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¿MEDIACIÓN OBLIGATORIA?...

Autora: Ana Criado Inchauspé, presidenta de la Asociación madrileña de Mediadores

Recientemente se celebró en Madrid el World Mediation Summit1. Uno de sus ponentes Paul Randolf2 habló sobre la resistencia, que todavía existe en la mayoría de los países, a usar la mediación como instrumento de resolución de conflictos.

La mediación es “un producto” francamente bueno, nos contaba. Como todos sabemos: es confidencial, rápida, económica, suele finalizar con acuerdos que se cumplen en un porcentaje muy alto, ayuda a restablecer o mantener una cierta relación entre las partes. El número de mediadores es enorme, con lo que probablemente sea “el producto” con más captadores y divulgadores en el mundo. Ergo, si tenemos un buen producto y unos buenos vendedores ¿cómo es posible que los ciudadanos sigan escogiendo el proceso judicial antes que la mediación cuando tienen un conflicto? 

Esta resistencia a la mediación no es una entelequia, ha quedado claramente reflejada en un estudio publicado por el parlamento europeo3 , en marzo de este año. Dicho informe, realizado cinco años después de la publicación Directiva Europea sobre mediación en asuntos civiles y mercantiles, trata de evaluar el impacto de la mediación en los países del entorno de la Unión Europea. 

El estudio auspiciado por el Departamento de Derechos de los Ciudadanos y Asuntos Constitucionales, recoge la opinión de un total de un total de 816 expertos de toda Europa y explica que un dato “significativo y decepcionante”, es que el número de mediaciones, en promedio, suponen menos del 1 por ciento de todos los casos de conflicto en la Unión Europea. Una cifra  “especialmente decepcionante” si se tiene en cuenta que “la mediación puede ahorrar una cantidad significativa de tiempo y costes para los litigantes en comparación con los litigios judiciales”.

Los datos ofrecidos por el estudio son reveladores, mientras los juicios pueden alcanzar hasta costes de casi 25.000 euros, como ocurre en Suecia, el coste máximo de la mediación no pasaría de los 10.000, que son los gastos en que conllevaría en Austria. En el otro extremo, la mediación podría suponer únicamente un desembolso de 400 euros en Bulgaria, mientras el mínimo de los juicios no bajaría de los 2.300 que cuesta de media un litigio en ese mismo país. Por tanto, existe un ahorro medio de costes de alrededor del 60 por ciento a favor de la mediación dado que el coste medio de un litigio es de 9.179 euros frente a 3.371 de la mediación. En cuanto a los días que tardaría un litigio en resolverse frente a la mediación las cifras son también abrumadoras: el promedio es de 566 días en juicio frente a 43 en mediación.

¿Qué está pasando?

Volviendo a nuestro conferenciante Paul Randolf, él opina que el origen de esta resistencia a la mediación proviene de la psicología de las personas. La gente no está concienciada todavía con la mediación, y además estima que no es relevante para ella, porque no ve la aplicación de la misma a su caso particular. Es decir, las partes opinan que para su caso concreto, lo que mejor se adapta a su conflicto es un juez. ¿Y por qué? Porque en ellas subsiste la necesidad de que alguien les dé la razón para alimentar su autoestima. “El contrario”, debe padecer exactamente lo mismo que yo he padecido con este problema hasta la fecha. Por lo tanto, la necesidad de venganza es un argumento de peso considerable a la hora de escoger entre cualquier sistema alternativo de resolución de conflictos y el juicio.

Personalmente opino que  la necesidad de que una institución como la judicatura te dé la razón, puede ser un motor importante a la hora de decirse por ella. Sin embargo, todos sabemos que muchas sentencias no se cumplen, un número importante de ellas se recurren por la parte que ha perdido, y al final del camino, muchas personas que han escogido el procedimiento judicial acaban en un entramado en el que no entienden nada, con un coste económico y emocional importante, al que tenernos que añadir la sensación de una insatisfacción muy alta: “no me han dado la razón como a mí me hubiera gustado que me la dieran”.

Solución: ¿mediación obligatoria?

Pues parece ser que sí. Tanto las conclusiones del informe del Parlamento, como las del mencionado Paul Randolf, abogan por instaurar la mediación obligatoria.

En el caso del Parlamento Europeo, pone como ejemplo el modelo italiano, donde se ha optado por una mediación obligatoria mitigada (la partes pueden retirarse del proceso cuando estimen pertinente) y donde, asegura el estudio, existe una alta incidencia de la mediación que “ha generado resultados positivos”. Italia, es el único país de la UE con más de 200.000 mediaciones por año, y “sólo vio este aumento cuando la mediación se convirtió en una condición previa al juicio, en determinados tipos de litigios”. 

Entonces… ¿qué hacemos con la voluntariedad?

En mi opinión, una de las grandezas de la mediación es precisamente su voluntariedad. Sin embargo, entiendo que se pueden ir introduciendo ciertos matices para que las partes tengan siempre la oportunidad de valorar lo que mejor les conviene. La obligatoriedad de la sesión informativa podría ser un buen inicio. La condena en costas a los litigantes que se hayan negado a acudir a una sesión informativa podría ser el siguiente paso. Estoy convencida de que entre todos podríamos elaborar una larga lista de acciones para “inducir” esa aproximación a la mediación.

No obstante, estoy plenamente convencida de que por mucho que se intente “obligar” a las partes a acudir a una mediación, todavía nos queda a todos, la asignatura pendiente de saber contar. Tenemos que convencer al mundo, de que mediar es más efectivo que litigar. Tenemos que aprender a vender la mediación, a que la gente la interiorice como una opción suya para resolver, de una manera más satisfactoria, sus conflictos. Tenemos que observar y encontrar la manera de hacerlo.

1.    http://www.worldmediationsummit.org
2.    Abogado y mediador en Reino Unido.
3.    http://www.europarl.europa.eu/RegData/etudes/etudes/join/2014/493042/IPOL-JURI_ET(2014)493042_EN.pdf