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REFLEXIONES SOBRE CARTAGENA +30...

Autor: Carolina Tamagnini, integrante del área de Derechos Humanos de FUNDEPS

Cartagena +30 consiste en un proceso revisión de la Declaración de Cartagena de 1984 sobre Refugiados, así como de los documentos y políticas elaboradas posteriormente en materia de refugio y desplazamientos forzados.  Este se ha desarrollado a lo largo de todo el 2014 y pronto culminará con una cumbre ministerial, a realizarse en Brasilia el 2 y 3 de diciembre.

El proceso de Cartagena es una instancia de reflexión sobre los logros y avances, así como también de los desafíos que enfrentan Latinoamérica y el Caribe en materia de refugio y desplazamientos internos. En él participan gobiernos –que son los encargados de liderarlo-, la sociedad civil, la academia y personas refugiadas en los distintos países. Entre las actividades realizadas en este marco, se encuentran la elaboración de documentos de discusión que esbocen las problemáticas y oportunidades regionales, y las consultas subregionales. El objetivo final de este proceso es la elaboración de un plan estratégico, que en consonancia con el espíritu de Cartagena, aporte una mirada acorde a los problemas que afectan a América Latina y el Caribe y soluciones prácticas para estos.

¿Cómo surgió?

La Declaración de Cartagena de 1984 sobre Refugiados es un instrumento adoptado por un grupo de países latinoamericanos. Ésta fue redactada en un contexto de conflictos armados en Centroamérica, que generaba vastos flujos de migrantes forzados hacia otros países del istmo, Colombia y México. Las personas que abandonaban sus países, llegaban a otros buscando ayuda humanitaria. Para ese entonces, la única legislación vigente era la Convención de 1951 sobre el Estatuto del Refugiado y su Protocolo de 1967, ambos adoptados en el marco de Naciones Unidas. La definición de refugiado de dicha convención, plantea como causales para la concesión del Estatuto a “fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de tal país; o que, careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos, fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera regresar a él”.

Partiendo de que esa definición no abarcaba fenómenos como las guerras civiles o las consecuencias de conflictos entre Estados, en la Declaración de Cartagena se establecen nuevas causales para la obtención del refugio. Así, pueden solicitar el estatuto de refugiado “las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público”. Además de amoldar qué se entiende por refugiado a su contexto, la Declaración de Cartagena fue uno de los primeros documentos en hacer mención a la cuestión de los desplazados internos, que suelen huir de sus hogares por los mismos motivos que los refugiados, pero sin mediar el cruce de una frontera internacional y, por ende, no suelen obtener ningún tipo de protección humanitaria.

Desde entonces, y cada diez años, se ha realizado un proceso de revisión en conmemoración a dicha Declaración. Los antecedentes de Cartagena +30 derivaron en la adopción de dos instrumentos internacionales, uno en 1994 y otro en 2004: la Declaración de San José sobre refugiados y personas desplazadas y la Declaración y Plan de Acción México para fortalecer la protección internacional de los refugiados en América Latina, respectivamente. El Plan México ha sido el que más trascendencia ha tenido, porque fue una herramienta para colaborar regionalmente con las problemáticas generadas por las migraciones derivadas del conflicto colombiano, en los países limítrofes. De esta manera, se implementaron tres programas, que trabajaban tanto a nivel local, como fronterizo y regional, cuyo principal objetivo era colaborar con la situación que desbordaba a los países vecinos de Colombia y a determinadas regiones de dicho país.

¿Qué se propone Cartagena +30? 

Estando casi en las últimas instancias del proceso, se han recogido recomendaciones en torno a diversas dificultades que enfrenta la región. Entre ellas, se puede mencionar el énfasis en el respeto a los derechos humanos y la necesidad de protección internacional para todos los sujetos migrantes, independientemente de que se encuadren en la categoría de refugiado, desplazado interno o apátrida. En relación a este punto, también se ha hecho hincapié en la no discriminación de ninguna índole y al enfoque diferencial para tratar a los migrantes. Este enfoque implica un trato respetuoso y acorde a la edad, género, orientación sexual, etnia o cualquier otra característica de la persona migrante. Un tema particularmente sensible en el que también se ha discutido es el de los niños, niñas y adolescentes que migran no acompañados por un adulto, respecto al cual se recomienda que prime el interés superior del niño.

Abundan también las recomendaciones y reflexiones respecto a los flujos migratorios mixtos, es decir, que incluyen personas que migran por motivos humanitarios, además de personas que se trasladan por cuestiones de otra índole –económicas, por ejemplo-. En estos flujos, las diferencias entre las motivaciones de los migrantes suelen ser difusas y por eso es menester la recepción de los migrantes respetando sus derechos humanos, al margen de las consideraciones de seguridad que los Estados pudieran plantear. A su vez, se ha trabajado el aspecto de la integración local de los refugiados, en términos culturales y socioeconómicos, por lo que se pugna por políticas que alienten la integración y garanticen el pleno cumplimiento de los derechos del sujeto migrante, a la educación y la salud, así como el acceso a fuentes de trabajo.

Asimismo, se han planteado desafíos respecto a problemáticas relativamente recientes para la región. Una de ellas son los desplazamientos causados por motivos medioambientales, incluyendo en este punto a los desplazados por desastres naturales, por consecuencias del cambio climático y por megaproyectos. Otra problemática que se ha expuesto son las nuevas formas de violencia en la región, que suelen estar asociadas al crimen organizado.

Para concluir, Cartagena +30 se ha constituido como un proceso con reflexiones sumamente interesantes respecto a los desafíos regionales en materia de refugio, migraciones forzadas y migraciones en general. El Plan de Acción de Brasilia puede ser una propuesta innovadora para dar soluciones prácticas para varias de las problemáticas que se han planteado –porque la amplitud y complejidad de las mismas hace imposible atender a su totalidad-. A su vez, puede sentar una posición conjunta de los países de América Latina y el Caribe, que sirva como referencia a nivel internacional para hacer frente a obstáculos, que con sus particularidades regionales, afectan a todo el mundo. Sólo resta esperar por las conclusiones de la cumbre ministerial y al respectivo documento final.