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RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA Y CRISIS ECONÓMICA...

Autor: José Miguel Embid Irujo

Toda reflexión que se haga sobre el fenómeno de la responsabilidad social corporativa, tanto desde las propias empresas, como desde el mundo académico o, en su caso, de los medios de comunicación, implica la necesidad de superar el entendimiento tradicional de la empresa como un agente económico interesado solamente en la obtención de los más altos beneficios por su actividad en el mercado. Que ese interés exista, resulta por supuesto, indudable, pues, al fin y al cabo, las empresas que aspiran a ser “socialmente responsables” no se convierten, por ello, en sujetos piadosos despreocupados de la cuenta de resultados; que sea el único, en cambio, es lo que la asunción de los planteamientos propios de la responsabilidad social corporativa viene a desmentir. Es obvio, por supuesto, que la etiqueta de “empresa responsable” puede suponer beneficios de orden indirecto, y no sólo en lo que se refiere al prestigio de la entidad que asuma esa condición. Se entiende, por tal motivo, que no falten opiniones críticas con la “autenticidad”, cabría decir, de los motivos que impulsan la promoción de programas de responsabilidad social por parte de muchas empresas; numerosas voces no ven en ellos más que una operación de marketing dirigida a mejorar la imagen de una determinada empresa dentro del ámbito territorial en el que desarrolla su actividad. 

“Es imprescindible alentar y promover, en general, la responsabilidad social corporativa en el marco de la aguda crisis económica que padecemos. Es seguro que, de conseguirse tal propósito, sus resultados serán positivos”

Sea lo que fuere en torno a los motivos determinantes de la responsabilidad social corporativa, es lo cierto que, desde hace ya bastantes años, se ha convertido en una referencia imprescindible a la hora de evaluar el concreto relieve de las empresas en la sociedad, en particular, de las más grandes. No nos encontramos, sin embargo, ante una obligación propiamente dicha, pues falta, por lo común, una regulación legislativa expresa en tal sentido y es discutible que exista una costumbre consolidada en la materia. Con independencia, en todo caso, de lo que este asunto pueda suponer, parece necesario preguntarse por los efectos de la crisis económica sobre las prácticas de responsabilidad social corporativa en nuestros días. Esa pregunta es la inevitable consecuencia de las dificultades extraordinarias que acucian desde hace años a numerosas empresas, cuya supervivencia, en muchos casos, se ha visto seriamente comprometida o, incluso, anulada por los acontecimientos bien conocidos de todos.

Si se entiende que la responsabilidad social corporativa supone siempre extraer recursos de la empresa en beneficio de intereses externos a ella (los llamados stakeholders), la tentación inmediata, sobre todo por parte de empresas de no gran tamaño, será la de prescindir de dichas prácticas y concentrarse directamente en la conservación de la empresa. Podrá decirse, a este respecto, que tal finalidad puede ser la que implique mayor responsabilidad social en momentos de graves dificultades, como los presentes. Y es que, en cierto sentido, esta afirmación acoge un sentir generalizado, incluso entre un amplio elenco de stakeholders, más preocupados por “salvar a la empresa” que por comprometer su viabilidad, y los puestos de trabajo a ella inherentes, en la realización de actividades cuya conveniencia no siempre resulta indiscutible.

Sin pretender ahora la refutación del argumento anterior, sí es necesario matizar su punto de partida, identificado con una visión exclusivamente patrimonialista de la responsabilidad social corporativa. Para muchos, las prácticas socialmente responsables implican siempre un desembolso económico por parte de la empresa, mediante, por ejemplo, el otorgamiento de subvenciones o becas, la cobertura de ciertos gastos o la satisfacción monetaria de ciertas necesidades, personales o sociales. Como es natural, la realización de tales conductas sólo es posible extrayendo de los beneficios empresariales cantidades de una cierta significación. No puede negarse que esto es así en muchos casos y que existe, por tal motivo, un criterio mayoritario, sobre los objetivos específicos en que habría de traducirse la realización de programas de responsabilidad social.

Si, como suele decirse, la presente crisis puede ser un estímulo para la innovación y, más concretamente, para la adopción de técnicas o procedimientos nuevos o más eficaces que los tradicionales, resulta obligado trasladar dicha mentalidad al ámbito de la responsabilidad social corporativa. Sin negar, por ello, que la continuidad de la empresa, en condiciones de razonable equilibrio es un objetivo que bien merece insertarse en el tema que ahora nos ocupa, ha de afirmarse con la misma franqueza que es posible concebir una responsabilidad social corporativa en el marco de la crisis, con efectos favorables, tanto dentro como fuera de la empresa. Me limitaré a poner un ejemplo de lo que acabo de decir, para concluir el presente comentario. En el Derecho español, la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, contempla en su art. 75 la integración de las primeras en los Consejos de Administración de las sociedades mercantiles, con el objetivo, típico de la responsabilidad social corporativa, de lograr en su seno la “presencia equilibrada” de unas y de otros.

Sin entrar ahora en el análisis técnico de la norma, es importante resaltar que la consecución del objetivo mencionado, conseguido en muy pocos países y pretendido en muchos, carece de todo relieve patrimonial y su puesta en práctica no debería afectar a la cuenta de resultados de las empresas sometidas a la norma. Escasean las sociedades, al menos por lo que se refiere a la realidad empresarial española, que cuentan en sus Consejos de Administración con mujeres, y su presencia, por otra parte, dista mucho de ser equiparable, en la actualidad, con la de los hombres. En medio del debate, bien evidente en la Unión europea, de si habría de imponerse normativamente la presencia de un porcentaje elevado de mujeres en los órganos administrativos de las empresas –por lo común, de las más grandes-, es imprescindible alentar y promover, en general, la responsabilidad social corporativa en el marco de la aguda crisis económica que padecemos. Es seguro que, de conseguirse tal propósito, sus resultados serán positivos.