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QUÉ NO HACER EN SALA...

¿Qué debo evitar hacer en Sala?

Autor: Florentino García González

¿Qué es lo que nunca debo hacer?, ¿existe alguna “guía práctica”?, ¿Dónde lo enseñan? No son pocas las interrogantes de este tipo que con mucha frecuencia nos hacemos y, desgraciadamente, menos frecuentes las respuestas. ¿Hay alguien que lo sepa?

Si bien es cierto que la vista –la audiencia- constituye de por sí un momento procesal único, no debe perderse de vista que no es un hecho aislado por lo que debe haberse planificado adecuadamente.
¡A ella no se llega por azar!

Acudes al foro donde ha de resolverse lo que reclama tu patrocinado, le representas y has de exponer el caso lo mejor posible. La situación es, por más que se pretenda lo contrario, tensa, ¡hay intereses en conflicto!. Asi que entra con calma, despacio.

“Mucho se ha discutido sobre la oportunidad de asir objetos mientras se habla. Al respecto, nos permitimos recomendar acogerse al sentido común y a las circunstancias de las que se trate”

Dicho esto centrémonos en los aspectos a tener en cuenta.

Obviaremos el argumento que se defienda –el qué-- y desarrollaremos algunos de los muchos puntos de su expresión hablada y de la gestual o corporal.

El receptor de tu mensaje se fija no solo en lo que transmites, sino en cómo lo haces.

Si no te expresas con la debida confianza en lo que dices, ¿cómo vas a ser creíble?.

Ten en cuenta que no dispondrás de todo el tiempo deseable para intervenir. El caso que defiendes es muy importante para tu cliente pero para el juzgador es, obviamente, otro más.

Asi que prepara lo que dirás y prioriza lo importante.

En lo que respecta al tema que nos ocupa en este artículo resaltaremos a continuación, algunos aspectos que no debes descuidar cuando hables:

--utiliza el tono de la voz para resaltar –positiva o negativamente—lo que pretendas hacer importante, todo aquello que quieras que se retenga.

La regla es sencilla. Enfatizar lo que te interese sea mantenido en la memoria, ¿cómo?. Cambia el tono de voz. Juega elevándolo o bajándolo mientras refieres la idea principal con la finalidad de llamar la atención de quien te escucha.

Huye de un discurso monótono que no solo aburre, es qué además es contraproducente porque mina tu credibilidad.

Para dominar esta técnica deberás aprender a enfatizar las palabras más importantes –difícilmente serán más de tres-- de una oración.

Puedes probar este ejercicio.

Memoriza la siguiente oración, y léela resaltando, una por vez, todas las palabras que la componen.

“Mi representado no es responsable de lo que no hizo”

Enfatiza sólo la primera palabra, ahora sólo la segunda y asi con todas sucesivamente. ¿Oyes la diferencia? ¿Te das cuenta de cómo cambia el sentido de lo que dices?, ¿notas el cambio de mensaje?.

¿Qué indica el tono? La gravedad de lo que se dice. Por eso lo utilizamos tanto para suscitar como para mantener el interés de quien te escucha y, también, para destacar lo importante.

--Practica también con la velocidad al hablar. Hay una relación proporcional entre la velocidad con la que te expresas y su verosimilitud.

Es así como deberás decir despacio lo que quieras que sea entendido como más trascendente y, por el contrario, ir más de “carrerilla” cuando pretendas restarle importancia.

Pero, nunca dejes de pronunciar correctamente todas y cada una de las palabras.

Ejercítate leyendo un texto sílaba a sílaba y letra a letra. Aprende a controlar los tiempos, practica con paciencia.

--pronuncia con claridad, ¡haz que se te entienda!. Puedes hablar de prisa y ser comprendido. Vocaliza, cuida la pronunciación del principio y del final de las palabras, ¡en castellano, como en otras lenguas, pueden implicar significados distintos!.

