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PANAMÁ ABRE SUS PUERTAS A LOS...


Panamá abre sus puertas a los profesionales españoles


Jesús Silva Fernández

 Jefe de la Oficina Cultural, Embajada de España, Bonn, Alemania; 1999 - Jefe de la Oficina Cultural, Embajada de España, Berlín, Alemania; 2000 - Director, Gabinete del Secretario de Estado de Cooperación y para Iberoamérica, Madrid, España; 2001 - Director General, Relaciones Culturales y Científicas, Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, España; 2005 - Embajador de España en Jamaica; 2006 - Embajador de España en Bahamas, Antigua y Barbuda, Dominica, Santa Lucía y San Cristóbal y Nieves; 2006 - Embajador Representante Permanente de España ante la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, de NNUU, Kingston (Jamaica); 2007 - Embajador Representante de España ante Comunidad del Caribe – CARICOM; 2009 - Embajador Representante de España ante la Organización de Estados del Caribe Oriental - OECS; 2010 – Presidente de la Asamblea de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos; 2010 - Embajador de España en la República de Panamá.

 

Durante la pausa-café de un encuentro de empresas en Ciudad de Panamá, Jorge F.G., empresario español a cargo de una constructora de nuestro país que realiza actividades en Panamá, comenta: “En los últimos seis meses llevamos ya dos jefes de obra: el primero se fue a la competencia sin previo aviso, y el segundo tiene planes para hacer un máster en el extranjero cuando termine el año. Estamos buscando reemplazo, pero no es fácil.” La situación que describe Jorge es común en Panamá, un país que vive uno de los momentos económicos más boyantes de su historia, pero que carece de un elemento importante para alimentar su crecimiento: mano de obra cualificada abundante.

Las cifras del crecimiento económico panameño son impresionantes. En los últimos años, el PIB panameño ha aumentado un 77%. Durante la última década el país ha crecido a una media de un 7% y en 2011 registró un crecimiento del 10,6%, el más alto de América Latina. Las previsiones para 2012 son también de dos dígitos. El país tiene virtualmente pleno empleo, con una cifra de paro que apenas supera el 4%. Está en marcha un ambicioso plan de infraestructuras por valor de más de 15.000 millones de dólares, encaminado a consolidar la posición de Panamá como el principal centro de transporte y logística de América Latina, emulando lo que Singapur o Hong Kong han logrado en Asia. Y lo está consiguiendo: la zona libre de Colón, la principal zona franca del hemisferio, canaliza los intercambios comerciales entre Asia, Estados Unidos y América Latina; 14.000 buques (el 5% del comercio mundial) cruzan cada año el Canal de Panamá, cifra que se prevé se duplique cuando termine la ampliación en curso; la aerolínea panameña Copa tiene conexión desde Ciudad de Panamá a más de 60 destinos, incluyendo todas las capitales del continente americano; y los 90 bancos presentes en el país prestan intermediación financiera a Centroamérica y buena parte de América del Sur.

Sin embargo, estas cifras tan llamativas esconden una debilidad a corto plazo. El mercado laboral panameño no puede proporcionar todos los especialistas que su boom económico necesita. Un país de 3,5 millones de habitantes con virtualmente pleno empleo tiene dificultades para suministrar al sistema los numerosos profesionales que requiere y que exceden con creces la oferta local. Panamá ha superado incluso la capacidad de su propio mercado laboral. Jefes de obra, consultores, ingenieros, operadores de maquinaria, arquitectos, o incluso panaderos son difíciles de encontrar. Y los que hay, están ya empleados. Ello genera considerables dificultades para las empresas, que compiten por los pocos profesionales disponibles. No es infrecuente que los especialistas sean contratados por una empresa y a las pocos meses la abandonen tras recibir ofertas más atractivas de otras empresas del ramo. Esta situación genera una gran inflación de salarios y, lo que es peor, unos niveles de rotación cercanos al 40% en algunas compañías, cifra insostenible por sus efectos negativos en la productividad y en el ciclo de negocio de las empresas.

La solución a este problema parece sencilla: contratar más mano de obra extranjera. Sin embargo, el Código de Trabajo panameño prevé desde hace años una restricción difícil de sortear: el personal extranjero de una empresa no puede superar el 10 ó 15%, según los casos. Esta disposición, pensada sin duda para épocas en que Panamá tenía una estructura económica diferente a la actual, se ve superada hoy por la realidad de un crecimiento que ha ido más allá de todas las expectativas.

Las autoridades panameñas, y en especial el Presidente Ricardo Martinelli, han sido sensibles a esta situación y han dado un paso al frente, haciendo su economía y su sociedad todavía más abiertas de lo que ya son. Así, a mediados de 2012 se aprobaron dos decretos ejecutivos que facilitan el acceso directo al estatus de residente permanente para los nacionales de una veintena de países, entre los que figura de manera destacada España. Ello tendrá consecuencias muy positivas para las empresas radicadas en Panamá, tanto extranjeras como panameñas. Por un lado, ofrecerá más estabilidad a muchos extranjeros que desarrollan actividades económicas en el país, que ya no tendrán que pasar por la categoría migratoria intermedia de la residencia temporal. Por otro, la medida permitirá flexibilizar en su justa medida las proporciones de trabajadores extranjeros y panameños, ya que los residentes permanentes no están sujetos a las mismas restricciones de cuotas que los temporales. Supone, en suma, un magnífico ejemplo de optimización de la mano de obra extranjera sin renunciar a la propia.

Las empresas españolas serán las principales beneficiadas por esta nueva regulación. Su presencia y la intensidad de su actividad hace que sean las más necesitadas de contar con profesionales de alto nivel en los ámbitos más variados. Hoy en día operan en Panamá más de 250 empresas españolas, activas en sectores muy diversos que van desde la construcción hasta la energía, pasando por la banca, la alimentación o las telecomunicaciones. España es el primer inversor en Panamá con una inversión directa acumulada de unos 3.000 millones de dólares, aproximadamente el 10% del PIB de Panamá. Empresas españolas lideran o participan en los proyectos más emblemáticos del país: la ampliación del Canal de Panamá y la construcción de la primera línea de metro de Centroamérica. En conjunto, las empresas de capital español dan empleo de forma directa a unos 15.000 trabajadores.

Gracias a la generosidad y visión de Panamá, empresarios como Jorge podrán perseguir de manera más eficiente sus objetivos, contribuyendo al crecimiento de Panamá y por supuesto al de España. Y podrán seguir construyendo una relación que hoy en día sitúa a nuestros dos países más cerca que nunca.