Facebook Twitter LinkedIn Google Plus

TRANSPARENCIA, RESPONSABILIDAD CORPORATIVA, LA PROFESIÓN DE ABOGADO...

Autor: Pablo Toral Oropesa, asociado en Cremades & Calvo Sotelo

Mucho se está hablando en estos últimos meses acerca del Proyecto de Ley de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno, que ya fue aprobada por el Congreso y, tras el trámite de su aprobación en el Senado, empezará a surtir efectos como Ley, previsiblemente, a partir de enero.

“El ejercicio del derecho es una profesión, seguramente no diferente de otras, pero en el que la pasión, las ganas de saber y, sobre todo, la vocación de servicio a la sociedad han de ser guías fundamentales” 

Que el sector público se haga más transparente es, desde luego, una buena noticia para todos. El tiempo que ha pasado desde que empezó a rodar la iniciativa en el Congreso y el poco consenso en su aprobación, en cambio, no lo es tanto. Asimismo, las zonas grises de la regulación del derecho de acceso a la información referentes a la cantidad de supuestos excepcionales, que pueden dejar vacío de contenido a dicho derecho, producen que haya cierta sensación agridulce y de escepticismo, por parte de la opinión pública respecto a la futura ley. También es justo valorar que la sociedad civil, por una vez, y esperemos que este precedente se extienda, no ha permanecido ajena al proceso de la elaboración de la Ley e iniciativas de asociaciones, como Foro por la Transparencia o Foro +democracia emitiendo sus opiniones, ciertamente, han sido fructíferas y comprometidas.

Ahora lo importante es que la ley sirva para regenerar al sector público y el texto legal no pasé a engrosar ese catálogo de leyes que no se aplican o se mal aplican. El regeneracionista Joaquín Costa ya alertó de esta circunstancia, cuando afirmaba en tono castizo: “Leyes las tenemos por arrobas, lo importante es que se apliquen”. Parece, por tanto, esencial que cuando no se dé la transparencia necesaria se depuren de responsabilidades y que las instituciones ineficientes y las personas corruptas, que las gestionan, acaben cayendo bajo el peso de esta ley y en los casos más graves, bajo el peso de de los Tribunales. Suscribo lo señalado por el Comité de Dirección de Transparencia Internacional de España que felicita al Gobierno por la iniciativa legal, pero le alerta que el compromiso con la transparencia y el buen gobierno no se ha de agotar con la aprobación de ésta.

Transparencia en el sector privado

Ahora toca el turno de mirar al sector privado, y preguntarse: ¿si somos o no transparentes?, y hasta qué punto se puede llegar a ser transparentes en ciertas profesiones como puedan ser médico, periodista o abogado y si, a veces, la transparencia y la responsabilidad social corporativa pueden entrar en fricción con el Código Deontológico o la lex artis de ciertas profesiones.

En esta línea, merece la pena comentar que en la abogacía ya se está hablando de que los encuentros entre juez y letrado tendrán una regulación expresa, tal como se recoge en la futura modificación de la Ley Orgánica del Poder Judicial. Así lo recoge el texto elaborado por la Comisión de Expertos a la que Justicia ha encargado redactar la propuesta de reforma de esta Ley.

“Lo importante es que la ley sirva para regenerar al sector público y el texto legal no pasé a engrosar ese catálogo de leyes que no se aplican o se mal aplican”

Es indudable que la transparencia en las organizaciones posibilita la apertura, genera confianza y, asimismo, facilita la rendición de cuentas y una mayor responsabilidad de cada miembro del colectivo. En esta línea, es interesante comentar que existen estudios e informes que sostienen que existe un vínculo crítico entre transparencia y desarrollo económico, hasta tal punto que bajos niveles de transparencia afectan negativamente en la prima de riesgo de un país.

En el sector privado, cada vez está más testado que apostar por la transparencia en las decisiones de organizaciones resulta beneficioso tanto en la gestión y percepción trabajadores, clientes y ciudadanía, en general.

En definitiva, ser transparentes en la estructura interna de una organización vincula más a los trabajadores, les hace más comprometidos así como les permite tener un mayor sentimiento de pertenencia. En cambio, la falta de transparencia facilita el caldo de cultivo en el que se genera la corrupción, como ya ha afirmado en incontables ocasiones Transparencia Internacional.

