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RAFAEL VELOZ. OPINI...

 

Opinión sobre la Constitución de Cádiz de 1812




 Rafael Veloz

Ex presidente del Colegio de Abogados de Caracas y de la Federación de Colegios de Abogados de Venezuela, fue postulado a presidir el organismos internacional más importante de América y España, la Federación Interamericana de Abogados, la elección se realizó en Rio de Janeiro (Brasil) el 14 de junio de 2010.

 

Coincide quien suscribe, como la mayoría, los historiadores han sostenido que la obra más importante de las Cortes de Cádiz, fue la Constitución de 1812 conocida como la Constitución de Cádiz, jurada el 19 de marzo del mismo año bajo el título de Constitución Política de la Monarquía Española.

“Es relevante destacar la limitación de la monarquía hereditaria, puesto que los legisladores de las Cortes de Cádiz no rompieron con la monarquía”

La Constitución se divide en 10 títulos y 384 artículos con las ideas liberales predominantes.

En ese sentido, las ideas liberales predominantes que proclamó, fue la consagración del preciado principio de soberanía nacional, el cual derivó la labor legislativa que transformaría a España y a sus colonias; la limitación de la monarquía hereditaria, el reconocimiento del catolicismo como religión oficial, la división tripartita clásica de poderes, el reconocimiento de los derechos y deberes de los ciudadanos, entre otras.

Es importante resaltar el principio de soberanía nacional que instituyó, ya que a partir de la consagración de éste, el texto constitucional se separa del origen divino del poder de los monarcas, al igual que de las pretensiones imperiales y de dominio napoleónico, al declararse libre e independiente, prohibiendo ser patrimonio de alguna familia ni persona. Esto sin romper con el catolicismo tradicional de España.

También es relevante destacar la limitación de la monarquía hereditaria, puesto que los legisladores de las Cortes de Cádiz no rompieron con la monarquía, al declarar que el “Gobierno de la Nación española sería una Monarquía moderada hereditaria”. En efecto, en la Constitución se estableció la división de poderes tripartita clásica, sin embargo, la misma también establece la función legislativa del Rey compartida con los legisladores, de tal forma que “la potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el Rey”. Así, la Constitución en su artículo 16 ubicó al monarca en el campo del poder ejecutivo, estableciendo que “la potestad de hacer ejecutar las leyes reside en el Rey”.

En lo atinente al reconocimiento del catolicismo como religión oficial, de manera absoluta, las Cortes declararon que “la religión de la Nación española era y sería perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquiera otra”.

Particularmente en relación al reconocimiento de los derechos, el tema de la nacionalidad fue considerablemente discutido, puesto que la Constitución definió a la Nación como “la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”, en consecuencia, se deduce que dicha Constitución reconoció como españoles a todos los hombres libres nacidos y avecindados en los dominios de las Españas, a los hijos de éstos, igualmente a los extranjeros que hayan obtenido de las Cortes carta de naturaleza, además, todos los que tuvieran diez años de vecindad, ganada según la ley en cualquier pueblo de la Monarquía, y los libertos desde que adquirieran la libertad en las Españas.

Así, a grandes rasgos la Constitución presenta las bases para el establecimiento de un estado burgués, por lo que en definitiva, los legisladores resentían una fuerte influencia de los ilustradores Rousseau y Montesquieu, y en general de los postulados liberales emanados de la revolución francesa, particularmente en lo relativo a la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.

Se denota, que a la Constitución se le dio el carácter solemne y supremo. Así mismo, según su reformabilidad era una Constitución rígida, ya que requería de un procedimiento especial por medio de un órgano extraordinario para su reforma. El procedimiento especial de reforma estaba establecido en el artículo 375, el cual contemplaba una cláusula temporal de intangibilidad, parafraseadamente, ésta consistía en que luego de haber transcurrido ocho años, a partir de que se colocó en práctica la Constitución en todas sus partes, no se podía proponer alteración, adición ni reforma en ninguno de sus artículos. Asimismo, la reforma debía ser aprobada por unas segundas y terceras Cortes por mayoría, en ambas, de dos tercios (artículo 377 a 381); y, el Rey estaba excluido de la reforma constitucional, como lo había sido del propio poder constituyente.

Fue en su nacimiento u origen una Constitución otorgada por el Rey en un acto de gracia a su pueblo, por el grado de novedad o de creación fue una Constitución originaria, porque consagraba principios fundamentales y artículos con ideas liberales considerablemente novedosas; por su contenido fue una Constitución ideológico-programática, puesto que aseguraba expresamente la protección del derecho de propiedad, la igualdad ante la ley, la prohibición de detenciones arbitrarias, la inviolabilidad del domicilio y la abolición del tormento como pena corporal; y, restringía la libertad religiosa y la libertad de prensa, por último, desde su perspectiva ontológica fue una Constitución normativa, ya que sus normas dominaron el proceso político, el cual se adaptó y sometió a sus disposiciones.

Por otro lado, y viendo desde el punto de vista histórico, su vigencia y aplicación fue errática e inestable, debido a las turbulencias políticas y sociales de la época. Desde el primer artículo de la Constitución hasta el último se planteó la situación del continente americano. En América, las autoridades locales y vecinos en cabildos abiertos promulgaron la Constitución, constituyendo esto, el respaldo americano, en consecuencia se construyeron muchas plazas y monumentos dedicados a la Constitución por todo el continente americano. Sin embargo, tras el vuelco absolutista de Fernando VII en 1814, fueron destruidos la mayoría de los monumentos, y con los procesos de independencia en Iberoamérica tan sólo han quedado algunas plazas y dos monumentos, el de ciudad de San Agustín de la Florida Oriental y Comayagua en Honduras.

Es importante mencionar que la burguesía criolla americana, era partidaria de los cambios autonomistas y no necesariamente de una independencia que implicase la ruptura completa con la Monarquía.

La visión en el continente americano acerca de la Constitución se concentró en que si bien es cierto, positivamente, la vigencia de la misma generó la igualdad entre peninsulares y americanos, transformó el imperio colonial español en provincias de un nuevo Estado, convirtió en ciudadanos a los antiguos súbditos del absolutismo, siendo considerados ciudadanos no solo a los españoles sino a los europeos, a sus descendientes americanos, a las castas y a los indígenas de los territorios de América, entre otros aspectos; pero negativamente, la vigencia de la Constitución provocó tanto la explosión de ayuntamientos especialmente en América, debido a la convocatoria de elecciones municipales, mediante sufragio universal indirecto y masculino establecida en el texto constitucional como el reclamo de los americanos de un mayor número de provincias y una organización del Estado que se aproximase al federalismo, al cual respondieron los legisladores de las Cortes de Cádiz que reconocían en la práctica su incapacidad para definir los territorios de su Estado. Ahora bien, es importante enfatizar que estos problemas surgieron por la incorporación de América como un conjunto de provincias en igualdad de derechos y de representación en el Estado nacional hispano.

Concluyendo y como punto relevante para Latinoamérica, sin duda alguna, la Constitución influyó en los orígenes constitucionales y parlamentarios de la mayor parte de los estados americanos durante y tras su independencia.