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LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN EN LA ÉPOCA DE LAS TRES CRISIS DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN...

Autor: Octavio Rojas, Fundador de túatú social media & pr

Podría comenzar esta reflexión presentando toda la numeralia que evidencia el tsunami que la crisis económica ha significado para el sector español de los medios de comunicación. Sólo un número ejemplifica la situación actual: 27.443 en paro, según la Asociación de Prensa de Madrid. Sin embargo, ese censo oficial se remonta a Septiembre de 2012 y no incluye los EREs de Telemadrid, El País, entre otros, por lo que la cifra seguramente será aún mayor a día de hoy.

“Para que una sociedad pueda ser plenamente democrática debe contar con medios libres en el ejercicio periodístico: libres de limitaciones provenientes de cualquier ámbito” 

Mención aparte merece recordar que algunos de los principales grupos de comunicación en España se encuentran en pérdidas, endeudados o hay quien dice que incluso están en quiebra técnica, dependiendo de apoyos en los ámbitos financiero y político para continuar su actividad.

Pero tengo que comentar que, en realidad, se trata de una triple crisis. A la anteriormente mencionada, hay que añadir otras dos: la del propio modelo de los medios de comunicación y una tercera que tiene que ver directamente con la libertad de prensa.

Si bien los blogs atrajeron la atención de millones de personas en todo el mundo, quitándosela principalmente a los medios, lo que en el fondo consiguieron las bitácoras de internet fue dejar claro que la agenda social, política y empresarial sería definida por un número creciente de actores y que algunos de éstos no tiene ni tendrá una línea clara ni continua de actuación.

Esta falta de claridad y de continuidad se evidencia aún más cuando se trata de las redes sociales, en las que se debate de manera ininterrumpida cualquier tipo de tema y desde cualquier posición ideológica, desde la moderación hasta el extremismo.

La participación de millones de personas en la generación de distintas versiones de la realidad, ya no sólo como testigos directos de los hechos sino incluso como sus protagonistas, le impone un reto imposible a los medios, que tienen que dar una versión de lo sucedido muchas veces tardía, equívoca o determinada por distintos intereses.
El producto informativo pierde valor cuanto más tiempo pase hasta que se ofrezca una noticia y se devalúa aún más cuando el público detecta errores o percibe que hay una mano detrás de las notas que llenan los medios.
Además, hay que destacar que hay “noticias” que mucho no perciben como tales y eso sólo consigue acelerar la irrelevancia de los medios actuales. A contenidos sin interés sólo se corresponde con indiferencia.
¿Cuál ha sido la respuesta de muchos medios? Adelgazar redacciones, aumentar su dependencia a las agencias de noticias, entre otras, y a las empresas de comunicación y relaciones públicas, captar bloggers y otros nuevos influencers, y generar medios con bienintencionadas características de la internet social.
He escuchado a periodistas españoles expertos de internet decir que estarían dispuestos a pagar por información de calidad y que incluso desembolsan cantidades respetables por acceder a medios extranjeros, pero que han dejado de consumir medios producidos en nuestro país.
Esos mismos expertos reconocen que no existe un modelo en España que pueda dar una respuesta eficaz a la amplísima oferta gratuita y permanente que ofrece internet.
Es suma, a día de hoy no existe un modelo periodístico que sea eficaz, relevante y rentable a la vez.
La tercera crisis tiene que ver con la incapacidad que tienen los medios para sacudirse influencias externas.
Ya se ha mencionado que algunos de los principales grupo de medios españoles se encuentran en una situación financiera muy delicada, dependiendo de apoyos políticos y financieros para tener viabilidad o incluso para no quebrar y echar el cierre.
Si a esto le aunamos la gran influencia que pueden imponer los anunciantes, es legítimo preguntarse si hay mucha información que no sale a la luz pública, no porque no se tenga conocimiento de ella, sino porque no convenga a los intereses de quienes sostienen con pinzas de una u otra manera a los medios.
Añadamos a estas situaciones las limitaciones que se les impone en el ejercicio de su profesión a los periodistas, como las clásicas ruedas de prensa sin preguntas o las señales empaquetadas que ofrecen los partidos políticos de sus actos.
Si no se puede interpelar a los responsables públicos o construir un producto informativo propio, ¿cómo se podrá ofrecer una versión distinta a la que se establece desde los centros de poder político?
En un caso se habla de una posible autocensura que tendría que ser demostrada, pero en otro caso se habla de una mediatización no propia de un país democrático.
Porque para que una sociedad pueda ser plenamente democrática debe contar con medios libres en el ejercicio periodístico: libres de limitaciones provenientes de cualquier ámbito (económico, financiero y político), dotados con recursos para realizar su labor con el tiempo y la profundidad que requiera una historia y con un modelo que les permita ofrecer un producto informativo relevante.
Siento afirmar que, a día de hoy, en España no se da ninguna de las tres situaciones anteriores.
No es previsible que el periodismo desaparezca, pero lo que en realidad hay que plantearse es si el periodismo actual y el que quedará una vez que pase la crisis realmente será relevante en una sociedad española tan necesitada de información veraz, de calidad y, sobre todo, crítica y libre.