Todas las empresas, ciertamente, han percibido desde hace ya bastante tiempo que la transparencia es, además, un buen negocio. La transparencia genera confianza en la relación con los clientes, y por qué no decidlo, es un Win / Win para ambas partes.

Es indudable, que la transparencia disminuye la posibilidad de que el grado de discrecionalidad con que operan las instituciones y las empresas degenere en un comportamiento arbitrario y poco ejemplar. Asimismo, limita los comportamientos oportunistas y mejora la eficiencia creando un terreno para el juego limpio y la igualdad de oportunidades entre todos los agentes.

Cada vez parece más evidente, la transparencia no sólo ha de ser una exigencia, tanto en la esfera pública como en la privada, pero además de ser exigible, está cada vez más contrastado que la transparencia es rentable.

La Responsabilidad Social Corporativa y sobre la profesión de abogado

Asimismo, la Responsabilidad Social Corporativa es cada vez más necesaria en esta época actual en que los Gobiernos no pueden dar cobertura a todos los fines sociales que debieran de cumplir. Ciertamente, cada vez se va a hacer más necesario este tipo de figuras, junto con los patronazgos, mecenazgos o el mismo partnership público-privado, para que se apoye desde el sector privado ciertos fines públicos.

La implantación de la Responsabilidad Social Corporativa conlleva la transmisión de valores, y de acciones que garanticen el bienestar y la calidad de vida de los trabajadores, con la preservación del medio ambiente, con el alivio de la pobreza, con la comunicación transparente, etc. Dichas medidas se realizan siempre teniendo en cuenta los intereses y las motivaciones de las personas que forman parte o que están relacionadas con la organización. Tal es su importancia que la Responsabilidad Social se ha desarrollado en ciertos ámbitos como la Abogacía, siendo adaptado en función del papel esencial que los abogados tienen en la sociedad, garantizando el acceso a la justicia y en virtud de la conexión de la profesión con este valor constitucional. 

Ciertas actividades que se desarrollan en los Despachos encajan en este concepto, casos como el trabajo “Pro Bono”, la acción social, la orientación jurídica a los colectivos más débiles, el buen gobierno corporativo, la formación, la promoción de la diversidad, la conciliación, la lucha contra la discriminación o las iniciativas solidarias o medioambientales. 

Discúlpenme por hablar del Despacho al que pertenezco porque sé de sobra, como afirmó Miguel Cervantes en boca de Don Quijote, que “las propias alabanzas envilecen, esme forzoso decir yo tal vez las mías”. Si, ciertamente, me es en parte forzoso hablar del Despacho Cremades & Calvo-Sotelo en que ejerzo la abogacía, pero me parece un buen ejemplo de Responsabilidad Corporativa, cómo este Despacho tomó la iniciativa hace bastantes años de impulsar el Programa “Conoce tus leyes”, cuyo objetivo es dotar a los nuevos ciudadanos de conocimientos sobre la sociedad española para facilitar su integración en nuestra sociedad.

He sido testigo como a lo largo de los años este Programa que surgió como iniciativa de las Fundaciones Wolters Kluwer y Cremades & Calvo-Sotelo, junto con la Comunidad de Madrid se ha desarrollado a lo largo de los años y ya cuenta además con la colaboración de Colegios Profesionales, Asociaciones de Magistrados y 38 prestigiosos despachos y empresas de renombre internacional. En dicho programa he visto el compromiso de los abogados, jóvenes y no jóvenes, socios, asociados y becarios, han ido los fines de semana a distintos CEPIs de la CC.AA. de Madrid para impartir gratuitamente clases, en la que los inmigrantes aprenden el derecho y las instituciones básicas de España y la Comunidad de Madrid, esenciales para su integración. La experiencia mía y de mis compañeros, con los que he ido a lo largo de estos años, coincide en que cada sábado después de haber impartido esas jornadas esas personas que han venido a nuestro país con el sueño de encontrar algo mejor que lo que le ofrecen sus países de nacimiento, ha sido muy valiosa. Nos hemos sentido reconfortados al observar el agradecimiento de esas personas, al tiempo que nos hemos sentido afortunados por cuantas vivencias nos facilita esta profesión.

