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VIOLENCIA DE GÉNERO. ASPECTOS NO COMENTADOS, A DÍA DE HOY, SOBRE LA MISMA...

Autor: Nuria Rey Remino

Mucho se ha dicho sobre la violencia de género, pero lo cierto es que no resulta sencillo hablar de la misma y,  mucho menos aún, comentar esos aspectos claroscuros que la dominan.  Podemos decir que tenemos, tanto profesionales como legos en la materia, un conocimiento bastante amplio de lo que es esta Ley y de lo que representa, pero solamente una visión práctica de lo que habitualmente sucede en los juzgados, que existe y que se convierte en una realidad comentada en los corrillos de los profesionales, nos ayudará a entender la desacertada práctica que se realiza con ella.

“Gracias al paso del tiempo se han ido corrigiendo actuaciones que distaban mucho de ser justas. El ejemplo más gráfico es el hecho de que en los inicios de esta Ley, cualquier denuncia hecha por una mujer contra su marido/pareja, conllevaba que éste visitara por uno o dos días los calabozos”

Esta Ley, debería servir para proteger a todas aquellas mujeres que sufren violencia (física y/o psíquica)  por parte de quien tendría que darles amor y respeto, pero la sensación que me invade tras estos 9 años de aplicación, es de desazón.

Desgraciadamente se ha forzado y se ha violentado tanto que ha perdido la esencia de lo que se buscaba con su implantación. La  violencia sobre la mujer existe, es una lacra de la que no se escapa país alguno y que debe ser erradicada por todos los medios, pero nuestra  legislación está bastante lejos de conseguirlo.

Por qué digo que se ha forzado y violentado tanto, pues porque resulta algo paradójico que una inmensa mayoría de las denuncias formuladas se produzcan en el seno de una ruptura matrimonial. Es obvio que las rupturas mayoritariamente son traumáticas (y más si median culpas de uno u otro entre medio) pero, de ahí, a denunciar, como se hace, sólo para intentar sacar provecho de ciertas facilidades que esta Ley otorga a las mujeres, hay un trecho.

Gracias al paso del tiempo se han ido corrigiendo actuaciones que distaban mucho de ser justas. El ejemplo más gráfico es el hecho de que en los inicios de esta Ley, cualquier denuncia hecha por una mujer contra su marido/pareja, conllevaba que éste visitara por uno o dos días los calabozos. Les puedo asegurar que no es agradable pasar ni 5 minutos en ellos, por lo que pueden imaginarse lo que supone pasar de  24 a 48 horas. Y, después, una vez que en sede judicial se constate que los hechos denunciados no son ciertos, y se alcance el archivo del procedimiento o incluso, una sentencia absolutoria, el mal trago de haber estado privado de libertad durante ese tiempo, nunca se borrará de la mente del denunciado.

Muchos de mis clientes aún, habiendo transcurrido mucho tiempo desde su paso por allí, recuerdan esas horas como las peores de su vida.

No toda discusión con nuestros maridos es violencia de género, lo que considerábamos al inicio del romance como esos defectillos encantadores no pueden ser con el paso del tiempo, malos tratos psíquicos. Si se inicia una discusión por cualquier motivo no puedo acabarla con insultos y no esperar que la inmediata reacción del cónyuge insultado no sea la de lanzarme también algún que otro improperio; pero eso, nunca debería ser considerado violencia de género, por la grave desigualdad que se produce si ella denuncia a si él denuncia.

Unos mismos hechos nunca serán juzgados de manera igual según que género tengamos delante del oficial de policía. Comprenderán con esto la sensación descorazonadora que me produce el hecho de acudir al juzgado y encontrarme un atestado del que se acaba extrayendo que en el seno de una ruptura matrimonial se ha producido una discusión matrimonial en el que uno y otro se han insultado, incluso, a veces agredido, y que el resultado de ello sea que al hombre se le impute un delito y a la mujer una falta.

Dicho esto, no podemos llevarnos a engaños, la violencia sobre la mujer existe. Cada mes todos los informativos se hacen eco de la muerte de alguna mujer a manos de su compañero sentimental, lo que lleva a preguntarse ¿por qué están fallando los mecanismos sociales,  legales y judiciales?

Esta Ley que debería proteger, está desprotegiendo. Las herramientas de pro- tección integral recogidas en ella y refleja- das en todos los ámbitos social, sanitario, laboral,  y procesal no se están utilizando por la falta de medios económicos, lo que al final provoca el desamparo de la víctima, y muchas veces su agresión y muerte.

¿Cómo poner freno a ello? Al haberme centrado en mi experiencia profesional, acabaré diciendo lo que les digo siempre a mis clientes víctimas de la violencia: en primer lugar, denunciando siempre la agresión física y psíquica desde el primer minuto en que se produce. Jamás justificar dicha agresión, ni dar ninguna excusa sobre ella. En segundo lugar, con un buen asesoramiento legal por parte de los profesionales que nos dedicamos a ello, quienes debemos obrar con criterio, aconsejando la denuncia ante cualquier indicio pero no utilizarla falsamente para obtener una buena negociacion. Y, por último, debería ser fundamental para todos los estamentos de la sociedad educar en valores de igualdad tanto a niños como a niñas, educarlos en el respeto hacia los demás y en la importancia de los derechos y deberes de todos y, siempre, por igual.