su colisión con los derechos humanos y con la dignidad de los individuos y las sociedades que constituyen, a la que no puede renunciarse.”

¿Pero qué ocurre en otros países? ¿Quién controla ese necesario respeto a los derechos y a la dignidad humana como límite irrenunciable a la progresión científica?

Estos interrogantes y muchos más se nos han planteado, en cuanto ha llegado a nuestro conocimiento una investigación iniciada en octubre de 2012, por un equipo de científicos japoneses de la Universidad de Kyoto, encabezados por el Dr. Katsuhiko Hayashi.

Este científico ha publicado el 11 de julio de 2013, en la prestigiosa revista científica Nature Protocols, los resultados de su investigación concluyendo, que es posible la creación de células germinales primordiales (PGC), las precursoras comunes de las células sexuales femeninas y masculinas, a partir de la utilización de células de la piel de ratones.

Aunque la investigación se encuentra aún en una fase inicial, según los expertos, los resultados pueden ser calificados de “sorprendentes” ya que suponen un avance sin precedentes en la denominada medicina reproductiva. Y ello, debido a que el científico japonés y su equipo afirman que podrán lograr dos resultados igualmente extraordinarios y novedosos:

• conseguir la creación de óvulos a partir de células de la piel de las mujeres infértiles, lo que les permitirá tener hijos; y

• la posibilidad de crear células sexuales del género opuesto, es decir, óvulos masculinos y esperma femenino.

El doctor Hayashi y el equipo que lidera, prosiguen en sus experimentos con la finalidad de poder aplicar con éxito y a la mayor brevedad posible, en los seres humanos, el resultado de su investigación.

Debemos congratularnos de todo avance de carácter científico que permita aumentar las expectativas e incluso las probabilidades de procreación de las personas aquejadas por cualquier causa de infertilidad y/o esterilidad, porque es un logro que puede redundar en beneficio de la humanidad en su conjunto.

Nos parece, por consiguiente, que la posibilidad de crear células reproductivas femeninas a partir de células de la piel de las mujeres infértiles, puede considerarse un hito sin parangón en la medicina reproductiva, eliminando los casos más severos de infertilidad.

No obstante, y por el contrario, la sola idea de imaginar la eventual y futura producción de esperma femenino y de óvulos masculinos, más que una noticia esperanzadora, nos parece espeluznante, una aberración.

Y cabría preguntarse:

¿Es lícito, ético, moral tener un hijo por cualquier medio y a cualquier precio? ¿El fin justificaría los medios?

¿Están estos científicos jugando “a ser Dios”? ¿Qué sentido tiene alterar el género de nuestras células reproductivas si ya existen bancos de esperma y de óvulos; si pueden adoptarse embriones e incluso en ciertos países, se considera válida la gestación por sustitución?

La investigación y la experimentación científica no parecen tener límites. Sin embargo, su progresión imparable no debe realizarse al margen del Derecho ni a espaldas de las convicciones éticas y morales de la sociedad.