Pero, ciertamente, creo que la piedra angular de la Responsabilidad Social Corporativa en el ejercicio de la abogacía es el compromiso esencial e indisponible del abogado de asesorar con rigor y sinceridad a los clientes acerca de las posibilidades de éxito de los asuntos que está llevando a cabo para el mismo. Aún recuerdo cuando en esos primeros tiempos de mi ejercicio profesional, cayó en mis manos el libro ¡Sí abogado!, escrito por el que fuera uno de los padres de la Constitución y en la actualidad abogado, Miquel Roca Junyent.

En dicho libro, recuerdo vagamente el pasaje en que unos asiáticos se presentaron en el Despacho de Miquel Roca con la intención de comprar el templo de la Sagrada Familia de Barcelona. Un abogado anterior les hacía hecho un estudio en el que partiendo de la teoría civilista del derecho de propiedad, concluyó que la Sagrada Familia podía venderse. Es evidente que dicha teoría no era cierta y que bastaba con leer los periódicos para saber que la Sagrada Familia no estaba en venta. Dicho extracto del libro he de confesar que me sedujo, porque recogía parte de las características del Derecho actual, civilmente no había problema, pero desde el punto de vista de la legislación del patrimonio cultural del país, eso ya era harina de otro costal.

Ciertamente, el Derecho cada vez es más complejo y la especialización, como ya alertó Ramón y Cajal en su obra Los tónicos de la voluntad, es necesaria porque, tal como afirma nuestro Premio Nobel, la capacidad de saber en parte es limitada y que la especialización se antoja imprescindible; pero al tiempo, nunca hay que perder el olfato ni el sentido común y, si es posible, irlos acentuando con el paso de los años. Asimismo, cuando surgen asuntos complejos en los que se mezclan distintas ramas del Derecho es fundamental compartir el asunto con distintos colegas, sin perjuicio de que, a veces, el cliente debiera de pedir una segunda opinión, que le será muy útil. En el fondo, volvemos al tema del principio ser transparentes en la relación abogado-cliente se antoja fundamental.

Sinceramente, creo que el ejercicio del derecho es una profesión, seguramente no diferente de otras, pero en el que la pasión, las ganas de saber y, sobre todo, la vocación de servicio a la sociedad han de ser guías fundamentales, que han de orientar siempre al abogado en su profesión. La pasión por esta profesión, realmente, es fundamental porque los días grises, ciertamente, se dan con bastante más frecuencia que los soleados y como afirmó, en una entrevista, Jaime de San Román, actualmente Socio del Despacho Uría & Menéndez: “El ejercicio de la abogacía no es un trabajo fácil, o te apasiona o lo tienes que dejar.”

La Ética, en definitiva un buen negocio

Estoy convencido de que la ética y la transparencia, además de reunir las cualidades ya expuestas son rentables y son un buen negocio a largo plazo. Es indudable que con una comunicación y, sobre todo, un actuar ético se pude recuperar o sostener la confianza necesaria para la actividad empresarial. La ética, la transparencia, el ser sensible a lo que acontece a la Ciudadanía y comprometerse en luchar por una Sociedad más justa son, a largo plazo, la mejor herramienta para alcanzar cierta prosperidad, a la par que el mejor de los negocios.

El Psicólogo E. W. Stevens, cuando afirmó: “Nos os precipitéis que así llegaréis más pronto”, ciertamente, llevaba todo la razón y es que en el camino de la ética, la responsabilidad corporativa y, a la postre, la reputación profesional no hay atajos que valgan. Está claro, que a la Sociedad no se le cambia a través de una simple ley o de un decreto, queda, por tanto, un fatigoso y largo camino que recorrer y muchos y grandes esfuerzos por realizar, pero esta próxima Ley de Trasparencia junto con la concienciación social en relación con la responsabilidad corporativa y la necesidad de más transparencia también en el sector privado, que está surgiendo, en la actualidad, en las empresas son, desde luego, una buena noticia.