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DE TOGAS, CORBATAS Y FALDAS: LA VESTIMENTA DEL ABOGADO A TRAVÉS DE LA HISTORIA...

Autor: Alejandro Carranza Di Biasi

La vestimenta o indumentaria ha tenido siempre para la profesión de abogados una importancia relevante; la historia nos demuestra que ya desde la antigua Roma, nuestros antecesores se distinguían del resto de los ciudadanos por el uso de la Toga “praetexta”; el uso de esta toga estaba reservada a los magistrados, y los niños que todavía no alcanzaran la mayoría de edad, la misma era una toga adornada con tiras de púrpura (trabea, toga praetexta). Hoy día la vestimenta sigue siendo una de las herramientas de marketing más efectivas de los profesionales del derecho.

LA TOGA EN ESTRADOS

La Justicia tiene un lenguaje propio que se puede leer a través de diferentes elementos ajenos a los habituales. No sólo las resoluciones, ya sean sentencias, autos, decretos, calificaciones fiscales, explican quién es quién en los tribunales. En la Actualidad, la toga es una vestimenta de color negro utilizada en ciertos países en los juzgados, por los magistrados y jueces, fiscales, secretarios judiciales, abogados y procuradores. Se trata de una prenda de vestir larga, generalmente de color negro, que se ponen los jueces, los abogados y otros profesionales sobre la ropa cuando están ejerciendo su función o en algunos actos protocolarios (1).

El Artículo 187 de la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial español fija la vestimenta de los funcionarios judiciales:  

1. En audiencia pública, reuniones del Tribunal y actos solemnes judiciales, los Jueces, Magistrados, Fiscales, Secretarios, Abogados y Procuradores usarán toga y, en su caso, placa y medalla de acuerdo con su rango.

La toga negra que hoy llevan los jueces tiene su precedente en el traje oficial que utilizaban los ministros del Consejo de Castilla. Esta institución, creada en el siglo XIV, cumplía las funciones de órgano asesor del Rey y de un primitivo Alto Tribunal. No todas las togas del mundo son iguales ni son negras. El rojo es el segundo color más utilizado, sobre todo en el Reino Unido de la Gran Bretaña, de donde proceden las togas más coloridas. Cuando se produjo la revolución estadounidense, por 1775, una de las primeras medidas de la nueva nación fue la de abolir el uso de las togas para las partes, fiscales y defensores, su utilización quedó reservada solo para jueces. Estos, a su vez, dejaron de utilizar las pelucas y abandonaron las togas multicolores británicas. En Francia, donde en 1789 tuvo lugar otra revolución, por el contrario, los jueces no siguieron la senda estadounidense. Avanzados los años sesenta, el birrete, el gorro judicial, cayó en desuso, pero permaneció el de la toga, hasta la fecha (2).

Tanto en el medioevo como en la modernidad los países europeos mantuvieron el uso de vestimenta distintiva para los funcionarios judiciales en función de la importancia social del cargo y función de administrar justicia aunque también en aquellos países monárquicos donde se administra justicia en nombre del Rey conlleva una ritualistica y formalidades.

En Hispanoamérica, durante el periodo de gobierno español, los abogados eran importantes actores sociales en países en formación, por lo tanto también usaban trajes distintitivos: “La distinción de los abogados se mostraba en sus trajes especiales cuya importancia destaca Ruiz Guiñazú (1916, 326). En estrados usaban “golilla y manteo”, ropilla de falda cerrada y manga redonda ancha, gorra forrada de seda y de ala corta. Para ceremonias fuera de los tribunales usaban togas y sombreros bordados de seda. En 1787 los abogados hicieron una petición formal para que se les concediera el “privilegio de los puños”, es decir puños de gasa. La importancia que se daba a estas cuestiones de vestimenta tenían por objeto marcar el lugar especial que tenían en la sociedad y marcar la distancia con ocupaciones menos nobles.(..) (3).

La situación de los abogados cambió sustancialmente con la independencia del Reino de España y frente al consenso continental de apostar por una forma republicana de gobierno inspirada en las revoluciones norteamericanas y francesas,  especialmente se abolieron los signos externos que marcasen diferencias sociales suprimiéndose honores; efectivamente en el Río de La Plata, la Primera Junta de Gobierno Patrio, el 6 de diciembre de 1810 ante un evento en una fiesta donde se pidió un brindis en honor de unos de los miembros de la Junta, los restantes miembros promulgaron un decreto que abolían todos los honores y distinciones, básicamente, el decreto establece que los funcionarios de la Junta deben tener un trato igualitario respecto de los ciudadanos. Se suprimieron privilegios, escoltas, boatos, la mayoría de ellos heredados de los tiempos del virreinato; eventos similares se fueron dando en la región y abonó para que, durante el proceso de consolidación republicana de nuestros países, se fuese adoptando una forma igualitaria – en lo externo, al menos – entre funcionarios y ciudadanos, incluyéndose obviamente a los abogados que ya no lucirían las togas y birretes que usaron durante el periodo virreinal español.

No obstante la obligatoriedad  del decoro y el buen trato en los estrados se mantuvo, es así que en toda América Latina, existen ordenamientos que así lo señalan y exigen. Todas estas normas asimilan la indumentaria con el respeto hacia el Tribunal, son numerosos los casos donde colegas son sancionados, apercibidos o multados por no llenar los requisitos de vestimenta que los tribunales exigen. 

Con el ingreso de la mujer al ámbito académico y al foro, también se suscitaron polémicas: la prohibición para las mujeres del uso de pantalones, de prendas demasiado ceñidas al cuerpo o escotes fueron objeto de regulación.

En la actualidad en Argentina, se exige “adecuarse” y generalmente la formalidad – léase saco o traje, corbata, zapatos y similar para las mujeres – se exige; no obstante se observa en las nuevas generaciones una tendencia a alejarse, levemente por cierto, de lo que se considera una excesiva rigidez, dejándose de lado el uso de la corbata en los hombres y el uso de polleras o faldas en las mujeres. En las estaciones del año donde la temperatura sube o bien en aquellas regiones donde el calor es constante parecería razonable que las normas se flexibilizasen al menos para el trabajo diario de recorrer el foro y reservándose la estricta formalidad para las audiencias.

El año pasado fue noticia nacional en Argentina, la suspensión de una audiencia en un caso de agresión porqué uno de los abogados defensores no tenía corbata al momento de la diligencia; el  caso fue más escandaloso ya que el abogado “informal”, era nada menos que el presidente del Colegio de Abogados local, ello motivó la rápida respuesta de la conducción de la institución, quienes se presentaron de inmediato a exigir que la audiencia se realizase ya que se estaba violando el derecho al debido proceso, cosa que sucedió, aunque recayó en la Corte Suprema Provincial la decisión final; la Federación Argentina de Colegios de Abogados se expresó en el sentido de que se había sobredimensionada la norma puesto que bajo ningún punto de vista la vestimenta del letrado era ofensiva ni estaba fuera de lugar y llamaba a la reflexión sobre el excesivo ritualismo en detrimento del principal objetivo del Poder Judicial cual es el de administrar justicia.

1.    Fuente TOGA Y BIRRETE: http://www.toga-y-birrete.es/historia.html
2.    Diario El Heraldo de Honduras. Ed. 10/08/2013
3.    LOS ABOGADOS AMERICANOS DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA -Rogelio PÉREZ PERDOMO. Revista Jurídica “Anuario Mexicano de Historia de Derecho”, edición digital http://www.juridicas.unam.mx/publica/rev/hisder/cont/15/cnt/cnt16.htm