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LA FÓRMULA DEL ÉXITO...


La fórmula del éxito



Florentino García González

Abogado en ejercicio, colegiado en el ICA Madrid. Coach de Estrategias del Negocio y Formador. Máster en Psicología Jurídica, Especialista Universitario en Psiquiatría Forense. Coautor del libro La técnica del Interrogatorio por Editorial Rasche. Coach de negocios jurídicos.

Florentino es quien ha realizado la sección de las habilidades de la abogacía, aportando su conocimiento y su larga trayectoria profesional dentro del sector jurídico.

¿ A quién crees que debes cuanto tienes? ¿Cómo has llegado a ser lo que eres ahora?

A lo largo de esta serie de artículos podrás comprender el papel que juegan los pensamientos y hábitos en tus acciones y cómo, las emociones son el catalizador de tus resultados en todas las áreas de tu vida.

Creemos que puedes alcanzar lo que te propongas si entiendes y llevas a la práctica adecuadamente la siguiente fórmula.
Todos tus Logros, sean considerados por ti éxitos ó fracasos, importantes o intrascendentes, son hechura tuya, de tu única responsabilidad. Lo más probable es que no seas consciente de ellos, ni de cómo entraron en tu vida.

Pero están contigo, son parte de ti, de tu bagaje profesional ó personal y ahí quedarán hasta que otros ocupen su lugar.
Sostenemos que nada es casual, muy al contrario cuanto acontece es debido a una causa sea o no pretendida. El paradigma orteguiano --Yo y mis circunstancias – explica como pensamientos que haces tuyos y que se consolidan en hábitos, llegan a justificar todas tus acciones así como todo aquello que dejas de hacer.

Respecto al pensamiento, primero de los elementos que has de tener en cuenta, no solo genera acción –externa o reflexiva--, sino que se ve, a su vez, influenciado por ella.

Tenderás siempre a justificar lo que haces –u omites-- lo que reforzará tu convicción al respecto y así en un ciclo que puedes, no sin esfuerzo, romper cuando aprecies que te sea perjudicial.

Toda acción –indistintamente de que te des cuenta de ello-- está justificada por algún pensamiento que la explica, que le dota de sentido y de la fuerza necesaria como para que se lleve a cabo.

Y, como último factor, no podemos pasar por alto la importancia de las emociones en todo este ciclo.

Empecemos este análisis por el primero de sus claves, el pensamiento.

Entendemos por pensamiento cualquier actividad mental que sea consecuencia de interacciones con el entorno o como producto de una reflexión.

El pensamiento está íntimamente vinculado con información que es aportada tanto por los canales de percepción –ambientales o internos-- que provienen de los sentidos, así como de sensaciones corporales captadas --temperatura, orientación, etcétera-- como de otros elementos.

¿Cuantos pensamientos puede tener el ser humano? Son varios los factores que deben ser tomados en cuenta, pero hay quien se ha aventurado a dar una cifra.

Mike Holderness en el número 2.295 de la revista New Scientist junio del 2001, los estimó en la increíble cantidad de 10 elevado a 80.000.000.000.000.

Llegó a este calculo teniendo en cuenta la cantidad media de neuronas –células del sistema nervioso especializadas en la transmisión de percepciones-- y el número de conexiones que tienen unas con otras.

Lo que difunden estas células es la materia prima con la que se elabora pensamientos, recuerdos y asociaciones mentales que pueden mover a la acción.

Lo importante para ti es retener que resulta del procesamiento de las funciones cognitivas, entre las que destacamos por su estrecha vinculación con este tema en concreto, las siguientes:

• La atención que puede ser dirigida hacia lo que te interese en un momento determinado obviando todo lo demás, de tal suerte que obtendrás únicamente aquello en lo que decidas enfocar tu atención.
Eres tú quien dirige, no el dirigido. Acostúmbrate a desarrollar una “necesidad” de terminar cuanto antes lo que te hayas propuesto hacer.

Averigua en qué condiciones trabajas mejor --de noche, en las tardes, con gente o en silencio, en el despacho o en un lugar público, etc.--, ¡conócete!

¿Cómo? Haz pruebas hasta darte cuenta de lo que te resulte fácil, agradable.

Cuando te pongas a hacer un escrito, centra tu atención únicamente en él. No prestes atención a otra cosa, es así como se bloquea la irrupción de otros pensamientos. Ponte un tiempo límite en el que tienes que acabarlo. No exageres, tampoco infravalores las condiciones en que puedes cumplirlo.

Haz primeramente un esquema en el que desarrollas lo que quieras decir y, siguiendo estas directrices ponte a escribir. Seguramente te resultará más fácil si lo ves graficado o en forma de esquema. Prueba con añadirle colores, juega con los tipos de letra, aprende a resumir –en este esquema-- todos los conceptos en una o dos palabras.

Así centrarás tu atención en lo que te interesa, ¡estás dirigiendo tu atención!.

Huelga decir que no será fácil las primeras veces, pero como no empieces nunca podrás hacerlo.

• Percepción que como hemos comentado puede provenir por los sentidos como por sensaciones internas.

• Memoria como repositorio de toda aquella información que, de una u otra forma, te ha afectado y ha servido para que tomaras decisiones.

¿Puede manipularse la memoria a voluntad? Algo de esto sugieren investigaciones recientes que realzan la importancia de las emociones en lo que se recuerda.
Estos estudios han hallado que vienen a la memoria aquellas situaciones que, por cualquier causa, hayan impactado más.
En la actualidad se está investigando sobre métodos para potenciar los buenos recuerdos en detrimento de aquellos que afecten negativamente.

• El lenguaje como herramienta de transmisión cultural afecta de manera directa la percepción de lo que se percibe.
En cuanto traductor de realidades tiene la capacidad de moldear sentimientos, generar expectativas y aportar tanto información como se pretenda.

No se limita a lo hablas o escribes, se extiende a todo tu cuerpo, tus rasgos, cómo te vistes, cómo te expresas, se trata de todo aquello que transmites.