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REFLEXIONES SOBRE EL OFRECIMIENTO DE FINANCIACIÓN DE LA CONGELACIÓN DE ÓVULOS OFRECIDA POR GOOGLE Y APPLE A SUS EMPLEADAS (DEL SUICIDIO DEMOGRÁFICO Y LA CONCILIACIÓN DE LA VIDA LABORAL Y FAMILIAR)...

Autor: Rodrigo Tascón López

Una noticia sorprendente

Hace unas pocas fechas se dio a conocer una noticia sorprendente y, como mínimo, polémica. Dos de las empresas tecnológicas más importantes, conocidas y reputadas del mundo, en un intento por conseguir una mayor presencia femenina en sus plantillas (el sector de las TICS es un ámbito fuertemente masculinizado, contando con casi un 80% de presencia de varones), ofertaba a sus empleadas la posibilidad de financiar la congelación de sus óvulos.

“El objetivo de tal medida venía a consistir en permitir que las mujeres se sintieran atraídas por la posibilidad de desarrollar y consolidar su carrera profesional en estas grandes empresas tecnológicas, sin perder por ello la posibilidad de ser madres y formar una familia”

El objetivo de tal medida venía a consistir en permitir que las mujeres se sintieran atraídas por la posibilidad de desarrollar y consolidar su carrera profesional en estas grandes empresas tecnológicas, sin perder por ello la posibilidad de ser madres y formar una familia, salvaguardando sus óvulos de una etapa vital en la que la juventud garantiza, en buena medida, la calidad y viabilidad de los mismos, para utilizarlos en otro momento (se supone que ya consolidada la trayectoria profesional) donde las dificultades para conseguir un embarazo libre de problemas es bastante mayor.

Desde luego, la noticia ha sido largamente comentada en medios de comunicación, tertulias y foros diversos; a tales opiniones se pretende sumar ahora, humildemente, la presente, para valorar algunos aspectos, sociológicos y jurídicos, que se desprenden de la existencia misma de esta situación.

El suicidio demográfico de occidente

Una realidad tan incómoda como incontestable es que la tasa de natalidad ha descendido de forma vertiginosa y alarmante en los países occidentales, situándose en menos de dos hijos por mujer (en algunos casos límite como el español en apenas 1,2) y poniendo en serio peligro la natural reposición en la pirámide poblacional. Incluso, a este riesgo parecen estar abocados países hoy todavía pujantes, como China o Méjico, que, pese al actual vigor juvenil de su población, en las próximas décadas sufrirán un estancamiento generalizado.

Las causas atribuibles a esta situación son variadas, aunque suelen quedar situadas en la incorporación de la mujer al mercado de trabajo (algo sumamente positivo como realidad individual, pero que mal enfocado ha supuesto efectos colaterales indeseados), la concentración de la población en las ciudades (donde el estilo de vida urbano no permite la crianza de un número de hijos tan elevado) y la clara vocación de los ciudadanos de desarrollar plenamente otras facetas de su personalidad (al margen del rol de padre o, sobre todo, madre que tradicionalmente les venía asignado al alcanzar una cierta edad).

Sea como fuere, las consecuencias son potencialmente devastadoras desde múltiples puntos de vista: envejecimiento y, a medio y largo plazo, descenso de la población (a salvo que la inmigración pueda actuar como factor corrector), con menos mujeres en edad de ser madres en la siguiente generación, lo cual creará un círculo vicioso que, de mantenerse una tasa de natalidad baja, supondrá poco menos que una verdadera catástrofe.

Consiguientemente, en una hipotética sociedad con la pirámide poblacional invertida hasta el extremo (con muy pocos jóvenes en edad de trabajar y un porcentaje importante de la población por encima de la barrera de la conocida como tercera edad), resultará poco menos que imposible el mantenimiento de nuestro modelo de Estado del Bienestar, con su sistema sanitario y de pensiones colapsado por el aumento de gastos (mayor número de jubilados con más elevados costes sanitarios derivados de la edad) y el descenso de ingresos (menor recaudación vía impuestos y cotizaciones sociales).

