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UN DIÁLOGO ENTRE UN MEDIADOR Y UN ABOGADO...

Autora: Ilaria Infante

En el curso de estos últimos años en la Unión Europea se ha discutido mucho sobre la relación existente entre mediación y abogados, en particular sobre la oportunidad de su participación en este proceso, destacándose desde el punto de vista de los profesionales de la mediación dos posturas antitéticas.

“La experiencia me enseña que lo habitual es que las partes acudan a la mediación acompañados por un profesional de confianza”

Por un lado, los “puristas”: piensan que en el desarrollo de la mediación debería prescindirse de la presencia de los abogados porque creen que su intervención puede desnaturalizar el proceso.

Por otro, los “garantistas”: opinan que su contribución es imperativa hasta el punto de que, por ejemplo en Italia, académicos y expertos han propuesto al legislador que introduzca su asistencia como obligatoria.

Ambas corrientes apelan a intenciones nobles: unos, maximizar el protagonismo de las partes; los otros, salvaguardar la eficacia del acuerdo y una correcta aplicación del derecho. Quizá ambas puedan confluir en un punto intermedio dejando que las partes decidan libremente sobre la participación del abogado y el grado de intensidad de su intervención.

Sin embargo, la experiencia me enseña que lo habitual es que las partes acudan a la mediación acompañados por un profesional de confianza. Por ello, el mediador debe adaptarse a esta realidad y tratar de beneficiarse de la participación de los abogados preparándoles sobre su nuevo rol en el proceso de mediación1. Por otro lado, también debe prepararse a sí mismos, analizando sus propios sesgos, despojándose de las ideas preconcebidas y de las estigmatizaciones sobre los abogados, considerados como “hombre de guerra” dispuestos a embarcarse en una batalla (el juicio) en cada conflicto. Y es que, en muchas ocasiones, el abogado no es el obstáculo sino el propio mediador que se siente confuso, perdido, inseguro ante el abogado, porque no sabe cómo trabajar con él adecuadamente.

El mediador experimentado y bien formado sabe colaborar activamente con el abogado quien, a su vez, debe aprender a utilizar al mediador en beneficio de su cliente, todo ello de forma fluida, sin restar eficiencia ni protagonismo a ninguna de las partes.

Pero ¿cuál es la reacción del abogado ante la mediación? Podríamos hablar de tres principales categorías:

a) Los “entusiastas”: creen en el proceso, lo apoyan, difunden sus principios y algunos se forman como mediadores.

b) Los “indiferentes”: sin involucrarse perciben que se necesita una transformación en la Justicia, pero no se deciden por la mediación aunque tampoco la critican.

c) Los “desconfiados”: exteriorizan una actitud escéptica, muchas veces contraria, casi siempre porque se sienten amenazados por la novedad y no están preparados para el cambio.

Y es que es muy difícil adoptar una “mentalidad de cambio” y muy fácil, por el contrario, seguir con el “piloto automático” haciendo lo que siempre hemos hecho, aunque no funcione o presente serias deficiencias. E igualmente difícil es convencer y persuadir solo de palabra a no ser que la propia reflexión y experiencia nos permita llegar por nosotros mismos a determinadas conclusiones y, especialmente, a la necesidad de cambio, pues solo cuando hay una necesidad se produce un verdadero aprendizaje.

En este sentido puede resultar útil utilizar el método socrático. El objetivo de Sócrates era lograr que la gente se diera cuenta por sí misma de que su conocimiento del mundo era superficial, cuando no falso. Para conseguirlo no trató de afirmarlo de forma convencional, categórica y directa pues pensaba que, así, solo conseguiría más resistencia en el oyente. Utilizando una serie de preguntas desplazaba lentamente sus ideas y sin decir directamente algo negativo, por medio del diálogo, suscitaba dudas sobre lo que los interlocutores declaraban saber, de forma que, asumiendo la limitación del conocimiento propio, estuvieran más abiertos al aprendizaje.

Este método se basa esencialmente en cuatros conceptos:

a) Refutación: rebatir un dogma “falso”.

b) Ironía: impulsar por medio de estrategias al oyente para que tome consideración de sus credos.

c) Ignorancia: el conductor del dialogo debe abrirse al aprendizaje para evitar trasformar su propio pensamiento en un dogma. Ninguno posee todos los conocimientos, ni todas las respuestas.

d) Mayéutica: el arte de dar a la luz nuevas ideas mediante una explicación guiada.

Imaginémonos un dialogo entre un mediador y un abogado. Al abogado le han encomendado la defensa de un litigio y el mediador le quiere animar a intentar resolver el conflicto mediante una mediación antes de recurrir a la vía judicial. El abogado, como muchas veces ocurre en la realidad, se muestre reticente a la idea, convencido que la mediación es una actividad diaria de la abogacía, una capacidad que por su formación y la experiencia ya tiene. Está convencido de que no necesita un mediador para negociar2.

Mediador: ¿Crees que podría ayudarte a alcanzar un acuerdo?

Abogado: No creo. Soy abogado, llevo toda mi carrera negociando, mediando con mis compañeros, mis clientes y los contrarios...

Mediador: Entonces eres un experto negociador.

Abogado: Pues sí, lo hago constantemente. He cerrado varios acuerdos en el curso de mi carrera.

Mediador: ¿Y crees que mediar y negociar son el mismo arte?

Abogado: Pues sí.

Mediador: Si se suponen enteramente semejantes sería imposible que tuvieran algo diferente y entonces habría que reconocer que son iguales.

Abogado: Cierto.

Mediador: Si una cosa es igual en sí misma y respecto a cualquiera otra, ¿no podríamos decir que en tanto son semejantes son la misma y que en tanto son diferentes son otra?

Abogado: Verdad.

Mediador: Antes dijiste que mediar y negociar son lo mismo. ¿Y si fueran dos artes diferentes que tienen el mismo fin? Imagínate un acuerdo en el que se reconoce totalmente la pretensión de una parte, sin más. ¿Esto sería negociar?

Abogado: ¡No! No hay reciprocidad.

Mediador: Sin embargo en mediación, una parte puede reconocer la entera petición de la otra.

Abogado: Es cierto.

Mediador: Como convenimos en que mediar y negociar son dos procesos distintos, quizás podría ayudarte a analizar la situación y las diferentes opciones posibles.

 

1. La Mediación en asuntos civiles y mercantiles: guía para abogados. Rosario García Álvarez. La Ley, nº 2698/2012 , (29.3.2012).
2. ¿Para qué necesito un mediador si puedo negociar por mí mismo? Rosario García Álvarez. La Ley, nº 2582/2013 , (21.5.2013).