--administra los silencios. El silencio funciona muy bien como un reclamo de atención. Lo puedes utilizar, también, para realzar los conceptos principales.

--No grites. No es necesario porque cuando se te concede la palabra todos los presentes habrán de callar. Esperan oirte, cuando menos, las primeras palabras. Del interés que excite esos primeros treinta segundos dependerá que se te oiga más o que se desconecte de tu mensaje. Practica en casa, en el despacho para que te acostumbres a tu voz.

“Si no te expresas con la debida confianza en lo que dices, ¿cómo vas a ser creíble? Ten en cuenta que no dispondrás de todo el tiempo deseable para intervenir”

Las palabras, estimado compañero, colega, contrariamente a lo que se cree, no se las lleva el viento.
Vertidas ya no se les puede recoger. Pueden generar duda, certeza o indiferencia pero siempre, siempre, hablan de ti.

Tratemos ahora, aunque sea brevemente, algunos elementos de la comunicación gestual.

--mover las manos. En la mayoría de nuestros sistemas judiciales no se nos permite estar de pie ni desplazarnos durante el juicio. Se nos confina a una silla y se nos encorseta detrás de una mesa. Desde allí, sentados, hemos de hablar y convencer. Asi que sólo será visible la parte superior de tu cuerpo, y en particular tus manos y cara.

Lo primero a tener en cuenta es que podemos, y debemos, mover las manos en sintonía con lo que expresemos. Las manos deben, siempre de manera natural y sin rebuscamientos, ser utilizadas --¡y mostradas!-- como soporte visual que refuerza lo que decimos.

Nunca eleves los codos por encima de los hombros, ¡es difícil de justificar tan antinatural postura!
Evita todo movimiento del que se deduzca nerviosismo, fatiga o desinterés.

Manipular anillos –sean reales o imaginarios--, masajearse las manos o dedos tampoco anima a pensar que se está diciendo algo importante.

Erradica cualquier gesto que distraiga, que contraste con tu mensaje.

Utiliza, siempre que puedas, los dedos cuando evocas más de un mensaje importante. Este gesto mantenido de “contar” --con los dedos-- las cosas que estás exponiendo, grafica la relevancia de lo que dices.

--la compostura al hablar. Mientras hables mantén la espalda recta. Articula la silla para que tus pies toquen el suelo y acomódate para que, cuando te toque participar, tu postura sea erguida. De esta forma se te apreciará y se te oirá mejor. Por razones de educación no te lleves las manos a la nariz, boca ni orejas. ¡No es el lugar adecuado para hurgarlas!. Si sientes deseos de estornudar hazlo con un pañuelo, disculpándote después.

Dirígete a quien preside la Sala. Poco importa que te siga con la mirada o no. De seguro te escucha. No olvides que es quien decide. ¿Te parece correcto que te hablen sin mirarte?

No interrumpas a quien esté hablando. Si lo hacen contigo, espera que quien presida intervenga. Si lo consideras un abuso, hazlo constar de la forma que procesalmente corresponda, pero, no asumas un rol que no es tuyo. 

Huelga decir que no debe masticarse chicles ni caramelos mientras se habla. No solo porque dificulta la correcta pronunciación de las palabras, sino que, además de no ser propio de un momento procesal tan importante, puede producir situaciones desagradables.

--Mucho se ha discutido sobre la oportunidad de asir objetos mientras se habla. Al respecto, nos permitimos recomendar acogerse al sentido común y a las circunstancias de las que se trate.

¿Distrae el objeto que se muestra? Quizás no a quien lo porta, pero seguramente el observador se verá tentado a identificar lo que se le exhibe de manera notoria. Situación ésta que puede perturbar en mayor o menor medida la atención que se precisa.

Asi pues, que dejamos, a la aguda decisión de quien nos lee la trascendencia y oportunidad de hablar con objetos –bolígrafos, libros, etc.—en las manos.

Como se ve el sentido común se constituye en esa “guía práctica” que todos buscamos.