Facebook Twitter LinkedIn Google Plus

LA RSE COMO NEXO ENTRE ESPAÑA Y AMÉRICA LATINA...

Autora: Helena Ancos Franco. Coordinadora del Área de Responsabilidad Social del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI) y de la Red Interuniversitaria de RSE

Los fundamentos teóricos de la Responsabilidad Social Empresarial han avanzado mucho en los últimos años. La perspectiva neoclásica sobre la libre empresa que presuponía una armonía entre los intereses privados y los públicos y que asumía que la principal finalidad empresarial de obtención de beneficios privados conducía indefectiblemente a un impacto positivo sobre el conjunto de la sociedad ya no cuenta con acérrimos defensores.

“En las relaciones entre España y América Latina, la RSE se presenta como un terreno de oportunidades, de aprendizaje y de colaboración”

La fuerza de los acontecimientos, en especial las causas y las consecuencias de la Gran Crisis, han restado capacidad de persuasión a los que juzgaban la actividad empresarial en términos puramente económicos. En última instancia, los más escépticos a los parabienes de la Responsabilidad Social Empresarial se han posicionado a favor de teorías sobre el valor compartido, la reputación o la innovación, dimensiones parciales de la RSE que si bien son necesarias para avanzar en la sostenibilidad, no pueden obviar que ésta necesita de fundamentos macroeconómicos para poder avanzar y de exigencias legales promotoras de la RSE para crear un ecosistema favorable a los negocios responsables.

La gran paradoja de la RSE es utilizando un símil, la del Caballo de Troya. Tratar de promover una transición desde una economía de mercado hacia una economía sostenible y responsable, con las mismas armas, las del valor económico, pero desde una posición de inferioridad estratégica. Y entretanto, ir abriendo paso a la ética y a la racionalidad que implica considerar el sentido social y la revisión de los valores de la economía.

La RSC tiene que abrirse paso en medio del modelo que tenemos; hay que crear incentivos de mercado, y son muchos los ámbitos (sociales, económicos y medioambientales) y los contextos geográficos a los que tiene que adaptarse. Y todo ello, en medio de la carrera contrarreloj de la competencia internacional y de los desafíos del cambio climático y del desarrollo humano.

La transición desde actividades centradas en el corto plazo hacia la alineación a largo plazo de los impactos sociales, económicos y medioambientales dejará un amplio margen para conductas irresponsables (principalmente de los free riders) amparadas por el carácter transnacional de los negocios, por los distintos estándares legislativos, y por las diferentes motivaciones que guían la reputación, el marketing y la creación de riqueza económica. A modo de ejemplo de los dobles estándares usados por las empresas, hace poco un director de RSC de una multinacional, confesaba que su empresa “utilizaba” el Pacto Mundial al que se habían adherido, no por convicción, sino como “licencia para operar” en América Latina. Esta “falta de coherencia” en la RSE, cuando no los comportamientos abiertamente irresponsables, amparados por las fronteras geográficas y de entorno de negocios, constituyen el principal problema de la responsabilidad social.

De ahí que cuando se pretende hacer una panorámica de la RSE en el mundo, no se pueda obviar esta dimensión. La RSE avanza a pasos distintos en España y en América Latina. Aunque las herramientas técnicas, estándares, y crisis reputacionales son rápidamente exportables, el juego de la RSE viene de la mano del contexto económico internacional y de las características de las economías nacionales donde se desarrolla.

Más concretamente, en las relaciones entre España y América Latina, la RSE se presenta como un terreno de oportunidades, de aprendizaje y de colaboración.

En primer lugar, el juego de la competencia internacional está siendo el director de orquesta de la RSE. Las empresas españolas miran hacia el exterior y necesitan hoy más que nunca, de la RSE para legitimarse en los mercados. La colaboración y la contratación empresarial tradicionales y las inversiones tal y como las hemos venido conociendo, han perdido gran parte de su sentido. Y América Latina, busca socios comerciales que le aporten valor, garantías de cambio económico y social, y la sostenibilidad es la “excusa” perfecta.

Por otro lado, las distintas perspectivas de la RSE en estos dos ámbitos geográficos proceden también de sus propias economías internas. El contexto institucional local en el que se desenvuelve la empresa determina no sólo las oportunidades empresariales, sino todo un conjunto de incentivos para el desarrollo de la RSE: la implicación de la empresa con la RSE puede evolucionar o abarcar desde estrategias de cumplimiento de estándares regulatorios mínimos para evitar sanciones por incumplimiento o las pérdidas asociadas a daños en su reputación corporativa hasta actitudes más proactivas en función de iniciativas de mercado existentes (impuestos por contaminación, licencias medioambientales, incentivos en compras públicas, fondos de pensiones e inversión socialmente responsable, etc.). Todos estos elementos cuentan con diversos grados de desarrollo en cada Estado.

Si la RSE en España y el contexto europeo suponía un intento de superar el marco legal protector del medioambiente y de los derechos de los consumidores y de las normas de calidad, en América Latina ha tenido una base más filantrópica y de negocios inclusivos. No obstante, se están observando dos tendencias: por un lado, el proceso se está invirtiendo como consecuencia de la crisis económica, es decir, nos encontramos con un mayor desarrollo normativo en América Latina y una eclosión de negocios sociales y de la acción social en Europa. Por otro, y en base a lo anterior, la RSE en ambas regiones está convergiendo, haciéndose más uniforme.

Finalmente, hemos mencionado la RSE como ámbito de colaboración entre España y América Latina, que se materializará cada vez más, bien a través de alianzas público privadas para el desarrollo, bien a través de negocios inclusivos que favorezcan un mayor reparto de la riqueza.

En efecto, los partenariados en la búsqueda de objetivos de desarrollo sostenible van a jugar sin duda un papel creciente en los próximos años. La colaboración entre empresas y ONG, y entre empresas y administraciones públicas está llamada a otorgar una nueva dimensión a la responsabilidad social, enriqueciendo la calidad del marco institucional nacional al mismo tiempo que contribuirá a recuperar la armonía perdida entre los intereses privados y las prioridades públicas.

El caso más paradigmático probablemente sea el de los negocios en la base de la pirámide, donde innovaciones empresariales pueden ponerse a disposición de las poblaciones más desfavorecidas para proveer bienes y servicios básicos cuya oferta resulta poco asequible para las autoridades públicas.

En definitiva, las fronteras geográficas pueden suponer un riesgo para la causa de la sostenibilidad pero los especiales vínculos entre España y Latinoamérica proporcionan una triple dimensión a la RSE: como oportunidad, como vehículo de aprendizaje mutuo y como instrumento de colaboración. La responsabilidad como árbitro y como eje rector de todos estos desafíos. La RSE como embajadora del cambio económico y social entre ambos lados.