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UNA VISIÓN INTEGRADA DE LA RSE...

Autora: Amparo Merino. Profesora titular de Derecho del Trabajo de la Universidad de Castilla-La Mancha (España)

El escenario en el que se desenvuelve la empresa se ha transformado en los últimos tiempos. A partir de este cambio se plantea en la actualidad el concepto de Responsabilidad Social Empresarial (RSE). La globalización ha supuesto transformaciones de entidad en las empresas, que han aumentando su poder, pero también sus responsabilidades sociales, al haberse intensificado en los últimos años las demandas y expectativas sociales. La calidad, el respeto y la mejora del medio ambiente, la participación en el desarrollo económico y social de los países en los que actúa la empresa, forman parte de su ‘responsabilidad’, de lo que la opinión pública espera de ella. Desde estas coordenadas, la RSE expresa la necesidad de la empresa de responder de sus acciones ante la sociedad. Lo decisivo, no obstante, es su capacidad para administrar participadamente sus recursos, aplicando un modelo de gestión donde el diálogo, el consenso, la comunicación y la transparencia sean sus puntos de apoyo, y comprometiéndose públicamente a permitir una intervención equilibrada de todos los stakeholders o grupos de interés.

“La RSE se define entonces como el conjunto de obligaciones y compromisos, legales y éticos, nacionales e internacionales, que adquiere la empresa con sus interlocutores o stakeholders”

Según la Comisión Europea, el avance de la RSE ha determinado que exista en Europa un amplio consenso acerca de su definición. Matiza, no obstante, que la naturaleza de la RSE y sus características presentan gran variación en función de los contextos nacionales y culturales. No existe, pues, una noción unívoca de la RSE. Esta indeterminación es consecuencia, en buena medida, de la complejidad de los grupos de interés que congrega la empresa, algunos de ellos muy preocupados por las posibles consecuencias desreguladoras de la aplicación de la RSE.

Aun cuando el concepto ha evolucionado con el tiempo y las demandas sociales, puede deducirse que la RSE hace referencia a un modelo de gestión y de interrelaciones mutuas entre la empresa y sus interlocutores internos y externos, que incorpora resultados sociales, ambientales y económicos en sus estrategias, políticas y operaciones comerciales. La RSE va más allá del mero resultado contable de la organización; toma también en consideración el impacto medioambiental, la contribución de la empresa a la calidad del entorno laboral, y su participación en la comunidad a través de iniciativas que mejoren su calidad de vida. Su objetivo es contribuir, en última instancia, a un desarrollo social y ambiental sostenible, y económicamente viable.

La RSE se define entonces como el conjunto de obligaciones y compromisos, legales y éticos, nacionales e internacionales, que adquiere la empresa con sus interlocutores o stakeholders, con impacto en los ámbitos social, laboral, medioambiental y en los derechos humanos. Este tipo de actuaciones se proyecta en dos direcciones: hacia dentro y hacia afuera.

La dimensión interna de la RSE afecta especialmente al medio ambiente y a los trabajadores y sus representantes, e incluye la gestión de los recursos humanos y naturales, la salud y seguridad en el trabajo, la adaptación al cambio y la gestión del impacto ambiental. La dimensión externa determina las relaciones de la empresa con la comunidad, proveedores y consumidores, conectando de modo directo con el respeto de los derechos humanos y los problemas ecológicos mundiales. La RSE vincula directamente a la organización con el desarrollo sostenible y la gestión de los impactos económicos, ambientales y sociales. La idea es que la empresa pueda garantizar la rentabilidad no solo para sus accionistas, sino también para el conjunto de actores a quienes afecta su actividad.


Muchas organizaciones han aprovechado la degradación que en numerosos países sufren los derechos individuales y colectivos de los trabajadores, para instalarse en ellos. Las dificultades para responsabilizar a los infractores se acentúan por la inacción de los operadores jurídicos nacionales, y la ausencia de un tribunal laboral internacional que sancione las vulneraciones de los derechos humanos. A través de la RSE, la empresa globalizada adquiere el compromiso de garantizar un suelo mínimo de derechos a todos los trabajadores que se integran en la cadena de valor. 

Es común la unilateralidad de los instrumentos que incorporan este cuadro de derechos sociales. Con ellos, la organización crea un espacio de regulación, propio y autónomo, que pretende reducir la demanda de reglamentación externa y debilitar el rol legítimo del sindicato en los lugares de trabajo, excluido por lo común de las políticas de RSE. No extraña, por ello, que el sindicato mantenga una posición de vigilancia constante y considere que la RSE es una iniciativa no libre de riesgos para los representantes legítimos de los trabajadores.

Las actividades de los proveedores deberían tener un alto impacto en la RSE, y responsabilizar a la empresa de posibles abusos de los derechos humanos o de prácticas laborales precarias e injustas en cualquiera de los eslabones de la cadena de valor. La empresa ha de adoptar las medidas necesarias que eviten este tipo de situaciones, influyendo de manera decisiva en sus proveedores, a través de sus decisiones de compras y de supervisiones periódicas. Es necesario que exista, además, un equilibrio entre ambas partes y la protección mutua de sus intereses; no es suficiente con que la empresa exija a sus proveedores el cumplimiento de las condiciones de calidad y tiempos de entrega; debe darse, asimismo, una contraprestación de la empresa que suponga que los pagos a los proveedores son justos y a tiempo.

En esta tesitura, la RSE no queda limitada al dominio de la empresa, sino que comprende la cadena de suministro en su integridad. Una cadena de valor sostenible incluye todo el ciclo de vida del producto –desde el proveedor hasta el cliente-, y supone que la empresa es responsable no solo de sus actos, sino también de los que realizan sus proveedores, distribuidores, contratistas, etc., asegurando la mejora de las personas y del medio ambiente. El objetivo de la RSE debe ser lograr el bienestar social, la calidad ecológica y la prosperidad económica, sin comprometer las oportunidades de las generaciones futuras.

Las empresas son cada vez más dependientes de su cadena de valor, delegando en los proveedores, cuando es factible, la responsabilidad de la producción. El proveedor de hoy es con frecuencia un socio de la empresa, en muchas ocasiones de mayor tamaño que los propios compradores. Con frecuencia, la empresa alega, cuando se ha cuestionado su comportamiento socialmente responsable, que ha perdido el control sobre el proceso y sobre los riesgos, debido a que las cadenas de valor cada vez son más complejas y están más dispersas geográficamente. Una empresa puede llegar a superar los mil proveedores de diferentes niveles y contratados por subcontratistas. La RSE, en su concepción actual, pretende involucrar a todos los actores que participan en el proceso. Un distribuidor que trabaja con una empresa que vulnera derechos de los trabajadores se verá perjudicado si hay un boicot contra los productos de dicha empresa. También los proveedores podrán resultar afectados por la actuación negligente de otro proveedor o distribuidor, o de la propia empresa.