La conciliación de la vida personal, laboral y familiar: el castigo de tántalo

Todas las legislaciones del mundo occidental han protegido desde siempre (con mayor o menor intensidad) el hecho biológico de la maternidad. Además, en las últimas décadas y conscientes del descenso de la natalidad, los legisladores han pretendido aportar una amalgama normas que tratasen de favorecer la conciliación de la vida laboral y familiar durante el período de crianza de los hijos. 

Aunque estas normas varían sustancialmente de unos países a otros, se aprecian unos elementos comunes: 1) aportación de rentas sustituorias del salario perdido en los períodos inmediatamente posteriores al nacimiento del hijo; 2) derecho a solicitar excedencias o reducciones de jornada durante períodos de tiempo que coinciden con los primeros años de vida; 3) consideración como plenamente cotizados, a efectos de la carrera de seguro, de los períodos dedicados a la crianza; 4) protección especial contra las represalias sufridas por las personas (normalmente todavía mujeres) que hagan uso de los derechos de conciliación familiar.

Desde luego, unos países han sido mucho más generosos que otros en sus políticas de conciliación. De hecho, los países más concienciados han conseguido un ligero repunte de la natalidad (Suecia se mueve en los 1,9 hijos por mujer, frente, por ejemplo, a los 1,3 de Alemania). En cualquier caso, y en líneas generales, no puede decirse que las políticas de conciliación hayan supuesto un éxito rotundo, y la vieja Europa parece abocada a ser cada vez más vieja.

 

Las nuevas soluciones: es la congelación de óvulos la vía correcta de encarar el relanzamiento de la natalidad?

En esta difícil coyuntura es en la que cabe contextualizar la propuesta de las grandes empresas tecnológicas de financiar la congelación de los óvulos de sus empleadas. Si de algo cabe calificar esta oferta es de decididamente realista. Es un hecho que las mujeres cada vez retrasan más su edad para ser madres (31 años de media en España) y eso, evidentemente, hace que, en ocasiones, surjan complicaciones e, incluso, imposibilidad para gestar. Ante esa situación (evidente) la propuesta trata de aportar una solución que, podrá gustar más o menos, pero responde a la realidad.

Además, y como se ha recalcado desde ambas empresas, se trata sólo de un beneficio (entre muchos otros, pues no se olvide que estas entidades están consideradas como algunas de las mejores empresas en las que trabajar) del que pueden beneficiarse específicamente las empleadas; es decir, otorga un derecho (no una obligación) que puede permitir a algunas mujeres que así lo deseen llegar a ser madres en condiciones que, de otra manera, seguramente no lo serían.

Hasta aquí la valoración positiva; desde luego, hay otros aspectos mucho más cuestionables: en primer lugar, y en un plano estrictamente laboral, una medida así puede ser caldo de cultivo adecuado para generar discriminación por razón de sexo. En efecto, aportada la medida y, subsiguientemente, creada la impresión de que retrasar la maternidad para consolidar la carrera es lo normal ¿qué sucederá con las mujeres que decidan ser madres más jóvenes? ¿no serán acaso postergadas en la política de promoción profesional de la empresa? Cualquier coacción para que una mujer retrase su decisión de ser madre o cualquier práctica que perjudique o represalíe, de forma directa o indirecta, haberlo sido, merece, sin dudas, el mayor reproche jurídico posible.

Y, por último, no menos peligrosas pueden ser las consecuencias desde un punto de vista sociológico. Así, podremos encontrarnos con una generación de mujeres que son madres a una edad excesiva, incluso para los parámetros actuales . En España la Ley de reproducción asistida limita la edad para someterse a los tratamientos a los 50 años, pero no ocurre así en otros países como EE.UU lo cual hace que se hayan producido alumbramientos en momentos más propios para ser abuela que madre, con las disfunciones que este desfase trae aparejado.

Además, se produce otro efecto tenebroso que recuerda alguna de las más célebres distopías literarias, en cuanto que se normaliza lo que hasta ahora era excepcional, esto es, la utilización de medios de reproducción asistida. Con ello, en buena medida el aspecto reproductivo humano se torna artificial, abriendo la veda a intervenciones cada vez más intensas (piénsese ya en la selección genética de embriones de determinadas características) que nos pueden llevar por caminos explorados hasta ahora únicamente por la ciencia ficción ¿No recuerda peligrosamente un sistema así al mecanismo deshumanizado de producción en masa de embriones Alfas y Betas que dibujara Adolf Huxley?