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LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LA EMPRESA IBEROAMERICANA

Autor: Enrique V. Iglesias. Secretario General Iberoamericano

Entiendo la Responsabilidad Social Corporativa como un compromiso de la empresa (RSC) con la sociedad y su entorno por encima de las exigencias legales y del mercado para mejorar el bienestar de los grupos asociados al quehacer de la empresas y también es un compromiso para mitigar y en lo posible eliminar los efectos externos negativos derivados de sus propias actividades. Esta amplia definición significa que las empresas socialmente responsables también se comprometen con la búsqueda de soluciones a los problemas de equidad de su entorno, aunque no hayan sido provocados por ellas.

“Las empresas socialmente responsables también se comprometen con la búsqueda de soluciones a los problemas de equidad de su entorno, aunque no hayan sido provocados por ellas” 

En nuestras sociedades se producen situaciones injustas e impactos económicos no deseados a los que la regulación y el mercado dan respuestas en algunos casos. En otras ocasiones, ni la regulación ni los mercados atienden estos problemas. La falta de respuesta, es mucho mayor cuanto más débil sea el estado y mas fallos aparezcan en el funcionamiento de los mercados. Ahí es donde interviene el compromiso de las empresas socialmente responsables que se comprometen voluntariamente en la mejora del bienestar de los grupos con ellos relacionados.

Esta forma de entender la Responsabilidad Social Corporativa ha llevado a muchas de las grandes empresas a involucrase con la productividad de las empresas pequeñas y medianas asociadas a su cadena de valor, y de está forma además de contribuir al crecimiento y la prosperidad de sus países, están favoreciendo una mejora de la distribución de los ingresos. Me detendré en el impacto social de estos programas en América Latina.

A pesar de que las economías de América Latina están atravesando una larga época de crecimiento, la productividad de la región está muy lejos de la de Estados Unidos y todavía no ha iniciado un proceso de convergencia continuada. Sin embrago, el rezago de la productividad de las economías de América Latina está concentrado en las pequeñas y medianas empresas (PYMES). Esta baja productividad está en muchas ocasiones asociada a la informalidad más o menos explicitas y desde luego a salarios bajos y hace que los eslabones empresariales finales de la cadena de valor de las grandes empresas sean un foco de conflicto. Además, las enormes diferencias salariales provocadas por las brechas de productividad provocan una falta de sintonía entre la empresa y sociedad civil. Es decir, los trabajadores de pequeñas empresas, no identifica su bienestar y prosperidad con el desarrollo y crecimiento de las grandes empresas, y ello genera indiferencia en el mejor de los casos y rechazo en la mayoría. 

 

El rechazo de la sociedad hacia las grandes empresas sobre todo si son de capital extranjero tiene sin duda raíces culturales, también tiene raíces en los desmanes cometidos en algunas empresas durante la gestación y desarrollo de esta crisis. Pero creo que la escasa fortaleza de muchas de nuestras PYMES es el plato fuerte que alimenta esa falta de sintonía entre la sociedad y el mundo empresarial en el espacio Iberoamericano. Si esta falta de sintonía no se atiende adecuadamente, el clima de inversión se deteriorara. Por ello, promover la mejora de la productividad de las PYMES es una tarea primordial para nuestras economías.

Las grandes empresas disponen de instrumentos e incentivos para arrastrar a las más pequeñas por el camino de la calidad y la productividad. Las grandes empresas son clientes y los proveedores de las PYMES y mediantes sus normativas de compras y de relación con los proveedores pueden y deben promover la productividad. Similarmente, las políticas comerciales y los análisis de riesgo de los clientes pueden apoyar la formalización y productividad de las PYMES compradoras de productos y servicios de grandes empresas. Así no se pierden clientes, sino que se hacen más sólidos. Además, las empresas contribuyen a mitigar un foco de conflicto social que ni el mercado ni la legislación resuelven en determinados entornos.

La Secretaría General Iberoamericana puso en marcha hace unos años una iniciativa para el desarrollo y ejecución de programas de Responsabilidad Social Corporativa liderados por las grandes empresas para aumentar la productividad y competitividad de las empresas pequeñas y medianas en sus cadenas de valor. La empresa líder empujaba a las PYMES hacia una formalización completa, una capacitación integral y un acceso a las mejores tecnologías. La experiencia, aunque limitada, mostró cuando son efectivos estos programas para aumentar productividad que se acaban trasladando en mayores retribuciones del trabajador de las PYMES y por tanto acercando los salarios de todos los trabajadores de la misma cadena de valor.

Esta es la manera de fortalecer el tejido productivo y la productividad es útil no solo en los países de América Latina, sino que creo que también sirve para acelerar la reconversión del tejido productivo en países más industrializados después de una crisis como la que estamos viviendo. Pero, sobre todo, ayudará a mejorar la percepción de la sociedad civil respecto de las grandes empresas percepción que la crisis sin duda ha deteriorado. Y, lo más importante, los ciudadanos sentirán así que su bienestar esta unido a la prosperidad de las empresas de su país.