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POR UNA JUSTICIA DEPORTIVA IBEROAMERICANA...

Autor: José Antonio Silva e Sousa, socio-fundador de Silva e Sousa & Asociados (Portugal) y de Silva e Sousa, Sevilla, Espar & de la Serna (España)

La Justicia, como la Economía están pasando una fase de búsqueda de nuevos conceptos, de nuevas respuestas como forma de se revitalizaren. Eso es un fenómeno que resulta de múltiples factores: la globalización, en conexión con ello Internet con la posibilidad de acceder en tiempo real a todo tipo de información y bien así, de posibilitar a cada uno el acceso al protagonismo a la escala universal; y por otro lado, la facilidad de comunicación y de movilidad de las personas, de las empresas y de los capitales.

Todo esto implica una adecuada creación de nuevos mecanismos jurídicos que permitan dar una respuesta rápida y eficaz a los nuevos retos que la sociedad nos propone. En un primer análisis tenemos que considerar que se está avanzando - quizás más rápidamente que lo previsto - con una privatización de la Justicia. El crecimiento del movimiento arbitral - sobretodo en Europa, America del Norte y Paises Árabes, pero ya con buenas raíces en Africa e Iberoamérica - es un ejemplo claro de este fenómeno.

En el sector deportivo estamos viviendo un momento de particular cambio: Brasil reunirá en los próximos tiempos la atención del Mundo por los múltiples eventos que ahí se están y van a celebrar, y los demás países de la Comunidad Iberoamericana están sumando victorias en casi todas las modalidades deportivas, la movilidad de deportistas en el mercado de los países iberoamericanos es la más dinámica del mundo. Pues, cuando hay relaciones entre personas, surge la necesidad del acceso al Derecho.

Creo que uno de los problemas de la globalización es que no está regulada: simplemente ha surgido y se ha implantado. Y mientras no tengamos criterios de justicia universal (si es que las vamos a tener) hay que echar la mano a los mecanismos que existen y que pueden permitir construir soluciones adecuadas y fáciles en la resolución de conflictos. El arbitraje es una de ellas. No solo porque puede responder a problemas que se conecten con diferentes ordenamientos jurídicos, pero también porque puede llamar a la aplicación de la Justicia criterios supra-legales como la equidad.

Por todo esto entiendo que ha llegado el momento de pensar la creación de una Corte Arbitral especializada en los conflictos relacionados con el deporte iberoamericano.

Hay ventajas claras en ello: en primer lugar la posibilidad de definir el ordenamiento o sistema que las partes quieren que se aplique al caso. Esto es importante cuando se trate de conflictos con múltiples conexiones al nivel de ordenamientos jurídicos. Con la intervención arbitral se define la ley competente y quien va a juzgar el pleito.

Pero no solo por esto. La verdad es que estamos hablando de ordenamientos jurídicos similares y que se entienden, mismo cuando los idiomas son distintos: el español entiende el portugués, como el portugués entiende el español. Y de la misma manera que se entienden los idiomas, los principios y la visión del derecho también es semejante.

La tercera ventaja que me gustaría subrayar está en la calidad de la justicia que el Arbitraje Internacional puede aportar. El arbitraje es una forma alternativa de resolución de conflictos. En una Corte internacional (en este caso limitada a los países de la Comunidad Iberoamericana), los árbitros elegidos pueden no ser oriundos de ninguno de los países de las partes en litigio lo que les permite garantizar más imparcialidad, prudencia y profundidad de la decisión.

Pero sobretodo hay que considerar la especialidad propia que exige ya el Derecho Deportivo - y por conexión también la protección del profesional del Deporte. Se trata de una disciplina del Derecho transversal a todo el sistema jurídico (con conexiones multidisciplinares que pueden ir del Derecho Administrativo al Derecho Inmobiliario, del Derecho Tributario al Derecho Laboral o mismo al Derecho de las Telecomunicaciones). Y con reglas propias y problemas muy específicos.

Todas estas características obligan a la formación de profesionales altamente cualificados para operar en el marco de los ordenamientos jurídicos propios de las partes en conflicto (o mismo solo firmantes de un contrato) pero, también, que sepan ma- nejar el Derecho de las Organizaciones Deportivas (esté o no introducido directamente en aquellos mismos ordenamientos).

De todo esto resulta una oportunidad clara: que los países de la Comunidad Iberoamericana sean no solo una referencia en el deporte (que seguramente lo son) pero, también, una referencia en el Derecho Deportivo. Pensar así puede significar el despegue de la enseñanza del Derecho Deportivo en las Universidades. Pensar así puede significar la creación de un modelo de Codificación General de Derecho Deportivo. Pensar así, puede también llevar a que se considere que, por su propia especificidad, los Laudos Arbitrales de temática deportiva pueden tener una Instancia propia de Recurso (que hasta podría ser el Tribunal International du Sport, de Lausanne). Y todo esto, desde mi punto de vista, se trata de una materialización total del espirito olímpico que en este aspecto busca separar el sistema de decisiones del Derecho Deportivo del sistema jurídico y judicial de los Estados.

Es esta conjugación de factores que merecen una actitud de innovación. La Comunidad de los Países Iberoamericanos está dando pasos muy sólidos en la construcción de un innovador espirito íntercontinental de cooperación asiente en países, en culturas, pero - sobretodo - en personas. Y si estamos definiendo un modelo de cooperación estamos dando respuesta y ejemplo para el mundo.

Los abogados no solo somos testigos de ese espírito de cooperación. Como estamos siempre al lado de las personas, ayudando las mismas en sus relaciones, en sus problemas, somos cómplices en ello. Aplicar ese modelo de cooperación al mundo del Derecho, y en este caso al Derecho Deportivo, creando nuevas soluciones, nuevas cercanías, una nueva cultura, es el gran reto y la oportunidad que tenemos delante de nosotros.

Quiero por todo esto traerles una nueva pista de reflexión, una nueva propuesta, que ademas, es posible. Por eso me ocurre terminar con la expresión magistral de Goethe: “No preguntemos si estamos plenamente de acuerdo; sino, tan solo, si marchamos por el mismo camino.”