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LA GLOBALIZACIÓN JUSTA EMPIEZA EN EL MAR...

Autor: Francisco Arnau

Sin embargo, pocos son los despachos de abogados españoles dedicados al derecho marítimo (los grandes entre ellos) que han percibido este hecho debido a que no se ha reparado en lo que significa el Convenio de Trabajo Marítimo de la OIT, adoptado en Ginebra en el año 2006, ratificado por España en 2009 y calificado como “macro convenio” y cuarto pilar del ordenamiento marítimo universal. Paradojas de la sociedad del conocimiento.

“Parece materia propia de los abogados de oficio y no del oficio de abogado, tratar con asuntos en los que el centro de trabajo es el barco y el espacio la mar” 

Las preferencias de los abogados dedicados al sector no parecen estar en el derecho laboral que regula las relaciones contractuales entre navieros y la gente de mar. Son malos tiempos los actuales para el Derecho del Trabajo, en general, cuando está malográndose el derecho constitucional a tener un trabajo. Parece materia propia de los abogados de oficio y no del oficio de abogado, tratar con asuntos en los que el centro de trabajo es el barco y el espacio la mar.

Por otra parte, se prefiere la abogacía curativa a la preventiva. Me explicaré. Cuando el crucero Costa Concordia naufragó frente a la isla italiana de Giglio en la Toscana al chocar contra una roca y abrirse una vía de agua de casi cien metros en el casco provocando 32 muertos y 4200 evacuados, las aseguradoras y la compañía propietaria aceleraron sus actuaciones dirigidas a su exculpación. Estaba en juego el pago de una cuantiosa indemnización. Las pérdidas se estiman en 93 millones de dólares. En general la normativa internacional sobre prevención de accidentes no ocupa ni preocupa tanto como la reguladora de su reparación.

Únase al menoscabo legal actual de los derechos de los trabajadores, por esenciales que sean, la mala práctica de actuar a toro pasado. La consecuencia suele ser que lo que cuesta poco en prevención suele importar mucho en curación, no digamos cuando la pérdida es irreparable.

La falta de anticipación conduce a marchar después a remolque de los acontecimientos. “Me interesa el futuro, decía Manzini, porque en él voy a pasar el resto de mis días”. Y es el caso que el citado Convenio entrará en vigor dentro de tres meses una vez que ha sido ratificado por 35 Estados que suponen el 70% de la flota mercante mundial. Sus cláusulas constituyen una oportunidad para mejorar la gestión de recursos humanos en las empresas. Su contenido innovador al otorgar preferencia de control al Estado del Puerto sobre el Estado de bandera merece ser considerado como un hito en la larga historia de la navegación marítima.

Informado al respecto un despacho de los considerados de alta alcurnia y rancio abolengo revestido, cómo no, con la cínica fachada de la llamada Responsabilidad Social Corporativa, interna y externa, el asunto fue ventilado con la mueca de quien se siente superior por causa de su incompetencia: no da dinero fue la conclusión. Es más, el sólo hecho de mencionar el derecho laboral del mar parece sembrar un tanto de inquietud en quienes muestran mayor interés en el “madrecita déjame como estoy” que en abrir ignorados campos de innovación y servicio al cliente. Sin reparar en que la incomodidad que debe evitarse es la de este último cuando está causada por la incertidumbre o el desconocimiento de quien se ha prestado a asesorarle o simplemente a informar de lo que pasa en el mundo del derecho.

El asunto tiene su enjundia ética y deontológica. No otra cosa percibí al leer un anuncio aparecido en la web de un país latinoamericano, suministrador de tripulaciones a bajo precio para países europeos, en el que se pedía como insólita condición para ser contratado como marinero de cruceros, hoy tan en boga, que el candidato tuviera “los dientes completos”. Este requisito dejaba de exigirse si se trataba de transporte de carga.

Sin perjuicio de que la cooperación intersindical parece haber dejado de funcionar en el mundo, precisamente cuando la dimesión social de la globalización resulta necesaria si queremos que los avances económicos signifiquen también progreso para la humanidad, el papel de los Estados y de sus Parlamentos no ha sido derogado por la recesión económica.

Sorprende muy positivamente que países como Panamá hayan ratificado un Convenio que armoniza con extensión universal los derechos de la gente de mar y que impide, mediante los debidos controles de las autoridades de los Puertos, la competencia desleal entre compañías marítimas basada en la explotación de marineros.

Surge la gran oportunidad de convertir en compromiso pactado entre las partes, patronal y trabajadora, algunas de las cláusulas de aplicación facultativa incluidas como Guia en la nueva norma, lo que concedería la excelencia al nuevo cuadro, así surgido, de responsabilidades sociales corporativas. Entiendo, no obstante, que este lenguaje suene a chino a quienes, sin serlo, no han convertido todavía la gestión racional de los recursos humanos en prioritaria para sus empresas. Lapidariamente puede decirse que pagarán con el cierre esta mala forma de afrontar la muy tozuda realidad de la globalización y de sus exigencias competitivas.

Llama la atención que hayan sido tan pocos (sólo dos) los países latinoamericanos cuyos Parlamentos han refrendado el Convenio Internacional hasta la fecha. Es conocido, sin embargo, que las flotas que operan con EE.UU, por ejemplo, están siendo requeridas a poseer las certificaciones exigidas como el Certificado de Trabajo Marítimo o la Declaración Laboral Marítima.

En lo que respecta a Europa y a España en concreto: La Europa de las dos velocidades reaparece de nuevo. Pero en este caso no por imposición alguna de Bruselas sino debido a los distintos grados de eficacia y responsabilidad de los gobiernos nacionales y de sus agentes sociales y parlamentarios. Convertido el contenido del nuevo Convenio en Acuerdo Social Europeo entre armadores y trabajadores del transporte marítimo europeos y en materia de la Directiva 2009/13, en unos países, los nórdicos especialmente, ha predominado la preparación y la anticipación mientras que en otros digamos que no. De nuevo, por imprevisión, puede que quede a los Tribunales la última palabra. Una pena.