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ABOGADO: DEL PROFESIONAL LIBERAL AL LEGAL PROJECT MANAGER, UNA EVOLUCIÓN INEVITABLE...

Autor: Gonzalo Ruiz Menoyo, abogado

Aproximadamente 107.000 resultados: este es el resultado numérico de la búsqueda de las palabras “Legal Project Management” (entrecomilladas) en el buscador Google. Tan ingente número demuestra la importancia, adquirida en los últimos años, de la aplicación de los métodos de <<gestión de proyectos>> en el ámbito de los despachos de abogados. 

“Hay un impulso muy fuerte desde América Latina con respecto a la demanda de formación e implantación del Legal Project Management”

En los grandes despachos, sobre todo internacionales, buscan actualmente abogados expertos (o con estudios de postgrado) en “Legal Project Management” (LPM). Algunos, o muchos, de ellos han ido creando departamentos específicos para la coordinación y gestión de proyectos jurídicos dirigidos por un Director Global. LinkedIn da buena muestra de ello. 

En los despachos medianos y pequeños, con un alcance restringido y mucho más local, son los propios socios quienes, generalmente, se ven “obligados” a adquirir las habilidades propias de los gestores de negocios. 

Si en los primeros es una cuestión de diferenciación y de creación de valor económico añadido para la firma, en los segundos se está convirtiendo en un tema de pura supervivencia del despacho. 

Como respuesta a la necesidad de profesionales jurídicos expertos en LPM se ha desarrollado toda una industria o negocio alrededor de la misma, no en vano en los primeros resultados de la citada lista de (mis) búsquedas, los mejor “posicionados” (en el argot de la red de redes), aparecen los diversos cursos y másteres formativos para abogados, noveles y no tanto, cuyo objetivo es la gestión óptima de despachos legales. Es decir, y muestra de la importancia  y crecimiento del LPM, para las empresas formadoras resulta rentable buscar (y para ello pagar) posicionamiento en este ámbito, conscientes de la necesaria evolución del antiguo abogado (como profesional liberal y autónomo de hace años).

¿A qué se debe que hayamos pasado de la figura del abogado “profesional liberal”  a la del abogado experto en “Legal Project Management”?

El abogado de épocas anteriores, el definido en su día como “profesional liberal”, ha sido objeto de diversos estudios. El de Luis González Seara(1), Profesor de la Universidad de Madrid, refería que, surgido entre la antigua y nueva clase media, se distinguía por su independencia, incluso económica, y por su preparación técnica. Su evolución le llevó a ser una profesión con cierto status social, y con suficiencia económica debido a una moderada competencia, todo hay que decirlo, gracias a un acceso condicionado a la profesión por la necesidad de título universitario (no al alcance de muchos individuos en aquellas épocas). Con el paso del tiempo y la apertura del acceso a la Universidad a una mayor parte de la población (debido al aumento demográfico y económico de las clases medias), se produjo un incremento en el número de abogados. Tal aumento de competencia en su natural campo de actuación profesional, y por ende por necesidad económica, devino en un recorrido de ocupación de otros desempeños: en administraciones y empresas privadas. Prueba de lo anterior es que mientras en 1.960 había censados en España 24.164 abogados, en 2.013 se registraron 233.000 (fuente: datos de Colegios profesionales).

Producida la necesidad de afrontar el oficio o profesión de manera más eficiente, al menos desde un punto de vista puramente económico, se fue olvidando el perfil del abogado como profesional liberal. Así y continuando con el trabajo del Profesor González Seara, el mundo de los profesionales, y por ende el de los abogados, vino a integrarse en un nuevo mundo al que Mills(2) definió ya con el nombre de <<White Collar>>, renunciando, de alguna manera, a sus valores tradicionales, y convertido ya en un servicio (¿o trabajo?) con una preparación técnica altamente especializada pero enfocada al rendimiento, concluyendo en una especie de <<demiurgo de la gerencia>> (siguiendo nuevamente a Mills). Concluía el insigne profesor que se fue imponiendo el especialista, formado en una disciplina única, debida a la complejidad técnica de (ese) entonces, imponiendo, por una parte, dichas especialidades y, por otra, la organización funcional con todos los supuestos e iniciativas controlados desde la gerencia o dirección.

Resultó premonitorio y visionario el análisis realizado en 1.960 por el Profesor González Seara para los abogados españoles, situación que creemos extensible al resto de países en similar situación económica y social, lógicamente y como no se nos escapa, siguiendo los modos y maneras de la economía norteamericana.

La cuestión final resulta pues es asumir dicha evolución, tanto a nivel personal como profesional, y aceptarla o no. Lo que si parece inevitable para el abogado del futuro es que, de no adaptarse a este nuevo modelo de trabajo, su futuro puede estar (estará) en otros ámbitos laborales o profesionales.

Para los que decidan adaptarse tendrán que familiarizarse y usar conceptos no vistos durante su formación universitaria jurídica. Así se verán aplicando términos y materias como: estrategias, dirección de proyectos, motivación, marketing jurídico, presupuestos, redes sociales,…para ello utilizarán herramientas como <<customer relationship management>> (CRM), LinkedIn, Twitter,… todo un mundo nuevo para sobrevivir, al menos económicamente, en un mercado en que los clientes cada vez demandan más eficiencia y, sobre todo, resultados. 

1.    <<La independencia de las profesiones liberales>>, Luis González Seara, Profesor de la Universidad de Madrid, 1960.
2.    <<White Collar: The American Middle Classes>> (Cuello Blanco: Las clases medias americanas), Charles Wright Mills, 1.951.