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EL MITO DE LA DETECCIÓN DE LA MENTIRA...

Autor: Juan Antonio Andino López, abogado

Empecemos con una simple pregunta: ¿mienten los testigos cuando declaran? La verdad es que sí, y más a menudo de lo que pensamos. De hecho, la mentira siempre forma parte de nuestras vidas. Pensémoslo: cuando deseamos un “buenos días” a ese vecino tan beligerante en las reuniones de la comunidad de propietarios, a nuestro jefe, o a ese profesor de universidad que nos ha suspendido hasta tres veces.

Pero no pensemos mal de entrada. De hecho, debemos aceptar que la verdad no existe, puesto que cuando una persona percibe la realidad la amolda (inconscientemente) en su cerebro a los parámetros que le son familiares. El fenómeno de las pareidolias es sumamente descriptivo…¿quién no ha visto alguna vez una nube con forma de animal o de cosa? No es un animal sino una simple nube, aunque nuestro cerebro tiende a construir una figura “familiar” cuando la vemos. Lo mismo pasa cuando presenciamos un accidente, un atraco, una explosión, etcétera: nuestro cerebro generará y/o amoldará nuestras percepciones a recuerdos familiares previamente fijados en nuestro cerebro. Lo mismo pasa con los testigos que (consciente o inconscientemente) añaden o quitan detalles o maquilan apreciaciones mientras declaran. Así, dicen los psicólogos que en un procedimiento judicial podemos encontrarnos con múltiples verdades, incluso opuestas unas a otras; tantas verdades como perspectivas seamos capaces de adoptar (MANZANERO PUEBLA, Antonio L., Memoria de testigos. Obtención y valoración de la prueba testifical, Ediciones Pirámide, Madrid, 2010).

Dejaré de lado la mentira inconsciente o el error y me centraré en aquella situación en la que el testigo miente conscientemente, esto es, cuando declara a sabiendas faltando a la verdad. Podemos echar mano del tópico de que “cualquier tiempo pasado fue mejor” y que, en consecuencia, antes no se mentía tanto como ahora. No obstante, en pleno siglo XIX, SAINZ DE ANDINO (Elementos de elocuencia forense, imprenta de la Sociedad de Operarios del mismo Arte, Madrid, 1847, páginas 75 y 76) ya se quejaba de las mentiras que contaban los testigos en el marco del procedimiento. Por ello, se me antoja que el problema ha existido y existirá siempre, a pesar de que los artículos 458 a 462 del Código Penal castiguen el delito de falso testimonio.

En cuanto a los sistemas actuales de detección de mentira, analizaremos el polígrafo, la dilatación pupilar, los factores conductuales (microexpresiones) y el contenido y alcance de la P300, aunque desde un punto de vista jurisprudencial, esto es, qué resuelven los tribunales frente a dichos métodos.

El polígrafo

Se trata quizás del sistema de detección de la mentira más popular, aunque es totalmente ajeno al contenido de la pregunta y a la respuesta, ya que se fija únicamente en los cambios fisiológicos de la persona a la hora de responder al entrevistador, entre otros, la respuesta cardíaca y respiratoria, el cambio en la conductibilidad o resistencia eléctrica de la piel debida a determinados estímulos.

Su fiabilidad es puesta en tela de juicio porque una persona puede ofrecer alteraciones fisiológicas cuanto se halla en situación de alerta, desconcierto, miedo, etcétera.

La dilatación pupilar

Este sistema de detección de la mentira se basa en una respuesta atencional que puede proporcionar el testigo. Según indica MANZANERO, mentir exige una concentración y atención mayor que el mero recuerdo, por lo que una mayor dilatación pupilar indicaría que el sujeto miente. No obstante, dicho autor indica que decir la verdad también puede exigir una elevada concentración, por lo que este sistema tampoco es fiable.

Factores conductuales

Quizás el factor conductual más actual es el conocido como microexpresiones, o el sistema de codificación y evaluación de la respuesta facial denominado Facial Action Coding System (FACS), ideado por EKMAN, FRIESEN y HAGER (Facial action coding system, Salt Lake City, Utah: Research Nexus, U.S.A., 2002). De hecho, y como curiosidad, en la página web de EKMAN (www.paulekman.com), encontramos un link que nos guía hacia sus diversos artículos doctrinales (http://www.paulekman.com/journal-articles/), y además indica expresamente que su teoría de las microexpresiones ha sido llevada a la pequeña pantalla a través de la serie de la cadena FOX “Lie to me” (“Miénteme”), aunque se preocupa de separar convenientemente la realidad de la ficción reflejada en dicha serie (vid. https://www.paulekman.com/lie-to-me/, visitada el 1 de octubre de 2014).

Neurociencia y proceso: la P300

El avance en la neurociencia ha fructificado en máquinas y métodos mucho más precisos que los anteriores. La utilización de la P300 en algunos casos ha reabierto el debate sobre la posibilidad de detección de la mentira. La P300 mide las modificaciones de la actividad eléctrica del cerebro mediante unos electrodos colocados en el cuero cabelludo del declarante; de hecho, la P300 consiste en una onda positiva que se produce aproximadamente a los 300 milisegundos del inicio del estímulo que ha originado el potencial, esto es, desde la información proporcionada o presentada al declarante.

No obstante, como bien advierten ANDREU NICUESA y VALDIVÁN USÓN “en realidad, la P300 no detecta mentiras; lo que detecta es la respuesta del cerebro cuando se le presenta una información que ya tenía con anterioridad. Y de ahí deriva su aplicación al ámbito de la investigación criminal: poder establecer quién conoce datos que sólo el autor de un delito puede conocer” (Potencial evocado cognitivo P300 en la investigación pericial (P300-Pericial), en “Revista Aranzadi de Derecho y Proceso Penal”, número 33, enero-marzo 2014, BIB 2014346).

A modo de conclusión, comprobamos que los sistemas ideados para la detección de la mentira, hasta la fecha, no son total y absolutamente fiables, por lo que los parámetros de credibilidad del testigo tendrán que ir por otros derroteros. No obstante, los constantes esfuerzos, el avance de la neurociencia y su relación con el proceso judicial nos indica que quizás en un futuro no muy lejano podamos contar con un sistema fiable para detectar la mentira.